Si uno va al inicio de esta historia, lo primero es decir que Juan Bozzo Oneto -nacido en Camogli- partió de Génova y llegó en barco a Valparaíso en 1905. Se integró a trabajar en el negocio de abarrotes de un tío en Viña del Mar. Vio ahí una oportunidad. Convenció a su hermano Bartolomé y a su padre Francesco de que se vinieran también a Chile: compraron esa tienda y armaron su propio emporio, al que le pusieron su apellido. Con el tiempo, su chocolate de fabricación propia se transformó en el producto estrella y haría famoso a este emprendimiento familiar, que con más de un siglo encima sigue en pie.
A las generaciones Bozzo que han mantenido el negocio, les cuesta disimular el orgullo cuando repasan esta historia. Se ve en Brunella Bozzo, nieta de Juan, quien esta mañana participa en la grabación del tercer capítulo del podcast Asunto de familia. También se nota en Roberto Bozzo, sobrino de Brunella y bisnieto de Juan, quien está con ella en el estudio. La primera es gerenta de operaciones y producto de la chocolatería. El segundo, el jefe de ventas corporativas. Ambos están hace 20 años en la empresa fundada por el nonno.
- ¿Cuáles son los recuerdos de Juan Bozzo que aún se cuentan en la familia?
- (BB) No tuve la fortuna de conocerlo porque él y su hermano, y mis nonnas también, fallecieron un poco precoces. Pero mi papá nos contaba sus historias. El nonno se vino muy joven a Chile. Después él y su hermano conocieron a dos hermanas viñamarinas, descendientes de italianos, y se casaron con ellas. Entonces sus hijos crecieron todos como hermanos, tenían los mismos apellidos: Bozzo Schiattino. El mayor de todos fue mi papá, Francisco.


- (RB) Yo tuve la fortuna de trabajar con mi nonno Francisco, hijo de Juan. Estaba en él el espíritu emprendedor de su padre, quien emprendió una aventura desde Italia, desde Liguria para ser exacto. Él era marino mercante, el capitán de una fragata italiana. Su emporio se hizo muy conocido en Viña. Ahí en conjunto con su hermano fabricaban y comercializaban este chocolate… Y un punto importante: mi bisnonno llegó en una fragata y de ahí viene el barquito que está en nuestro logo, como símbolo de esta tradición de ser marino mercante. Un barquito que ha sabido navegar y mantenerse todo este tiempo.
- (BB) Ese barquito fue lo primero que se plasmó en el envoltorio del chocolate. Tanto así, que por mucho tiempo los clientes no preguntaban por el chocolate de leche o el de almendra, sino por el chocolate del barquito.
No basta el apellido
A fines de los años ‘20, dieron el salto a Santiago. Abrieron una tienda en calle Estado, luego en el Paseo Ahumada. En la década del ‘70 lo hicieron en Avenida Providencia y en Alonso de Córdova. A comienzos de los ‘90, abrieron en el Parque Arauco. “Ese fue el primer gran salto. Abrir en ese centro comercial era la novedad de ese minuto; como la gente lo recorría, para nosotros fue hacernos más conocidos en el comercio”, dice Roberto. “Ése fue un desafío importante de la segunda generación de los Bozzo, que estaba todavía a cargo”, complementa Brunella.
Esa segunda generación había entrado unas décadas antes, de manera precipitada debido a la enfermedad y las muertes seguidas de los dos hermanos fundadores. La lideró Francisco Bozzo, que entró a la empresa a los 18 y llegó a ser gerente general. Lo acompañaron algunos de sus hermanos y primos. La generación siguiente, la tercera, entró en 1997. Es la que hoy predomina en el directorio de la empresa, ya que en labores operativas sólo está Brunella Bozzo. Su sobrino Roberto fue el primero de la cuarta generación en ingresar, en 2005.
“Entré por circunstancias de la vida, no hubo ningún tipo de presión familiar -dice Roberto-. Tuve que dejar mis estudios de Ingeniería Comercial y entré a Bozzo Chocolates. Desde chiquititos nos enseñaron que uno tenía que ganarse las cosas. Así que siendo consecuente con eso, ingresé de junior y fui pasando por distintas áreas: inventario, facturación, entrega de pedidos… Uno como familia no tiene un lugar allí por tener el apellido Bozzo, uno tiene que ganárselo”.

Salto a Santiago: tienda Bozzo en el Paseo Ahumada.
“Eso de que los puestos hay que ganárselos es como una instrucción familiar. Nos criaron diciéndonos que las cosas no se regalan, se ganan. Tienes que demostrar tus habilidades. No basta tener el apellido”, señala Brunella, diseñadora, quien también hizo una ruta desde abajo en la empresa. “Y en mi caso, tampoco hubo presión familiar para entrar. Para mí fue la oportunidad de contribuir a la empresa y además darle a mi papá la posibilidad de descansar sabiendo que yo podía estar en el día a día”.
- ¿Cómo mantener separados familia y negocio en una empresa familiar?
- (BB) Hay que saber separar. Todos los 25 de diciembre, por ejemplo, nos juntamos los hermanos y las familias para pasar la Navidad. Los chocolates, claro, no pueden faltar, pero siempre tratamos de que la conversación no se vaya entera al tema. Entonces, cuando alguien quiere hablar algo más específico de eso, le decimos: “OK, agendemos una reunión y lo conversamos”. Es necesario establecer límites. La reunión no debe dejar de ser una celebración familiar.
- ¿Qué es lo más difícil de trabajar con la familia?
- (RB) Primero me gustaría decir que es un honor trabajar en la familia. Que la marca sea nuestro apellido le da a uno un grado de responsabilidad. Con respecto a alguna dificultad, diría que como no necesariamente el resto de la familia está involucrado permanentemente en el negocio y no saben las cosas internas que suceden en el funcionamiento de la compañía, pueden decir cosas sin toda la información. Pero nosotros siempre hemos mantenido una muy buena comunicación entre todos.
"Eso de que los puestos hay que ganárselos es como una instrucción familiar. Nos criaron diciéndonos que las cosas no se regalan, se ganan. Tienes que demostrar tus habilidades. No basta tener el apellido”, señala Brunella Bozzo.
El equilibrio
Bozzo Chocolates tiene hoy 14 tiendas; de ellas, una sola en regiones: en Viña. La intención es abrir más locales, “pero estamos buscando los mejores lugares”, dice Brunella. Calculan que su portafolio actual de productos ronda los 60. El cacao lo importan desde otros países de Sudamérica, África y Europa.
“Mantenerse más de un siglo vigente no es fácil. Nuestro clásico chocolate de leche, el de la receta de los nonnos, fue protagonista por muchos años. Pero con la aparición de varias marcas potentes que entraron a competir, no podíamos quedarnos solamente en la receta de un chocolate. Como lo hicieron los nonnos en su minuto, fuimos incorporando nuevas cosas con el objetivo de encantar a las nuevas generaciones. Para mantenerse hay que tener capacidad de reinventarse e innovar”, explica Brunella, quien supervisa directamente la fabricación de los productos.
- Lo difícil, posiblemente, sea dar con esa línea de equilibrio entre no perder el alma original y sumar los nuevos tiempos…
- (BB) Hay que combinar. Lo clásico nunca va a pasar de moda, ni se va a dejar de lado. Entonces se mantiene, y se agregan nuevas opciones.
- ¿Lo clásico sigue siendo lo más pedido en Bozzo?
- (BB) Por mucho tiempo el chocolate de leche era el más vendido y de repente empezamos a ver que el surtido chocolate de leche, almendrado, blanco y bitter empezó a hacerse fuerte entre nuestros productos. Luego pusimos otros surtidos y vimos que tuvieron mucha aceptación, como ampliar la gama de productos bitter. Después apostamos por sabores no convencionales: como el rubí, que es un chocolate rosado; el biondo, un chocolate blanco amanjarado. Y como a los italianos nos gusta mucho el café, también tenemos un chocolate con café; se llama cappuccino.
Mientras habla, despliega sobre la mesa los productos que va nombrando. Hay barritas con chocolate clásico de leche. También bombones; algunos con rellenos osados como almendras y dátiles, maracuyá, crema de frambuesas silvestres o ganache de limón. O toda la línea sin azúcar, que ahora se hace con alulosa en vez de sucralosa o maltitol, “que es una mejor opción para el ser humano, menos irritante”, dice Brunella, quien ve esos detalles junto a un ingeniero en alimentos.

Bozzo abrió su tienda en Providencia en los 70.
Muestra también los alfajores, recién relanzados en versión XL de 85 gramos -50 de los cuales es manjar-. “Y están también las malvas, otro producto icónico de Bozzo. No es el marshmallow; esta es una suave espumita bañada en chocolate. Un producto súper artesanal. Uno de mis primeros desafíos fue ese: recuperar la malva original”, explica Brunella. Y agrega: “Ahora los clientes son más exigentes, revisan las tablas nutricionales, los ingredientes”.
La venta de todos los productos Bozzo se hace por tres canales: un 70% de ella se realiza en tiendas, un 15% es venta corporativa -orientada a empresas- y otro 15% es por e-commerce.
Reestructuración
- Una de las claves para la permanencia de una empresa familiar es la profesionalización. Armar gobiernos corporativos, reclutar talentos externos, etc. Entiendo que el directorio de Bozzo es 100% familiar…
- (BB) Sí, el directorio sí. Pero hace dos años tenemos una gerente general (Carolina Sánchez), que es externa a la familia. Eso es parte de la sucesión y de la profesionalización de la empresa.
- ¿Eso no había ocurrido antes?
- (BB) Cuando entró la tercera generación, mi hermano Roberto no podía estar permanentemente en el día a día, entonces empezamos a tener un gerente no familiar. Eso duró así un buen tiempo. Luego ingresó como gerente general mi hermano mayor, Franco.
- (RB) Y después de él se incorporó Carolina. Porque el directorio tomó una decisión de que a partir de este momento siempre el gerente general será externo a la familia. Es parte de una reestructuración interna de la compañía.
"El directorio tomó una decisión de que a partir de este momento siempre el gerente general será externo a la familia. Es parte de una reestructuración interna de la compañía", explica Roberto Bozzo.
- ¿Y qué viene para Bozzo en el futuro? ¿se ha pensado un plan de traspaso a las nuevas generaciones?
- (BB) Por el momento la idea es que mis sobrinos de la cuarta generación puedan entrar aportando en el directorio. Pero en cargos estables en áreas como comercial o ventas (relacionadas con la gestión de la empresa), sólo nos vamos a mantener Roberto y yo. Si hay que incorporar más gente a estos equipos, se definió que también fueran externos. Y mientras nosotros dos estemos como parte del equipo permanente, está establecido que no participamos en el directorio.
- Y si ustedes pasan al directorio, sus cargos actuales se llenarían con externos, ¿así funciona?
- (RB) Claro. Hoy de la cuarta generación, que es la mía, está ingresando un primo al directorio. Y también está mi hermano Andrés como director suplente.
- ¿Planes pensados para integrar la quinta generación?
- (BB) Creo que es pensar demasiado adelante… Hay una representante de la quinta generación que tiene 22, pero el resto va entre los 10 y un año. Podrían en el futuro participar en algunos comités que se están creando para asesorías en el directorio.
- (RB) Sí. Por el momento, lo más probable es que (como lo han hecho todas las generaciones anteriores) van a estar en alguna Navidad, en vacaciones, armando cajitas en las tiendas y lo van a disfrutar.
- Considerando la experiencia de cada uno, ¿cuál es el consejo más útil que darían a una empresa familiar?
- (BB) No olvidar las raíces y por qué surgió la empresa. Recordar en todo momento que es una familia y que todos están aportando para llegar a un mismo objetivo. Respetarse, hacer las cosas con cariño y con corazón. Y también no perder de vista que es una empresa, un negocio; entonces mantener un equilibrio para que la empresa prospere sin desmedro de la familia.
- (RB) Coincido en el respeto como un factor principal. Y por otro lado, que hay roles definidos, que cada uno tiene sus funciones, entonces no hay que mezclar.