Un precio del cobre más alto asumió como supuesto de mediano plazo el Informe de Política Monetaria (IPoM) de septiembre, el que pasó de US$ 5,0 a US$ 5,6 por libra.
Desde la última actualización, dijo la entidad en un apartado especial sobre el tema, la cotización del metal rojo aumentado de manera sistemática, hasta ubicarse cerca de los US$ 6,5 por libra en la Bolsa de Metales de Londres (LME).
Al profundizar en las causas del incremento, un primer punto que hizo la entidad apunta a que el mercado global del commodity se ubicaría en torno al equilibrio durante 2026-2028. Esto sería apoyado por la recuperación de disrupciones operacionales, la entrada en régimen de proyectos ya construidos y diversas expansiones productivas, todo esto en un contexto de una demanda estructural que se mantendría dinámica.
Sin embargo, agregó que el equilibrio “sería transitorio”. A medida que esos proyectos agoten su capacidad de expansión, la producción enfrentaría restricciones crecientes asociadas al envejecimiento de los yacimientos, la caída de leyes minerales y la escasez de nuevos proyectos greenfield. Ello, en un contexto de una demanda creciente, implicaría un déficit de oferta estructural a partir de 2029.
Unido a lo anterior, el análisis del banco indicó que existen factores cíclicos que están generando una presión al alza en el precio. Uno relevante, mencionaron, es la acumulación “extraordinaria” de inventarios en Estados Unidos, que estaría relacionada con la incertidumbre respecto de los aranceles que ese país impondría al cobre refinado, lo que está incentivando un adelanto relevante de las importaciones, que reduce la disponibilidad de metal en otros mercados y contribuye al alza del precio internacional.
Aludieron a un estudio que estimó que entre febrero de 2025 y julio de 2026 se almacenaron más de 1,2 millones de toneladas por sobre los requerimientos habituales de la economía estadounidense (650 mil desde diciembre).
Bajo la lógica de lo que arrojan los análisis de los precios de activos financieros, los resultados muestran que algo más de la mitad del aumento se explica por “factores persistentes”, en comparación con la proyección de diciembre de 2025. Entre ellos, destacan la mayor demanda por las inversiones relacionadas a la inteligencia artificial (IA) y un componente geopolítico.
Entre los factores transitorios, destaca el fortalecimiento del apetito global por riesgo (risk-on), que ha favorecido la entrada de flujos financieros hacia materias primas y otros activos reales, así como un shock específico del cobre que ha favorecido particularmente al metal.
De todas formas, el análisis del banco señaló que la dinámica de precios para el horizonte de proyección del IPoM está mediada por diversos factores. En lo principal, se asume que la incertidumbre arancelaria se reduce de forma relevante hacia el final de este año, lo que, dado el sobre stock acumulado en Estados Unidos, se generaría una menor demanda de ese país durante 2027.
De todos modos, existen riesgos relevantes en torno a la proyección. A la baja, destaca una posible desaceleración de la inversión relacionada a la IA; mientras que al alza, podría darse el caso de que una parte relevante de la sobre acumulación de inventarios de Estados Unidos no esté asociada a la incertidumbre por los aranceles, sino al interés de tener mayores stocks de un material crítico tanto para el desarrollo de la IA como de la industria de defensa.