El mensaje de la Casa Blanca para los países que enfrentan aranceles relativamente bajos en Estados Unidos es que esas condiciones preferenciales no pueden ser utilizadas para facilitar el ingreso de mercancías procedentes de terceros mercados.
Así lo planteó Peter Navarro, asistente del presidente Donald Trump y asesor principal para comercio y manufactura, en una columna de opinión publicada este domingo en The New York Times, en la que profundizó en las conclusiones de “La gran estafa del transbordo”, la investigación que la Casa Blanca dio a conocer el jueves pasado sobre el uso de terceros países para encubrir el verdadero origen de exportaciones destinadas a Estados Unidos.
“El mensaje para los países con aranceles más bajos es igualmente claro: el acceso preferencial al mercado estadounidense no es una licencia para blanquear las exportaciones de alguien más”, escribió Navarro.
La declaración cobra especial relevancia para Chile, que figura entre los países abordados por la investigación de la administración estadounidense y que mantiene una posición arancelaria comparativamente favorable para el ingreso de sus productos a Estados Unidos gracias a Tratado de Libre Comercio (TLC), a pesar de que sus importaciones fueron gravadas con una tarifa de 12,5% a principios de julio, en medio de una tanda masiva relacionada con productos elaborados con trabajo forzoso.
Hasta ahora, la publicación del reporte había expuesto la visión técnica de la administración Trump sobre el fenómeno. La columna de Navarro representa, en cambio, el primer pronunciamiento público de una alta autoridad de la Casa Blanca respecto de sus conclusiones y entrega señales sobre la lectura política que Washington está haciendo del problema.
La advertencia de Navarro
Navarro sostiene que el denominado transbordo está impulsado por el “arbitraje arancelario”, es decir, la posibilidad de aprovechar la diferencia entre el gravamen que enfrenta un producto cuando procede directamente de un país con aranceles altos y el que pagaría si aparece como originario de otra economía con mejores condiciones de acceso.
En su columna utiliza como ejemplo el ingreso de mercancías chinas a través de economías como Vietnam, Malasia o Tailandia, señalando que el paso por esos mercados puede reducir significativamente el costo arancelario de los productos al momento de ingresar a Estados Unidos. También menciona el caso de México, donde determinadas mercancías podrían intentar acogerse indebidamente a las preferencias del tratado comercial entre Estados Unidos, México y Canadá.
La tesis central de Navarro es que los países que reciben mejores condiciones arancelarias de Washington no pueden “alquilar” esa ventaja a exportadores de terceros países.
Según explica, los acuerdos comerciales más recientes impulsados por la administración de Donald Trump buscan precisamente evitar que una economía con aranceles bajos actúe como plataforma para mercancías cuyo verdadero origen está en otro mercado.
“Los acuerdos evitan que un país que obtiene aranceles más bajos de Estados Unidos alquile esa ventaja a las exportaciones de un tercer país”, sostuvo.
Navarro referencia a los Acuerdos de Comercio Recíproco (ART, su sigla en inglés), una herramienta que EEUU puso sobre la mesa en su negociación con Chile, cuyas autoridades no han aceptado, considerando que modifica el TLC.
Más fiscalización
Navarro también anticipó que la ofensiva estadounidense contra estas prácticas no se limitará a mayores exigencias en las reglas de origen.
El asesor de Trump destacó una reciente orden ejecutiva dirigida a cerrar algunas de las vulnerabilidades que, según la administración, permiten estas operaciones, entre ellas el uso de empresas sin activos suficientes en Estados Unidos, estructuras de propiedad opacas e importadores con garantías reducidas para responder por eventuales aranceles.
A ello se sumará un nuevo sistema de inspección de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza apoyado por inteligencia artificial, denominado “Detective Border”, que, según Navarro, permitirá evaluar el riesgo de transbordo de cargamentos destinados al mercado estadounidense.
La advertencia apunta en dos direcciones. Para los países sometidos a aranceles más altos, Navarro señala que no deben ocultar el verdadero origen de sus productos ni generar una ruta documental a través de economías con menores gravámenes. Para estas últimas, en tanto, el mensaje es que conservar un acceso favorable al mercado estadounidense supone impedir que esa ventaja sea utilizada por exportaciones de terceros países.
Navarro plantea que el endurecimiento de los controles, junto con normas de origen más estrictas y mayores sanciones para los infractores reincidentes, debería hacer menos atractivo este tipo de operaciones.
“Es hora de terminar con la artimaña del transbordo y de comenzar el próximo capítulo de la manufactura estadounidense”, concluyó.