Especialista en cardiología pediátrica y con cuatro décadas vinculado a la casa de estudios, en los próximos días el doctor Felipe Heusser dejará el decanato de la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Católica de Chile (UC), que lideraba desde mayo de 2018.
En su oficina de la calle Lira, a un costado de la Casa Central de la UC, dijo a DF que dedicará una mayor parte de su tiempo a seguir ejerciendo como académico y realizar práctica clínica, dejando el rol de gestión al oncólogo Bruno Nervi.
De sus ocho años en el cargo, destacó cómo la Facultad consolidó un proceso de pasar de tener solo las escuelas de Medicina y Enfermería a regarse con una amplia gama de especialidades que adicionan la escuela de Odontología; Ciencias de la Salud (kinesiología, nutrición, fonoaudiología y terapia ocupacional); el Instituto de Ingeniería Biológica y Médica; Medicina Veterinaria (que comparten con Ciencias Biológicas y Agronomía y tuvo sus primeros egresados en 2025); y Salud Pública, área de posgrado con programas en epidemiología y que se superpone con temas económicos y sociológicos, entre otros.
Detrás de esto, y en especial la idea de tener “un área más potente en salud pública”, hay un diagnóstico de que la UC tiene “el privilegio” de tener un espacio protagónico en el país y, como consecuencia, la responsabilidad de ocuparlo, mirada que se intensificó con la pandemia.
Heusser consideró que, desde cierto punto de vista, el sistema salió fortalecido del Covid-19, porque fue el período de mayor colaboración -entre sector público, privado y a nivel científico- que le ha tocado ver en Chile. Y si bien ve que esto ha retrocedido un poco, “seguimos más adelante”, sostuvo.
“Gastamos el 0,4% del PIB (en investigación y desarrollo, I+D), la media de los países OCDE se acerca al 3%. Es más, países que admiramos por su desarrollo, Corea del Sur, Israel, EEUU, llegan al 5% o 6%”.
- El sector ahora ha pasado a empujar por una reforma al sistema, ¿usted está de acuerdo con esa urgencia?
- A mí me parece que sí, que el sistema necesita ser reformado, con gradualidad, así son las reformas más exitosas. No cambiar de un día para otro con mucha influencia ideológica.
Ahora, lo más urgente hoy es ver cómo hacemos la atención primaria más resolutiva (...) es la gran puerta de entrada al sistema, que si parte estrecha o trabajando mal, todo el resto de la cadena no funciona bien. En buena parte los tiempos de espera podrían resolverse con eso.
- ¿Y cree que la academia está siendo considerada como debería en ese debate?
- Nosotros podríamos aportar más, la interacción con el Estado podría ser más fuerte, es un poco oscilante. Ha habido más acercamiento, pero subutilizamos la potencialidad de ese trabajo integrado. Por ejemplo, hemos desarrollado desde la academia modelos de atención primaria, tenemos centros Áncora instalados en La Pintana, en Puente Alto, en áreas con bastanta vulnerabilidad socioeconómica. Hemos creado un modelo que efectivamente es más resolutivo. Entonces, cómo hacemos que esos modelos se vayan multiplicando y desarrollando…
- Desde esa mirada, ¿cómo afecta el espacio para la investigación?
- Ese es un gran tema para nuestro país. Desgraciadamente, a lo largo de diferentes gobiernos, por mucho tiempo, hemos invertido muy poco en investigación. Gastamos el 0,4% del PIB (en investigación y desarrollo, I+D), la media de los países OCDE se acerca al 3%. Es más, países que admiramos por su desarrollo, Corea del Sur, Israel, EEUU, llegan al 5% o 6%. Ahora, esa inversión parte por un componente del Estado importante, pero también está acompañada por una parte importante de la empresa.
Nosotros como país no hemos estado a la altura de esa cultura. Apostar por la investigación en nuestro propio país es tan virtuoso como modelo y eso no se ha entendido bien.
- ¿Por qué no?
Creo que existe una idea de decir que la investigación es cara y que tenemos otras prioridades. El problema es no ver que tiene mucho más alcance que solo el resultado inmediato, que vamos a formar mejores profesionales que van a estar de Arica a Punta Arenas haciendo mejor medicina (...) Es cortoplacista, pero también (falta ver) la importancia relativa de que hay investigaciones que son particularmente importantes de hacer aquí en Chile.
“El problema es no ver que tiene mucho más alcance que solo el resultado inmediato, que vamos a formar mejores profesionales que van a estar de Arica a Punta Arenas haciendo mejor medicina”.
El centro de investigación
Como ejemplos de esto último, Heusser mencionó el trabajo que se hizo con Sinovac para enfrentar el Covid-19 o las investigaciones para afrontar la variante “Andes” del virus Hanta, una cepa distinta que se esparció por Sudamérica.
La investigación para el doctor tiene tal nivel de relevancia que el gran proyecto que deja en curso es el Centro de Investigación e Innovación Medicina UC (CIIM), edificio de cinco pisos en plena construcción, a pasos del decanato y que contempla una inversión de US$ 25 millones.
El proyecto considera 6.000 metros cuadrados (m2) de laboratorios, en su mayoría “húmedos”, esto es, aquellos en que se manipulan líquidos, químicos y muestras biológicas.
Heusser explicó que el CIIM pretende albergar “investigación biomédica de alto nivel” y, dentro de ello, esperan poder enfocarse en situaciones epidemiológicas: en su último piso incluye un laboratorio de bioseguridad “nivel 3”, lo que quiere decir que permite estudiar virus contagiosos y eventualmente letales, como lo han sido el Covid y el Hanta. “Hoy día ya tenemos un laboratorio básico nivel 3, pero virus más agresivos no podemos estudiarlos. La pandemia nos mostró claramente que necesitamos esa capacidad”, argumentó.
De hecho, planteó que estas investigaciones “son trascendentes, desgraciadamente, incluso por temas geopolíticos, a propósito de guerras biológicas y ahí también tenemos que jugar un rol en lo que necesita el país”. Este tipo de laboratorios, de hecho, tiene regulaciones que dependen del Ministerio de Defensa.
El resto del edificio se enfoca en disciplinas como neurociencias, desarrollos para enfermedades cardiovasculares y tendrá una lógica de open lab (abierto), para favorecer el intercambio de ideas, detalló el cardiólogo.
Los fondos
¿Cómo financiar esos US$ 25 millones? He ahí el dilema.
“Parte de esto lo hemos financiado con la universidad (..) ha habido aportes de los propios grupos de académicos de la universidad, incluso aquellos que no están metidos en investigación, porque se entiende al interior de la UC que esto es trascendente para el desarrollo de la medicina en el país”, respondió Heusser.
Sin embargo, reveló que ahora viene la etapa más importante, que es salir a buscar aportes filantrópicos de privados. “Nos interesa que entiendan que esto no es para darnos un gustito como UC, sino que es una forma de influir en que el país tenga un mejor cuidado de salud, apoyando la investigación en general”, sostuvo.
El doctor se permitió soñar: “Incluso para nosotros sería ideal llegar a tener una especie de endowment (fondo de reserva) que nos ayude (con la operación). Dentro de un país que financia poco, tenemos la suerte de que como institución somos razonablemente confiables”.