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Columnistas

¿Y si pensamos en IVAN?

RODRIGO MONTERO Decano de la Facultad de Administración y Negocios UA

Por: Equipo DF

Publicado: Lunes 23 de marzo de 2026 a las 04:02 hrs.

Quizás con esta pregunta se nos venga a la mente el nombre de Iván Zamorano, célebre goleador de la selección chilena de la década de los ‘90 –cuando, dicho sea de paso, la economía crecía a una tasa de 7%–, y es que harto bien que nos vendrían un par de goles en la economía chilena y no autogoles, en los que lamentablemente nos hemos especializado en los últimos años.

Hoy estamos doblemente desafiados; por una parte, nuestra alicaída tasa de crecimiento tendencial –que llevó a algunos incluso a celebrar la noticia de que en 2025 finalmente crecimos 2,5%, dos décimas más de lo pensado inicialmente–, refleja la estrecha situación a la que nos enfrentamos y todo lo que eso conlleva, por cierto.

“Más que la deuda, lo que debería capturar nuestra atención es cómo elevar la riqueza de la economía, haciendo viables los proyectos con mayor rentabilidad relativa”.

Por otro lado, el escenario externo se ha tornado particularmente adverso, en donde la incertidumbre geopolítica ha empujado el precio del petróleo hasta los US$ 110 por barril. De mantenerse esta situación, estaremos frente a un shock de oferta de una magnitud considerable, y sabemos lo que eso significa; los shocks negativos son potencialmente generadores de estanflación, esto es, mayor inflación y menor crecimiento (o recesión incluso).

En el contexto de este complicado escenario actual –súmele el tema de la caja y la estrechez fiscal en general– desde Teatinos 120 ya se anunciaron algunas políticas dirigidas a apuntalar nuestra anémica tasa de crecimiento. El paquete apunta en la dirección correcta, pero en esto no hay balas de plata. Habrá que evaluar muy bien cuáles serán los efectos esperados y, sobre todo, cómo podemos hacer viables políticas que, aunque necesarias, requieren de mayores recursos fiscales –o de reducción de ingresos fiscales–, en un contexto particularmente adverso para las finanzas públicas.

Y es por eso que a veces conviene pensar en el IVAN, el indicador financiero utilizado para evaluar y seleccionar proyectos de inversión. El IVAN nos permite priorizar iniciativas con mayor rentabilidad relativa, aspecto muy relevante hoy, dados los escasos recursos con los que contamos.

En general solemos atender con mucha fuerza lo que son los gastos asociados a los programas y cuántos recursos les dedicaremos, pero prestamos menos atención a los beneficios que nos redituarán dichos programas –principalmente si estos son más bien a mediano o largo plazo–. Si somos capaces de implementar medidas costosas desde un punto fiscal, que requieran un esfuerzo considerable, pero que nos garanticen el mejor IVAN, entonces, vale la pena aumentar el gasto y, por cierto, aceptar una mayor deuda como porcentaje del PIB –y el mercado así lo entenderá–; porque lo que debiera convocarnos como objetivo de política final no es el nivel de deuda como porcentaje del PIB en sí.

Lo que debería capturar nuestra atención, es lograr incrementar la riqueza de la economía, haciendo viables los proyectos que tengan la mayor rentabilidad relativa. Si así lo hacemos, tal vez podremos sobrepasar en el corto plazo el límite de deuda prudencial –45% del PIB–, pero en el mediano plazo, habrá valido la pena correr el riesgo.

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