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Columnistas

Las empresas existen para cruzar ríos

TAMARA AGNIC DIRECTORA DE EMPRESAS

Por: Equipo DF

Publicado: Viernes 17 de abril de 2026 a las 04:02 hrs.

“El que no arriesga no cruza el río”, dice el refrán. En el mundo empresarial, la frase tiene mucho sentido puesto que ninguna compañía crece, innova, invierte o se transforma sin asumir riesgos. Pretender lo contrario sería desconocer la naturaleza de la actividad empresarial. Sin riesgo no hay creación de valor.

La empresa no está llamada a quedarse en la orilla. Crecer, innovar, invertir o transformarse exige avanzar en escenarios de incertidumbre, decidir con información incompleta y aceptar que no todo resultado puede controlarse de antemano. Por eso, el riesgo no es una anomalía del negocio; es parte de su esencia.

“Un buen directorio no está para eliminar el riesgo; eso paralizaría a la empresa. Tampoco para celebrarlo sin cuestionamientos, como si toda apuesta fuera sinónimo de visión”.

Justamente por ello, lo realmente peligroso no es arriesgar, sino hacerlo sin criterio, sin contrapesos y sin un gobierno corporativo capaz de distinguir entre audacia y temeridad. Una cosa es asumir riesgos de manera consciente, deliberada y alineada con la estrategia y otra muy distinta es avanzar sin comprender del todo la corriente o la profundidad del río, confiando más en el entusiasmo que en el buen juicio.

El punto importa especialmente hoy, en un entorno que se ha vuelto más complejo y volátil. A los riesgos financieros y operacionales, se suman otros que pueden afectar con igual o mayor intensidad la continuidad del negocio, su reputación, su licencia para operar o su viabilidad futura. Ciberseguridad, integridad, cumplimiento, cultura organizacional, sostenibilidad, disrupción tecnológica, crimen organizado, tensiones regulatorias y geopolíticas ya no son asuntos periféricos, sino parte central de la conversación estratégica.

En ese contexto, el rol del directorio no es administrar la empresa ni reemplazar a la gerencia en la gestión de riesgos, pero sí asegurar que los más significativos, los “materiales”, estén debidamente identificados, comprendidos, priorizados y gobernados. No como un ejercicio formal, ni como una revisión rutinaria de matrices que tranquilizan más de lo que explican, sino como parte de la calidad de las decisiones.

Un buen directorio no está para eliminar el riesgo, porque eso paralizaría a la empresa. Tampoco para celebrarlo sin cuestionamientos, como si toda apuesta fuera sinónimo de visión. Su aporte está en distinguir entre el riesgo necesario y la temeridad disfrazada de convicción; en hacer preguntas incisivas antes de que los hechos las impongan; en desafiar supuestos, exigir información suficiente y promover una cultura donde advertir a tiempo no sea visto como freno, sino como una contribución al éxito sostenible.

El gobierno corporativo debe entenderse como una capacidad para mejorar el juicio, no solo para reforzar controles.

Cruzar el río sigue siendo parte de la tarea empresarial. Lo que distingue a una organización bien gobernada no es que evite toda corriente, sino que sepa leerla a tiempo, medir sus fuerzas y no confundir valentía con suicidio.

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