Oportunidades para Chile
CARLOS CRUZ L. Director ejecutivo Consejo de Políticas de Infraestructura (CPI)
En momentos de turbulencia internacional, los países que avanzan no esperan que el ruido amaine: aprovechan la inestabilidad para reposicionarse. Chile tiene hoy una oportunidad de ese tipo, pero tomarla no depende solo del sector privado ni de las fuerzas del mercado.
Depende, en buena medida, de decisiones de Estado.
El cambio de gobierno mantiene abierta la discusión sobre el crecimiento y los caminos hacia el desarrollo. En medio de esa conversación, se vislumbran transformaciones que representan una oportunidad histórica, siempre que el país sepa organizarse para tomarlas.
“Si el Estado lidera con infraestructura y el sector privado encuentra reglas estables para invertir, Chile estará construyendo, con deliberación, su lugar en la economía del futuro”.
La vulnerabilidad del abastecimiento de petróleo ha acelerado la urgencia por sustituir combustibles fósiles. Chile posee ventajas inigualables en electrificación e hidrógeno verde que deben transformarse en ventajas competitivas a escala internacional. Esta transición será además el motor que mantendrá en alto el valor del cobre, el litio y las tierras raras, minerales críticos para la electrificación global.
Para capturar estas oportunidades debemos superar el enjambre regulatorio; que hoy asfixia la inversión. El gobierno actual ha mostrado pragmatismo al intentar deshacer los nudos que retienen el crecimiento, buscando reformas que armonicen el respeto al medioambiente con un sistema de permisos estable. Solo así será posible volver a crecer de manera sostenida y sostenible, por encima de lo logrado en los últimos 15 años. En esa línea, aumentar la inversión privada es indispensable.
El incentivo más potente para las inversiones que mueven la aguja; es la estabilidad de las reglas del juego a largo plazo. Esta previsibilidad es el rasgo que históricamente nos ha distinguido como país y que, en un contexto de creciente volatilidad global, debemos cuidar con especial atención.
Mirando sectores clave, la desalación combinada con electricidad verde podría ampliar nuestra superficie cultivada para responder a la demanda mundial de alimentos de alta calidad. Se suman la experiencia pesquera y una industria forestal de alto estándar mundial.
En la era digital, nuestra capacidad de generar energía limpia nos posiciona como destino ideal para albergar centros de datos, una industria en expansión que busca precisamente lo que Chile puede ofrecer. El turismo, hoy en el 3% del PIB, podría duplicar esa cifra con una planificación integrada de infraestructura.
Lo que conecta todos estos sectores es la infraestructura. Cada oportunidad —energética, agrícola, digital, turística— requiere decisiones activas del Estado en logística, gestión hídrica, conectividad y telecomunicaciones. Sin esa base, el potencial privado no tiene dónde aterrizar. Necesitamos facilitar encadenamientos productivos, reducir costos de transporte y garantizar el abastecimiento de agua para comunidades y sectores productivos.
En estos temas estructurales —independencia energética, conectividad digital,
sostenibilidad— encontraremos más consensos que en las disputas políticas de corto plazo.
Si el Estado lidera con infraestructura y el sector privado encuentra reglas estables para invertir, Chile no estará solo superando sus nudos actuales: estará construyendo, con deliberación, su lugar en la economía del futuro.
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