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Columnistas

DF Tax | La competitividad tributaria sí importa

Por Mauricio López, socio de Lathrop Mujica Herrera y Diez Abogados

Por: Mauricio López, socio de Lathrop Mujica Herrera y Diez Abogados.

Publicado: Jueves 28 de mayo de 2026 a las 04:00 hrs.

La Cámara de Diputados aprobó el proyecto de reconstrucción y, entre sus normas, la rebaja del impuesto corporativo que propone el proyecto de ley miscelánea presentado por el gobierno. Ahora, corresponde al Senado pronunciarse sobre el proyecto y todo indica que el análisis será más profundo.

La rebaja al impuesto corporativo no ha estado exenta de críticas, abriendo una discusión que es absolutamente válida. Sin embargo, muchas veces se analiza desde una lógica puramente distributiva y de corto plazo, ignorando un elemento esencial: la competitividad tributaria sí importa.

La evidencia comparada muestra que las decisiones de inversión no dependen exclusivamente de la carga tributaria, pero sí son sensibles a ella, especialmente cuando se trata de inversión internacional y reinversión de utilidades. En economías integradas financieramente, el capital es móvil. Y cuando los países compiten por atraer inversión, innovación y empleo formal, la estructura tributaria pasa a ser un factor relevante de decisión.

Ad portas de una discusión en el Senado, cabe tener presente que el tema no es simplemente “cobrar menos impuestos”, sino preguntarse qué sistema tributario permite generar más inversión, más actividad económica y, en definitiva, una base imponible más robusta en el tiempo -pregunta que algunos sectores prefieren no realizar-. Lo anterior, sobre todo considerando que existe un absoluto consenso en que nuestro país perdió competitividad relativa en la última década, mientras otros países ajustaron sus sistemas tributarios para atraer capital y dinamizar sus economías.

Por supuesto, la preocupación fiscal es válida. Nadie discute que Chile debe mantener responsabilidad en las cuentas públicas. El propio Consejo Fiscal Autónomo ha advertido riesgos asociados a una disminución permanente de ingresos fiscales si el crecimiento esperado no se materializa. Precisamente por eso, el debate debería centrarse en cómo compatibilizar crecimiento y sostenibilidad fiscal -cuestión que en sí no es fácil- y no en caricaturizar cualquier rebaja tributaria como un “beneficio a los ricos”; caricatura respecto de la cual ya se tiene experiencia y se conocen sus consecuencias, las cuales precisamente han perjudicado a no tan solo a las familias más necesitadas, sino que al país en su conjunto.

Además, existe un punto que suele omitirse: en sistemas parcialmente integrados como el chileno, una tasa corporativa excesivamente alta genera fuertes incentivos para no distribuir utilidades, estructurar operaciones fuera del país o, simplemente, invertir en otras jurisdicciones. Eso erosiona la base tributaria de largo plazo y termina afectando la recaudación futura.

Naturalmente, una rebaja tributaria no resolverá por sí sola los problemas de crecimiento de Chile. Sin certeza jurídica, permisología razonable, estabilidad regulatoria y modernización del Estado, ninguna reforma tributaria será suficiente. Pero negar el impacto que tiene la carga tributaria sobre la inversión es desconocer cómo funciona hoy una economía globalizada.

Chile necesita volver a crecer. Y para crecer, necesita inversión. La discusión, entonces, no debiera ser si la rebaja del impuesto corporativo “favorece” o no a las empresas. La verdadera pregunta es si queremos seguir compitiendo con una estructura tributaria diseñada para una economía que ya no existe.

Porque al final, sin crecimiento sostenible, tampoco habrá recaudación sostenible.

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