El cinturón de cobre que China no controla (aún)
CARLOS CRUZ INFANTE Country Manager Cefeidas Group Chile & Perú
Este último trimestre ha estado muy viva la discusión en torno al proyecto chileno-argentino Distrito Minero Vicuña, de Lundin Mining y BHP. Y vaya que hay razones para ello. Este megaproyecto, que también atañe a los proyectos Los Helados y Lunahuasi, es el mayor descubrimiento de cobre de los últimos 30 años a nivel mundial. Además de la enorme inversión de 18 mil millones de dólares que implicará la operación de Vicuña, esta generaría casi 25 mil empleos directos e indirectos, así como una significativa recaudación tributaria en ambos lados de los Andes. ¿La guinda de la torta? Contando los proyectos del Distrito Vicuña, BNAmericas estima que se desarrollarán al menos siete proyectos binacionales cupríferos hacia 2030.
Vicuña también conlleva implicaciones geopolíticas muy relevantes. En primer lugar, pondrá a prueba la relación entre Chile y Argentina. El Tratado de Integración Minera de 1997 debutó con Pascua Lama, pero su clausura por mala gestión ambiental dejó la promesa trunca. Vicuña es la segunda oportunidad.
Vicuña será un aporte logístico y de infraestructura monumental para el país.
Y es que las sinergias son evidentes: Argentina alberga la mayor parte de los depósitos, pero el capital humano y la expertise chilenos serán críticos para que la explotación sea competitiva a nivel global. Esto exige el libre tránsito fronterizo de trabajadores, bienes y servicios, así como lidiar con las tensiones derivadas de contratar trabajadores foráneos, como ya han mostrado grupos mineros de San Juan, la provincia argentina implicada en las obras.
En segundo lugar, Vicuña será un aporte logístico y de infraestructura monumental para el país. El mineral saldrá por Chile, pues la distancia desde el yacimiento hasta el lejano puerto de Rosario, en Argentina, es unas seis veces mayor que la desde el proyecto hasta nuestra costa. A construir caminos y ductos, se ha dicho. A eso se suma una planta desalinizadora alimentada por nuestras costas, que enviará agua a Vicuña a través de 365 kilómetros de acueducto.
En suma, de hacerse bien, la frontera andina pasará de ser mera división territorial a convertirse en un polo de desarrollo minero mundial y en una fuente de resiliencia nacional. Chile ganará con la significativa industria metalmecánica argentina, además de asegurar el suministro trasandino de gas e hidrocarburos en general. Asimismo, dado el suministro constante de concentrado de cobre derivado de estos proyectos, expertos de Fundar y CESCO sostienen que la industria de refinación y fundición, hoy concentrada globalmente en China, debería desarrollarse notablemente en Chile, propulsada por el gas argentino.
Un hub refinador chileno-argentino no sería solo un logro industrial: sería el primer eslabón de una cadena de valor del cobre que hoy China controla casi por completo. Eso tiene un nombre en política exterior: autonomía estratégica.
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