Efectos de la transición política en la economía chilena
ALFREDO COUTIÑO Director para América Latina en Moody’s Analytics
No es común, pero los efectos del ciclo político estuvieron presentes en la economía al inicio de la nueva administración. La transición política desempeñó un papel importante en el desempeño económico del primer trimestre, lo que explica en parte las contracciones trimestrales y anuales. La contribución negativa del ciclo político a la caída de la economía se produjo por la combinación del cierre del presupuesto fiscal al final de la administración saliente y del ajuste necesario para reducir la vulnerabilidad económica al comienzo del nuevo gobierno. Sin embargo, al final se espera que la economía resurja gracias a las políticas de libre mercado del nuevo gobierno.
En el primer trimestre, el PIB se contrajo 0,5% interanual, después de avanzar 1,6% en el trimestre anterior y 2,9% un año antes. Las cifras ajustadas mostraron una contracción de 0,3% en el primer trimestre respecto al trimestre anterior. Es evidente que los acontecimientos geopolíticos externos también desempeñaron un papel adverso, especialmente el conflicto en Oriente Medio y el consecuente impacto en los precios del petróleo, lo que afectó los precios internos en Chile, dada su condición de importador neto de productos petrolíferos. Los eventos internos también contribuyeron a la caída de la economía, como la debilidad de la producción minera y la contracción significativa de la agricultura, entre otros factores domésticos.
“La contribución negativa se produjo por la combinación del cierre presupuestario de la administración anterior y el ajuste al inicio de la actual. La economía debiera resurgir gracias a las políticas de libre mercado del nuevo gobierno”.
Por otro lado, la transición política del gobierno saliente de Gabriel Boric a la administración de José Antonio Kast tuvo, sin duda, un efecto adverso en la economía. Este cambio es especialmente relevante por la llegada de un gobierno conservador de derecha, comprometido con introducir cambios estructurales y ajustes de política, en particular en materia fiscal. Por un lado, el gobierno saliente cerró 2025 con un aumento del déficit fiscal y de la deuda pública, además del cierre habitual de funciones públicas al final del cuatrienio, lo que limitó el desempeño económico durante los dos primeros meses del año. Por otro lado, con la asunción del nuevo gobierno en la segunda semana de marzo, fue necesario implementar un ajuste para contener la aceleración del desequilibrio fiscal y de la deuda pública, lo que implicó iniciar un ajuste del gasto público.
Sin embargo, podrían surgir algunos aspectos positivos más adelante. En primer lugar, la desaceleración económica contribuirá a reducir el exceso de demanda, que ha sido en parte responsable de mantener la inflación por encima del objetivo en los últimos años. De hecho, el mayor gasto asociado al ciclo electoral del año pasado -provocado por el financiamiento del proceso electoral y de las campañas- impulsó el consumo y contribuyó al exceso de demanda y la inflación.
En segundo lugar, el ajuste fiscal ayudará a reducir la vulnerabilidad de la economía y a introducir disciplina en la gestión del presupuesto federal. En última instancia, se espera que el refuerzo de las políticas de libre mercado y las reformas estructurales del nuevo gobierno conservador mejoren el ambiente de negocios, fomenten la inversión productiva y ayuden a la economía a entrar en un ciclo de crecimiento estable y saludable.
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