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Apertura e innovación: lecciones aprendidas

JULIO PERTUZÉ Subsecretario de Economía

Por: JULIO PERTUZÉ | Publicado: Jueves 2 de diciembre de 2021 a las 04:00 hrs.
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JULIO PERTUZÉ

El explosivo aumento del comercio internacional en las últimas tres décadas ha sido un poderoso motor de crecimiento en el mundo. Sin embargo, la crisis sanitaria dio cabida a un resurgimiento de voces críticas de la globalización y defensoras del proteccionismo. Tiempo antes de la pandemia, las cadenas de suministro global debieron absorber el impacto de las disputas comerciales entre China y Estados Unidos, y desde marzo de 2020 han debido lidiar con paralizaciones de producción, abruptas caídas de demanda y recurrentes interrupciones logísticas.

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Esta sucesión de alteraciones ha generado un impacto particular en economías emergentes. A raíz de esto, se ha argumentado que la relocalización de operaciones productivas en terreno nacional y la reducción de la dependencia en el intercambio comercial permitirían hacer frente a una supuesta pérdida de soberanía y autosuficiencia.

Bajo este pretexto, hemos escuchado revisar los acuerdos y tratados de libre comercio (TLC), apelando a la necesidad de negociar cambios de condiciones para fortalecer el desarrollo productivo del país. No obstante, este camino arriesga profundizar las brechas entre economías avanzadas y emergentes, como la nuestra. Sembrar dudas en esta materia no es inocuo y puede afectar a todos quienes participan en estas redes de intercambio global. De acuerdo con datos de la SUBREI, más de 7.600 compañías chilenas exportaron bienes y servicios en 2020, concentrando un 12% de la fuerza laboral del país y donde más del 40% corresponde a PYME.

Dado este alcance, bien vale hacer un análisis exhaustivo de los impactos que puede generar una revisión de estos acuerdos. Si bien la literatura disponible aborda de forma amplia el rol de las exportaciones, no se ha profundizado mayormente en el rol de las importaciones. Por eso, estudiamos el impacto de las importaciones en la innovación de compañías nacionales cruzando la base de datos de la Encuesta Longitudinal de Empresas (ELE4) con la décima Encuesta de Innovación en Empresas. Nuestros hallazgos, recientemente publicados en una revista indexada internacional, concluyen que la actividad importadora tiene un rol crítico tanto en la innovación tecnológica como la no tecnológica.

Importadores pueden aprovechar una mayor gama de insumos y productos, los cuales muchas veces no están disponibles a nivel doméstico. Las importaciones pueden ser una fuente de conocimiento por medio de nuevas tecnologías embebidas en los materiales, componentes y equipos que traemos al país. Asimismo, las empresas importadoras también corren con ventaja para la introducción de innovaciones no-tecnológicas, como nuevas prácticas organizacionales y de marketing.

La apertura económica experimentada en las últimas décadas ha permitido el ingreso de tecnologías y conocimiento que ha sido fundamental para ampliar el catálogo de bienes y servicios al cual acceder a la población, así como también para la innovación del proceso productivo de aquellos bienes que luego son exportados . Por eso, generar incertidumbre respecto a los beneficios que trae consigo el intercambio internacional producirá, indefectiblemente, un retroceso en la integración de nuestro país en la economía post pandemia, disminuyendo las posibilidades de seguir acortando las brechas con las principales economías del planeta.

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