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Columnistas

IA soberana en Chile: la decisión de US$ 2 billones de la que nadie habla

DARÍO PAYA CARL MEACHAM Western Hemisphere Business Development, Hydra Host Inc. An NVIDIA Cloud Partner

Por: Equipo DF

Publicado: Miércoles 1 de abril de 2026 a las 04:00 hrs.

Un país tiene petróleo o no. La geología impuso esa realidad que nos ha marcado por décadas. Hoy pasa algo sin precedentes: por primera vez, un país puede elegir si será productor o simplemente consumidor de uno de los recursos más valiosos del futuro: la capacidad de cómputo de la que dependen la existencia y las aplicaciones de inteligencia artificial (IA). Chile tiene esa opción por delante y da la impresión de que ni nuestra política ni sector empresarial lo advierten.

La inteligencia artificial no será una tecnología periférica, sino parte estructural de la mayoría de los servicios y procesos de producción. El valor económico generado por estas aplicaciones de IA será enorme. El insumo clave será la capacidad de cómputo. La pregunta que Chile debe responder es simple: ¿quién captará ese valor? ¿Oracle, Google, Microsoft, Amazon? ¿O seremos los chilenos dueños de esa nueva dimensión de nuestra propia economía?

“Si en el país se construye infraestructura de IA soberana se podrá mantener ese valor dentro de Chile. Y los operadores nacionales podrían vender acceso a esa capacidad en un mercado que crece 25% anual”.

Ese flujo de valor ya está en curso y cada uso de un LLM implica un gasto que sale de Chile: un flujo que va a GPUs en servidores extranjeros, a empresas extranjeras, a balances extranjeros. Este flujo de salida se acelera dramáticamente.

IMARC Group, proyecta que el consumo latinoamericano de IA crecerá desde US$ 4.700 millones en 2024 a US$ 30.000 millones en 2033, lo que implica una tasa de crecimiento anual del 23%.

En el caso de Chile el valor que fluye hacia infraestructura extranjera podría alcanzar los US$ 2.000 millones anuales en una década. Ese no es un monto de caja chica, sino una transferencia de riqueza nacional en una escala que debería llamar la atención de cada directorio y ministerio del país.

La pregunta es quién posee, dónde se instala la capacidad de cómputo que “crea” la inteligencia que alimentará la economía futura. Hoy, empresas extranjeras son dueñas de la infraestructura y capturan los retornos. Si en Chile se construye infraestructura de IA soberana se podrá mantener ese valor dentro del país. Más aún, los operadores chilenos podrían vender acceso a esa capacidad a nivel global, en un mercado –el de GPU as a Service– que crece a ritmos de 25% anual.

Chile tiene ventajas, especialmente en materia de energía, con un mercado de renovables lo suficientemente maduro como para sostener contratos de suministro de largo plazo a “Fabricas de IA”, que consumen hasta cinco veces más energía que un data center tradicional.

Empresas de tecnología, productores de energía e inversionistas tienen todos un rol potencial en el desarrollo de esa infraestructura de IA que tocará todos los sectores de nuestra economía. Y que modificará también la acción del Estado, transformándolo en un consumidor principal de IA (aplicaciones de defensa, inteligencia, seguridad, salud pública, manejo de datos sensibles, etc.) con un interés en asegurar que ese consumo ocurra en infraestructura jurisdiccionalmente chilena.

Esta ventana no estará abierta por mucho tiempo. El presidente de Corea del Sur, al anunciar su proyecto de IA Soberana, afirmó que “en la era de la IA, atrasarse por un día puede significar quedar rezagados por una generación”.

La pregunta no es si la IA transformará la economía chilena, eso es inevitable. La pregunta es si los chilenos seremos dueños de una parte de esa transformación o si, simplemente, pagaremos a empresas extranjeras por el derecho a ser meros consumidores en nuestro propio futuro digital.

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