Mayor crecimiento, pero con puente fiscal pendiente
ANDRÉS SANSONE Economista jefe de Banco Santander
Una economía que durante más de una década ha crecido cerca de 2% promedio necesita seguir impulsando iniciativas para elevar su crecimiento tendencial. El proyecto de ley para la reconstrucción nacional y el desarrollo económico y social va en esa dirección con algunas propuestas que tienen como objetivo mejorar las condiciones para invertir, emplear y producir más.
Nuestras estimaciones sugieren que, al menos en sus componentes centrales, el efecto sobre la actividad sería positivo. La reducción del Impuesto de Primera Categoría y la agilización de permisos tienen canales razonablemente fundamentados sobre inversión y nivel de PIB. Bajo nuestro escenario base, el nivel de producto podría ubicarse 5,5% por encima de un escenario sin reforma en 2035 y 6,3% en 2040. Incluso en los escenarios más adversos, el signo del efecto se mantiene positivo.
“La discusión no debiese plantearse como una disyuntiva entre crecer más o cuidar las cuentas públicas. En una economía con bajo crecimiento potencial, ambos objetivos se refuerzan”.
Esto no significa que todos los supuestos tengan la misma probabilidad. El escenario oficial, que estima un impacto de 8,6% hacia 2040, se ubica por encima del percentil 90 de nuestras simulaciones. No se trata de negar el efecto, sino de reconocer que ese escenario luce exigente respecto de la distribución de resultados posibles dado que hay algunas medidas donde hay más incertidumbre sobre su impacto, temporalidad y magnitud.
El punto fiscal es un tema más endeble. Un mayor PIB genera mayor recaudación, pero no de inmediato ni en magnitud suficiente para compensar los menores ingresos o mayores gastos de los primeros años. Durante buena parte del período 2026–2034 se produciría un déficit adicional de entre 0,2% y 0,6% del PIB. Ahí aparece el concepto de puente fiscal: las ganancias de largo plazo existen, pero hay que financiar la transición. Y, tal como lo ha advertido el CFA, el país enfrenta un estrés fiscal prolongado. Ya se parte con un déficit estructural que es elevado y los niveles de deuda obligan a considerar con cuidado la trayectoria de mediano plazo.
En este contexto, la discusión no debiese plantearse como una disyuntiva entre crecer más o cuidar las cuentas públicas. En una economía con bajo crecimiento potencial, ambos objetivos se refuerzan. Sin crecimiento, la consolidación fiscal se vuelve más difícil. Pero sin una trayectoria fiscal creíble, el propio crecimiento puede verse condicionado por mayor incertidumbre y primas de riesgo más altas.
En los próximos días deberíamos conocer el primer Informe de Finanzas Públicas de esta administración, que es una fuente de información valiosa y debiese dar elementos para entender cuál es la hoja de ruta fiscal para los próximos cuatro años. Esa directriz es importante para entender cómo se dará ese puente fiscal.
Es necesario destacar que las iniciativas para aumentar el crecimiento no se acaban con estas medidas. Hacerlo de forma sostenida no depende solo de la inversión y la regulación, se requiere también ampliar la participación laboral, fortalecer la capacitación y reconversión de trabajadores e impulsar la innovación y adopción tecnológica. Es el conjunto de estos factores los que permitirán que podamos expandirnos más allá del 3%.
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