Solo cuatro de las 50 mayores empresas tecnológicas del mundo son europeas, datos que dan cuenta de cómo el Viejo Continente pierde peso en la economía global. En ese marco, la brecha de productividad frente a Estados Unidos crece, mientras pierde terreno frente a China en sectores clave y el bajo crecimiento tensiona su capacidad para financiar bienestar, transición energética y defensa.
Ese es el diagnóstico que está detrás del Rhine Group, una nueva iniciativa independiente impulsada por el expresidente del Banco Central Europeo (BCE) y ex primer ministro italiano Mario Draghi, junto al cofundador y CEO de Stripe, Patrick Collison. El grupo reúne a figuras del mundo empresarial, académico y de las políticas públicas con el propósito de contribuir a recuperar el crecimiento y la competitividad de Europa.
La iniciativa tiene como antecedente directo Competitividad de la UE: mirando hacia el futuro, el informe que Draghi presentó a la Comisión Europea en septiembre de 2024 y que terminó siendo conocido popularmente como el informe Draghi. El documento planteó la necesidad de acelerar la innovación y movilizar inversiones adicionales por entre 750.000 millones y 800.000 millones de euros al año, un esfuerzo que requeriría elevar la inversión en alrededor de cinco puntos porcentuales del PIB de la UE, para recuperar competitividad y dinamizar la economía europea.
Desde entonces, Bruselas ha recogido buena parte de ese diagnóstico en iniciativas como la Competitiveness Compass, el Clean Industrial Deal y la Savings and Investments Union, además de medidas para simplificar la regulación y estimular la inversión. La propia Comisión Europea sostuvo en septiembre de 2025 que el 90% de las iniciativas emblemáticas de la Competitiveness Compass estaban inspiradas en las recomendaciones más urgentes del informe Draghi y que más de la mitad de las iniciativas ya habían sido puestas en marcha.
Aun así, Draghi ha cuestionado la velocidad de ejecución y ha reclamado resultados “en meses, no años”, al considerar que el ritmo de avance sigue siendo insuficiente frente a la magnitud del desafío.
Es precisamente esa brecha entre diagnóstico y ejecución la que Draghi busca reducir con el Rhine Group. A su esfuerzo se han sumado figuras como los premios Nobel de Economía Philippe Aghion y Bengt Holmström, además del presidente de BBVA, Carlos Torres Vila; el CEO de Mastercard, Michael Miebach; el expresidente de Estonia Toomas Hendrik Ilves; y la directora de The Economist, Zanny Minton Beddoes; junto a exministros, académicos y ejecutivos de algunas de las principales compañías europeas e internacionales.
El problema
“Durante décadas, un mundo favorable amortiguó este declive”, sostiene el manifiesto del Rhine Group. El continente se benefició de un comercio internacional regido por normas multilaterales, mientras el paraguas de seguridad estadounidense liberaba recursos destinados a defensa y las dependencias externas parecían mutuas y, por tanto, inofensivas. “Ya no lo son”, advierte el grupo.
Las señales se han multiplicado. Estados Unidos ha elevado sus aranceles a sus niveles más altos desde la ley Smoot-Hawley de 1930, mientras China se ha convertido en un competidor más agresivo tanto en terceros mercados como dentro del propio continente. “Europa se encuentra en una situación más difícil que cuando se publicó el informe sobre el futuro de la competitividad europea”, sostiene el grupo.
El problema va más allá de cuánto puede crecer la economía. Si el estancamiento se prolonga, advierte el manifiesto, Europa irá perdiendo capacidad para financiar obligaciones que están en el centro de su modelo social y político, desde la salud pública, las pensiones y la educación hasta la defensa, las inversiones climáticas y las redes de protección para quienes pierden sus empleos.
Para el Rhine Group, detrás de esas vulnerabilidades hay un desafío de fondo. El modelo de crecimiento europeo está perdiendo fuerza justo cuando el continente debe responder a un escenario internacional más adverso. Sin embargo, el grupo rechaza un desenlace inexorable. “El declive no es inevitable”, afirma, y apunta a una fortaleza desde la cual revertir esa trayectoria: Europa sigue siendo el segundo mayor mercado del mundo.
El enfoque del Rhine Group
Frente a ese escenario, el Rhine Group pretende ser algo más que un think tank dedicado a elaborar diagnósticos. “Convertir la evidencia en acción”, es el lema que resume un enfoque que busca reunir en una misma mesa a líderes empresariales, economistas y figuras con experiencia en políticas públicas para identificar respuestas concretas a los problemas que frenan el crecimiento europeo.
El método también busca diferenciarse del debate público tradicional. Los encuentros estarán precedidos por documentos de investigación que los participantes deberán revisar de antemano y las discusiones se desarrollarán bajo la Chatham House Rule, que permite utilizar la información compartida, pero no revelar quién realizó una determinada intervención.
El objetivo último es ayudar a traducir ese trabajo en reformas capaces de elevar la productividad, estimular la innovación y recuperar el dinamismo económico. “No es demasiado tarde para cambiar la trayectoria de Europa si damos hoy los pasos correctos”, sostiene el grupo, que plantea como alternativa al declive volver a hacer lo que el continente ya hizo en el pasado, es decir, “competir, construir y crecer nuevamente”.
El Rhine Group no parte de la premisa de que Europa carezca de recursos para hacerlo. Su planteamiento es que el continente cuenta con el talento, el capital y las instituciones necesarias y conserva una ventaja de escala significativa al ser el segundo mayor mercado del mundo. El desafío, según sus impulsores, es transformar esas fortalezas en capacidad de acción. Como sintetiza su manifiesto, el grupo aspira a ser “uno de los lugares donde ese trabajo comience”.