Click acá para ir directamente al contenido
Columnistas

Crecer o caer: la lección de la bicicleta

KAREN THAL Presidenta de Cadem

Por: Equipo DF

Publicado: Lunes 13 de abril de 2026 a las 04:00 hrs.

El primer mes de gobierno ha sido intenso. Un gobierno activo, con agenda, con sentido de urgencia. Da la impresión de que han pasado varios meses en pocas semanas. Hemos visto algunos errores no forzados, un contexto internacional más complejo de lo esperado que golpea nuestra economía, y un debate público tenso.

Y en medio de ese ruido, las expectativas -que venían al alza- se han revertido. Los datos lo confirman. Según Cadem, tras 44 semanas de optimismo, el pesimismo (49%) vuelve a superar al optimismo (48%).

“No podemos perder el rumbo. Más allá del ruido político, de los errores o de la contingencia, hay una tarea que es ineludible: retomar una senda de crecimiento sostenible”.

Por eso vale la pena hacer una pausa y preguntarse, entre tanto frenesí: ¿qué es realmente lo importante en este momento?

Hace algunas semanas, Arturo Fontaine y Sergio Urzúa propusieron una tesis útil para ordenar la discusión: el estallido no se explica principalmente por desigualdades estructurales, sino por la combinación de expectativas al alza y un deterioro sostenido del crecimiento.

Tras años creciendo cerca del 4%, la economía chilena comenzó a desacelerarse hasta prácticamente estancarse. Ese quiebre coincidió con un contexto externo adverso —como la caída del precio del cobre— y con una agenda interna que debilitó la inversión.

Ese quiebre no fue solo una cifra. Fue una experiencia que vivieron muchas personas que habían experimentado un país que sí crecía. Recuerdo un focus group pocas semanas después del 18 de octubre. Un hombre de clase media lo explicó mejor que cualquier gráfico: “Era como subir un cerro en bicicleta. Te pagaban, comprabas, te endeudabas y seguías. Pero de repente la bicicleta se empieza a frenar… y ya no alcanza”.

Cuando el país crece, hay empleo, hay ingresos y —aunque muchas veces con deuda— las familias avanzan. Cuando se deja de crecer, las expectativas se frustran. Y ahí es donde empiezan los problemas.

Ya sabemos cómo termina eso. Por lo mismo, no podemos perder el rumbo. Más allá del ruido político, de los errores o de la contingencia, hay una tarea que es ineludible: retomar una senda de crecimiento sostenible.

No es fácil. En un año en que el Banco Central proyecta un crecimiento en torno al 2%, lejos de lo que necesitamos, aspirar a volver a cifras cercanas al 4% exige cambios de fondo. No basta con medidas de corto plazo. Se requieren reformas estructurales que vuelvan a empujar la inversión, la productividad y el empleo formal.

En lo inmediato, eso pasa por destrabar la inversión: una regulación más simple, procesos más predecibles y una estructura tributaria que incentive el crecimiento. En el largo plazo, también hay desafíos más estructurales: un sistema político menos fragmentado y un Estado que crezca en efectividad, no solo en tamaño.

Hay bastante consenso en esto. Lo que falta es avanzar.

Esta semana se esperaba conocer una agenda de reactivación. Se postergó. Y más allá de las razones, eso vuelve a poner sobre la mesa lo central: esto no puede seguir esperando.

Si algo aprendimos en los últimos años es que el crecimiento es una condición para generar buenos empleos, para sostener expectativas y, finalmente, para cuidar nuestra democracia.

Todo lo demás sigue siendo ruido.

Te recomendamos