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Columnistas

DF Tax | Rebaja del impuesto a las donaciones intergeneracionales

Por Vicente Furnaro, socio abogado de Tax Defense.

Por: Vicente Furnaro, abogado socio de Tax Defense.

Publicado: Jueves 28 de mayo de 2026 a las 04:00 hrs.

El deseo de ordenar el patrimonio familiar y, quizás, alcanzar a ver cómo los herederos lo administran, es un impulso humano legítimo que se repite entre quienes han acumulado grandes fortunas. Representa la necesidad de proyectar el control más allá de la propia vida, de asegurar que el legado se gestione según la voluntad del patriarca incluso después de su partida.

Matt King, personaje interpretado por George Clooney en Los Descendientes, resumía con ironía ese equilibrio al decir: “Hay que dar a los hijos lo suficiente como para que hagan algo en la vida, pero no tanto como para que no hagan nada”. La frase refleja el dilema entre proteger el esfuerzo propio y fomentar la autonomía de los sucesores.

En Chile, las donaciones se han convertido en una herramienta habitual y lícita para anticipar la distribución del patrimonio en vida, especialmente entre familias de alto patrimonio. A ello se suma el atractivo de una carga tributaria más favorable que el impuesto general a la renta. Si a esto se añade una rebaja adicional -como propone el proyecto que reduce el tributo a la mitad-, el efecto final es reforzar el incentivo a transferir riqueza entre generaciones.

¿Aumentará el empleo con ello? ¿Se dinamizará la industria? ¿Se recaudará lo suficiente para sostener políticas públicas de largo plazo? Difícilmente. La medida no constituye una estrategia fiscal sostenible ni una vía de financiamiento permanente. Su impacto será transitorio: una mayor recaudación inicial -de innegable, legítimo y sentido interés por parte de sus beneficiarios quienes ya nos consultan reiteradamente por su llegada- pero que pronto se compensará con una menor recaudación futura por concepto de impuesto a la herencia.

El premio Nobel Joseph Stiglitz, en su Teoría de los Impuestos, recordaba que “en el diseño de los sistemas impositivos hay que elegir entre los objetivos distributivos y la eficiencia; el sistema óptimo es aquel que equilibra las ventajas de la redistribución con los costos de pérdida de eficiencia”. Ignorar ese equilibrio conduce a políticas que, aunque recaudan más en el corto plazo, erosionan la equidad y la coherencia del sistema tributario.

En definitiva, esta propuesta parece más una reacción coyuntural que una política pública estructurada. Es una medida de paso, que recaudará seguramente más de lo esperado, compensando un parte el déficit general de la mega reforma, pero que no logra esconder su limitada visión y propósito, que privilegia la urgencia sobre la estrategia. Una imperdible ventana de innegable y legítimo beneficio en el corto plazo para los altos patrimonios, pero que resulta propia de una autoridad que actúa en modo emergencia, más que de un Estado que planifica con sentido de futuro.

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