Axel Kaiser

Gobernar con principios

En 2009 el partido liberal alemán batió todos los registros históricos de votación...

Por: Axel Kaiser | Publicado: Viernes 20 de abril de 2012 a las 05:00 hrs.
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En 2009 el partido liberal alemán batió todos los registros históricos de votación. Le fue tan bien, que terminó en el gobierno con el partido liderado por Angela Merkel. Tres años después, el mismo partido está en uno de los puntos más bajos de su historia, al extremo de arriesgar perder el 5% que le asegura su presencia en el parlamento.

¿Qué pasó? Una vez en el gobierno, los liberales optaron por acomodarse y endosar un pragamatismo suicida que los llevó a traicionar todos su principios. En nada quedaron las promesas de impuestos más bajos, de menores cargas sociales y más libertad de emprender. La consecuencia fue el castigo implacable del electorado.

De ello, la derecha chilena debe extraer una lección: a los electores sí les importan los principios, la inconsecuencia se castiga. Hoy la derecha en Chile atraviesa por una crisis existencial total: no sabe de dónde viene, qué es ni para donde ir. Nadie ha escrito un diagnóstico más agudo, sucinto e iluminador sobre esta problemática que Pablo Ortúzar y Francisco Urbina. Su libro ”Gobernar con principios: ideas para una nueva derecha“, publicado por Libertad y Desarrollo, no solo explica de dónde viene la derecha y en qué se ha convertido, sino, más interesante aún, abre perspectivas de lo que esta podría llegar a ser. Ortúzar y Urbina explican que la derecha se encuentra entre lo que llaman el complejo del “Arca de Noé“ y el “síndrome Estocolmo“. Ambas son manifestaciones del derrotismo y pesismismo del sector, el que cae en una evidente profecía autocumplida: pierde porque piensa, a priori, que no puede ganar con sus ideas.

Esto la lleva al entreguismo frente al adversario y a desarrollar, como los secuestrados, una especie de complicidad y de relación afectiva con sus captores. La derecha encuentra así, al decir de los autores, „una extraña satisfacción en que el rival político lo reconozca, lo distinga del resto y le halague un poco“. El síndrome del Arca de Noé por su parte, lleva a la derecha a concluir que todo está perdido, que esta no es capaz de cambiar la historia con la fuerza de su propia filosofía.

Lo más interesante del libro, sin embargo, es que conduce al lector a formularse una pregunta mucho más sustancial: ¿qué lleva a la derecha, o a cualquier grupo político, a desear el poder? Sólo puede haber dos posibles respuestas a esta pregunta: la voluntad de gobernar con principios e ideas ofreciendo un proyecto de país inspirado en ellos, o bien, el objetivo de servir los egos y ambiciones personales de los miembros de los partidos. En este útimo caso, la política se confunde con la indecencia y el electorado se aleja de ella, como ocurrió a los liberales en Alemania y ocurre sin duda en parte también a nuestro actual gobierno. Afortunadamente, de la mano de jóvenes intelectuales, la discusión de fondo está comenzando a cobrar vigor en el sector, algo que no ocurría desde hace dos décadas.

Es una buena señal. Tal vez estemos presenciando el inicio de un nuevo ciclo en la historia de la derecha chilena.

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