Alexis Sánchez ya no es “el niño maravilla”. Por lo pronto ya no es niño -tiene unos bien llevados 37 años– y sus destrezas se han ido de a poco apagando. Hoy busca reverdecer laureles en el CF Montréal de la MLS, lejos de esos momentos exultantes e inolvidables jugando por Barcelona, Arsenal y la selección chilena. Nada que reprocharle a Alexis, un verdadero carrerón profesional pródigo en alegrías y orgullo para chilenos de todas las edades. Pero el apodo con que fue lanzado al estrellato ya no corre más.
Pero a rey muerto, rey puesto. El Ministerio del Interior ha contratado a un joven de 19 años en su primer año universitario para manejar redes sociales con un sueldo de un millón 900 mil pesos, que luego le fue reducido a un millón 200 mil ante el escándalo suscitado. Se han balbuceado explicaciones para tamaño despropósito, pero sin siquiera acercarse a algo que tenga una brizna de razonabilidad. Es de público conocimiento que hay una pléyade de periodistas -y de otras profesiones afines-con amplia experiencia en la tarea encomendada que hubiesen trabajado felices por el salario del joven estudiante. No se puede entender la opción gubernamental como una decisión donde haya primado el buen juicio y la austeridad en el uso de los recursos públicos. Plata de nadie tirada a la chuña.
En un país donde la mediana de sueldo es $ 680.000, es impresentable frente a la ciudadanía aparecer con sueldos de casi tres veces sin ninguna explicación atendible. El mismo hecho de que ante la molestia generalizada se le haya bajado el salario en más de un 35%, como si nada, muestra que no había ninguna razón profesional ni para la contratación ni menos para las platas en juego.
Por supuesto, la culpa no es del afortunado periodista (c); pasó una gran oportunidad por delante y la tomó. Muchos habríamos hecho lo mismo. Lo que es cuestionable es que la oportunidad haya existido. Los cínicos dirán que criticar este tipo de cosas es una ingenuidad, la política siempre ha sido así. Si uno pone la lupa muy cerca aparecen manchitas y manchotas por doquier. Algo de razón tienen, pero uno está preparado para otro tipo de cosas.
La exministra Natalia Duco vuelve rápidamente al paraguas gubernamental ahora como asesora del Segundo Piso luego de tener que salir por el absurdo rigor en el uso del auto estatal -junto con llevarse como la mona con su subsecretario-. No se ve para nada bien, pero uno sí puede entender esas vueltas de mano. Te tengo que sacar de acá, pero no te dejaré sola. Esa sí es la política.
Algo se rompe cuando un gobierno que en la oposición fue inmisericorde con el mal uso de los recursos públicos por parte del gobierno de Boric cae en prácticas similares. Uno sabe que es difícil no caer en la tentación, pero la ilusión está siempre presente en nosotros los candorosos. Pero ya pulverizada la quimera, podemos pedir que alguien use la cabeza a la hora de hacer estas contrataciones estatales. Si no es la virtud la que va a primar, al menos que sea la astucia.