Con casi 20 años como estratega dedicado a analizar y comunicar escenarios de inversión, en 2011 Diego Celedón aterrizó en el mayor banco del mundo para encabezar la estrategia de acciones para el Cono Sur y la región Andina.
Desde entonces, su mirada es escuchada de cerca por inversionistas institucionales locales e internacionales, family offices y hasta por sus competidores. Sus convicciones son claras. En su última jugada subió Chile a overweight —recomendando comprar acciones del país— e insiste en que el IPSA alcanzará los 12.500 puntos al cierre del año, un alza superior al 11%.
Pero su mirada del mercado andino es optimista más allá de Chile, y su apuesta está sobre todo en Argentina. “Es el país con mayor potencial de crecimiento de la región, donde puedes más que duplicar tu plata si la historia anda bien”, comentó en el podcast Señales Financieras.
El fin del excepcionalismo de EEUU
— Los bonos soberanos de EEUU tocaron máximos en décadas y Scott Bessent anunció recompra de bonos. ¿Qué impacto está teniendo todo esto para la región?
— El tema de las tasas es sensible, y el anuncio de Bessent básicamente dice que le preocupa que se vayan de nivel y quiere mantenerlas acotadas. Estamos por debajo del consenso en alzas de tasa y tenemos un escenario base benigno. El escenario ideal para los emergentes es cierta desaceleración en Estados Unidos, con dólar más débil y monedas emergentes apreciándose, pero sin llegar a una recesión. La excepción dentro de Estados Unidos es la inteligencia artificial donde somos creyentes de esa historia. Mientras el CAPEX de billones de dólares (millones de millones) tenga financiamiento la industria va a seguir andando muy bien y la derivada interesante para Latinoamérica es que ese CAPEX es un sustento para commodities como el cobre y el litio.
— ¿Y la guerra en Medio Oriente no cambia esa tesis de apostar por los emergentes?
— A mediados del año pasado nuestro equipo global planteó que el excepcionalismo de Estados Unidos, que vimos durante prácticamente una década, estaba llegando al fin de su ciclo: sin un desastre ni una recesión, pero sí una normalización. La guerra es más una oportunidad para volver a mirar emergentes que una razón para abandonarlos. Nuestro escenario base es que el estrecho de Ormuz sigue abierto y que el petróleo baja. Lo vemos cayendo hacia los US$ 60 el barril hacia fines de 2027.

La literatura dice que el impacto en PIB durante la fase de inversión es cerca de un tercio del monto y considerando el PIB de Chile de US$ 400 mil millones, crecer 1% requiere unos US$ 12 mil millones de inversión al año. Con un pipeline realista de unos US$ 70 mil millones, más lo que venga del cobre, un punto de crecimiento por año durante dos o tres años es algo palpable.
Chile: más que un rebote
— Esta semana Chile entró oficialmente en recesión técnica tras un PIB del segundo trimestre que cayó 0,2%. Ustedes proyectan un PIB de 3,2% para 2027; ¿cuándo veremos esos brotes verdes?
— Esos números negativos son la inercia del último año, y la implementación de un nuevo gobierno nunca es tan rápida como se espera; a eso se sumó el shock del petróleo, que a Chile, que importa el 100%, le pega fuerte. Pero seguimos muy convencidos de la aceleración hacia 2027. El incentivo más claro es el cobre: hoy hay US$ 100 mil millones sobre la mesa en proyectos de cobre en Chile, el CAPEX históricamente más alto de la industria. Sumado al nuevo gobierno con prioridades de seguridad y crecimiento y la Ley de Reconstrucción, vemos condiciones para que Chile crezca a tasas del 3% por varios años, no será solo un rebote cíclico.
— ¿Cuál es el impacto de la megarreforma recién aprobada?
— Políticamente fue muy exitosa ya que se aprobó una parte importante de la agenda, eso pese a que la popularidad del gobierno venía afectada por el alza de combustibles. Pero respecto al impacto, actualmente hay unos 370 proyectos en evaluación ambiental por cerca de US$ 90 mil millones, un tercio de ellos de cobre. La literatura dice que el impacto en PIB durante la fase de inversión es cerca de un tercio del monto y considerando el PIB de Chile de US$ 400 mil millones, crecer 1% requiere unos US$ 12 mil millones de inversión al año. Con un pipeline realista de unos US$ 70 mil millones, más lo que venga del cobre, un punto de crecimiento por año durante dos o tres años es algo palpable.
— Respecto a la bolsa local, el precio objetivo que tienen para el IPSA es de 12.500 al cierre del año; eso exige rentar más de 11% en cuatro meses. ¿Es factible?
— Creemos que sí. Empezamos a notar el interés de inversionistas extranjeros que estaban bastante ausentes, y el precio del cobre y las mejores perspectivas locales ayudan. Además está el nuevo régimen de inversión de las AFP: si los fondos se van al rango medio de exposición, implicaría comprar del orden de US$ 3.000 millones en acciones locales de aquí a abril de 2027. Es un soporte relevante.
— Uno de los motores para Chile es el cobre, pero en el IPSA no hay una gran productora listada. ¿Cómo se entiende esa paradoja?
— Es una oportunidad perdida, aunque para nosotros menos grave de lo que parece. La gran acción de cobre ligada a Chile es Antofagasta -del grupo Luksic y con sus activos mayoritariamente en el país-, pero cotiza en Londres y no en Santiago. Para un inversionista global da lo mismo dónde comprarla, y es una de nuestras acciones favoritas en el mundo del cobre; incluso varios locales la compran directamente allá. Lo que se pierde es para la bolsa chilena ya que un grupo conocido, con un activo chileno produciendo nuestro principal commodity, debería atraer un flujo local muy fuerte, y ese flujo termina yéndose a Londres.
— En un escenario hipotético, ¿cómo ves un listamiento de Codelco?
— Listar un 10%, 15% o 20% de Codelco aportaría muchísimo al universo de inversión en Chile, y tendría toda la lógica. Hay ejemplos en la región -Petrobras, Ecopetrol, YPF- con el Estado como controlador, pero con minoritarios. Eso no solo fomenta el mercado de capitales, es clave para el gobierno corporativo, porque estas empresas tienen swings fuertes según el color político del gobierno, y una masa de minoritarios que haga escrutinio es muy positiva. No cubrimos Codelco, así que no me juego con el valor que podría tener en bolsa, pero, pese a la ineficiencia operacional que arrastra hoy, cuando el commodity está a un precio tan alto como el actual, interés del mercado va a haber. La gran incógnita es política: los quórums y la voluntad, incluso en parte de la derecha, son bajos. Es más probable ver listados locales de operaciones privadas antes que a Codelco en la bolsa.
— ¿Qué sectores mira con más potencial en Chile?
— Tenemos dos focos. Uno doméstico, de blue chips líquidos que juegan la aceleración del ciclo: Santander Chile y Falabella. Ahí la clave es que Chile pase de múltiplos value a múltiplos growth: transábamos a siete u ocho veces precio/utilidad, hoy estamos en 13, y para sostener 14 o 15 veces necesitamos que el crecimiento se materialice. Y otro que depende del frente externo: SQM, por nuestra visión optimista en litio, y Latam Airlines, como jugada a ese petróleo cayendo.
Listar un 10%, 15% o 20% de Codelco aportaría muchísimo al universo de inversión en Chile, y tendría toda la lógica. Hay ejemplos en la región —Petrobras, Ecopetrol, YPF— con el Estado como controlador, pero con minoritarios.
La apuesta por Argentina y el ciclo político
— Además de Chile, ¿cómo ve la región?
— Lo más emblemático de los últimos 12 meses es el cambio de régimen político en los cuatro países que cubro, con un giro importante en el foco de la política económica. Falta que se consolide en el resto de la región, y ahí la elección de Brasil en octubre es clave. Bajamos Brasil a neutral porque sus dos drivers eran las elecciones y el espacio para recortar tasas, y hoy ambos tienen más dudas. Prefiero jugar historias que están andando mejor.
— ¿El país más recomendado para invertir?
— Con un horizonte de largo plazo, Argentina. Es el país con mayor potencial de crecimiento de la región, donde las empresas pueden más que duplicar sus utilidades. Va a cerrar 2026 con superávit fiscal, el único de la región, y tiene un régimen de inversión -el RIGI- con unos US$ 50 mil millones ya aprobados y US$ 200 mil millones sumando lo que está en estudio. Podría crecer 4%, 5% o 6% por varios años. Y dentro de eso, jugaría bancos donde Grupo Financiero Galicia es nuestra acción favorita.
— En JPMorgan llevan más de un año sobreponderando Argentina y el mercado no los ha acompañado del todo. ¿Cuesta sostener esa convicción?
— Lo más difícil es mantener la convicción cuando lo que crees se está cumpliendo, pero el mercado no te acompaña. Subimos Argentina hace más de un año; el programa macro fue sólido y 2025 trajo noticias muy optimistas -la elección de medio término, el acuerdo con el FMI, la inflación más contenida-, y aun así no acompañó. Si los fundamentos empeoran, es válido cambiar la recomendación, pero si siguen ahí, hay que sostenerla, por mucho que te cuestionen.
— ¿Crees que la ciudadanía argentina está viendo las mejoras que comentas?
— Eligieron a un presidente que prometía un ajuste durísimo, y aunque ha habido muchas mejoras todavía no se traducen en bienestar; la gran pregunta es hasta cuándo aguanta la gente. Pero el dato concreto lo dio la urna y pese al ruido, Milei sacó sobre 40% y más de 10 puntos de ventaja en la elección de octubre. Si hubiese sido presidencial, ganaba en primera vuelta. Eso nos deja tranquilos, y el próximo año debiese acelerar por las inversiones ya en marcha.
— Sus informes señalan que prioriza apostar en Perú por sobre Colombia. ¿Por qué?
— Por dos razones. La primera es externa: Perú tiene cerca del 15% del PIB ligado a cobre y oro, nuestros dos commodities favoritos. El cobre está en récord, en torno a US$ 14.000 la tonelada, y acabamos de subir nuestra estimación a US$ 13.800; el oro lo vemos yendo hacia los US$ 5.000 la onza. Colombia depende del petróleo, que vemos a la baja, y arrastra un déficit fiscal de 6% o 7% e inflación alta heredada. Además, el pipeline minero de Perú es de US$ 64 mil millones, frente a unos US$ 25 mil millones de energía en Colombia. Con Keiko Fujimori vemos más estabilidad política.