La construcción no tiene un problema de talento, tiene un problema de voluntad
Por María Paz Achurra, fundadora y directora ejecutiva de RedMaestra #SoyPromociona
Cada marzo repetimos el mismo ritual: cifras, diagnósticos, buenas intenciones para las mujeres. Pero si algo queda claro este 2026 es que ya no basta con medir la brecha, hay que incomodarse con ella. En Chile, según el Instituto Nacional de Estadísticas, solo el 53,1% de las mujeres participa en el mercado laboral. Y aunque en algunos sectores hay avances, en otros -como la construcción- seguimos atrapados en una inercia difícil de justificar.
Desde RedMaestra participamos en el proyecto internacional Women Can Build Latam, junto a España, Argentina e Italia. El diagnóstico es claro: en ninguno de los países analizados la participación femenina en el sector supera el 12%... en pleno siglo XXI.
¿De verdad creemos que esto se explica por falta de interés o talento? La realidad muestra otra cosa: mujeres que se forman, se certifican, entran a la obra y deben seguir demostrando que sí pueden. Persisten prejuicios sobre fuerza física, dudas sobre capacidades técnicas y espacios laborales que ni siquiera consideran baños o camarines adecuados. A eso se suma una maternidad tratada como “problema individual”, en lugar de un desafío colectivo.
Pero el mayor problema no es la entrada, es la permanencia. Sin mujeres en cargos de decisión ni referentes visibles, la construcción sigue pareciendo un territorio ajeno. Y lo que no se ve, no se elige.
La buena noticia es que cuando las condiciones cambian, las trayectorias también. Donde hay formación pertinente y redes de apoyo, las mujeres no solo entran: se quedan, crecen y lideran. No es falta de talento, es falta de oportunidades.
Este año el llamado es a actuar. La construcción no puede seguir funcionando con la mitad de su potencial. Incorporar más mujeres no es simbólico: es estratégico.
Y hay algo más. En un mundo donde la automatización avanza rápido, los oficios técnicos serán de los menos reemplazables por la inteligencia artificial. Aquí hay una oportunidad concreta. La pregunta es urgente: ¿vamos a permitir que también excluya a las mujeres?
Ya no se trata de si pueden construir. La evidencia es clara. La decisión es otra: si estamos dispuestos a dejar de poner excusas y abrir espacios reales. Porque el talento está. Lo que falta es voluntad.
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