Más allá de marzo: el desafío estratégico del liderazgo femenino
Por el comité ejecutivo Red Mujeres Promociona, Ximena Riquelme, Carla Mariman, Rosa Soto, Angela Martínez y Valery Zampillo
Durante los últimos veinte años, Chile ha avanzado en la incorporación de mujeres a espacios de liderazgo empresarial. Lo que antes era excepcional -la presencia femenina en directorios y gerencias- hoy comienza a ser parte de la realidad organizacional.
Sin embargo, los datos recientes invitan a una pausa. El Estudio de Inclusión y Equidad Laboral 2026, elaborado por Descifra para Fundación ChileMujeres, muestra que el avance hacia la alta dirección se ha desacelerado, manteniéndose en torno al 18% a 20%. Aún no alcanzamos una masa crítica que haga irreversible el cambio.
La pregunta ya no es solo cómo avanzar, sino cómo consolidar lo construido y evitar retrocesos.
La evidencia internacional es clara: los equipos directivos diversos toman mejores decisiones, gestionan mejor la incertidumbre y fortalecen la innovación. En un entorno económico exigente, esto no es solo una conversación de equidad, sino de competitividad y sostenibilidad en el tiempo. No es casual que sectores estratégicos como la minería estén impulsando con fuerza la incorporación de mujeres en sus organizaciones.
Pero el acceso a la alta dirección no depende únicamente del mérito. Estudios de Harvard Business Review muestran que las trayectorias ejecutivas están fuertemente influidas por el acceso a redes profesionales y patrocinio. Ese capital relacional -muchas veces invisible- es determinante para llegar y permanecer en espacios de decisión.
El Mes de la Mujer permite visibilizar estos desafíos. Pero el verdadero cambio ocurre cuando dejan de ser conversaciones de marzo y pasan a integrarse en la estrategia permanente de las organizaciones.
La invitación es concreta: hacer de las redes, el patrocinio y el desarrollo del liderazgo femenino una decisión de gestión, con metas, seguimiento y compromiso desde la alta dirección.
Hoy existe en Chile un ecosistema activo de liderazgo femenino, con redes, comunidades y espacios de colaboración disponibles para acompañar este proceso. Aprovecharlo no es solo una oportunidad: es una decisión estratégica.
Porque en un entorno cada vez más competitivo, las organizaciones que amplían sus redes y diversifican su liderazgo, amplían también su capacidad de crear valor y proyectarse en el largo plazo.
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