La mayor sanitaria del país, Aguas Andinas, cerró el primer semestre de 2026 con una utilidad neta de $ 77.526 millones, cifra superior en $ 1.758 millones a la del mismo período de 2025, equivalente a un alza de 2,3%. El avance quedó muy por debajo del desempeño operacional, según informó la compañía a la Comisión para el Mercado Financiero (CMF).
En ese sentido, el Ebitda consolidado alcanzó $ 200.885 millones, con un crecimiento de 7,5% en el semestre, mientras los ingresos ordinarios sumaron $ 386.383 millones, un 6,6% más que un año atrás. El resultado de explotación subió 7,9%, hasta $ 155.957 millones.
El motor de los ingresos fue regulatorio. La compañía atribuyó $ 19.391 millones de mayores ventas al efecto conjunto de consumo y tarifa, explicado por las indexaciones por polinomio de 2025 y 2026 y por las alzas del VIII Proceso Tarifario aplicadas a Aguas Andinas, Aguas Cordillera y Aguas Manquehue. Los ingresos por agua potable crecieron 8,9% en la primera mitad del año, hasta $ 165.972 millones, y los de aguas servidas 3,6%, a $ 168.830 millones.
La brecha entre Ebitda y utilidad se explica por dos factores. El resultado financiero registró un mayor gasto de $ 6.085 millones, empujado por una corrección monetaria adicional de $ 7.812 millones ante la mayor variación de la UF, que fue de 2,8% en 2026 frente a 2,2% en 2025. En ese contexto, el grueso de la deuda de la sanitaria está denominado en esa unidad.
A ello se sumó un gasto por impuesto a la renta mayor en $ 4.055 millones, un alza de 22,6% en la mitad del año. La depreciación, en tanto, creció $2.590 millones por los nuevos activos incorporados.
El efecto fue más severo en el trimestre aislado: la utilidad del 2T26 llegó a $15.369 millones, con una caída de 38,1% interanual, pese a un Ebitda trimestral que subió 7,4%.
La compañía ejecutó inversiones por $ 91.614 millones en el semestre, asociadas al plan Biociudad, con foco en renovación de redes de agua potable y aguas servidas, que concentraron más de $ 42.000 millones.
“Durante el último mes hemos visto los efectos de la vulnerabilidad climática, por lo que se hace cada vez más necesario potenciar la resiliencia y adaptación que Santiago necesita para esta nueva realidad. A través de Biociudad estamos impulsando soluciones concretas para fortalecer la seguridad hídrica, la resiliencia operacional y la sostenibilidad de Santiago. Para ello, es fundamental continuar avanzando mediante una estrecha colaboración público-privada que permita materializar las inversiones que la ciudad necesita para enfrentar escenarios climáticos cada vez más exigentes", señaló Miquel Sans, CFO de Aguas Andinas.