Los mercados de bonos soberanos volvieron a quedar bajo presión este martes y los rendimientos de largo plazo alcanzaron máximos de varios años en algunas de las principales economías.
En EEUU, el yield del bono del Tesoro a 30 años llegó a tocar 5,339%, su mayor nivel desde junio de 2007, antes de moderarse hacia 5,29% durante la sesión. Desde fines de junio, acumula un avance cercano a 40 puntos base.
La presión se extendió a Europa. En Alemania, el Bund de referencia a 10 años alcanzó 3,27%, su nivel más alto desde 2011, mientras que los costos de endeudamiento de Francia se ubicaron en máximos desde 2008. En Reino Unido, los yields de los gilts de largo plazo se acercaron al 6%.
Japón tampoco quedó al margen. El yield del bono soberano japonés a 10 años superó el 2,95%, su mayor nivel desde 1996, prolongando un movimiento alcista que ha puesto en duda el papel que durante años tuvo el mercado japonés como ancla para las tasas globales.
Qué explica el selloff
Aunque cada mercado enfrenta factores propios, detrás del aumento de los yields aparecen fuerzas comunes y una presión concentrada en los vencimientos más largos.
El head of research de la app de inversiones XTB, Ignacio Mieres, explicó que el movimiento refleja una mayor incertidumbre sobre la inflación de largo plazo y, crecientemente, sobre el riesgo de crédito. “En el fondo, lo que el mercado está incorporando es una incertidumbre de carácter más estructural que coyuntural”, señaló.
A esto se suma el retiro del forward guidance de la Reserva Federal, que, según Mieres, ha aumentado la incertidumbre sobre el extremo largo de la curva.
Entre las principales preocupaciones están las persistentes presiones inflacionarias y la capacidad de los gobiernos para contener el gasto.
“El mercado de bonos se está poniendo nervioso”, afirmó Vincent Mortier, director de inversiones de Amundi. En declaraciones a Financial Times, apuntó a la preocupación por “la trayectoria fiscal de muchos países donde el crecimiento es deficiente, la inflación es persistente” y las herramientas para mejorar las cuentas públicas no son evidentes.
El temor detrás de esa inquietud fiscal es que una política expansiva mantenga la actividad y la inflación más firmes de lo esperado, obligando a los bancos centrales a sostener tasas elevadas por más tiempo.
Pero la política monetaria no explica por sí sola el movimiento. La presión sobre los bonos de largo plazo se ha mantenido incluso mientras datos económicos más débiles en EEUU han reducido las apuestas a nuevas alzas de tasas de la Fed. Al mismo tiempo, los mercados deben absorber una cantidad creciente de deuda cuando algunos compradores tradicionales están reduciendo su presencia.
El jefe de investigación de tasas de interés en EEUU de Barclays, Anshul Pradhan, resumió la venta de Treasuries de largo plazo en tres factores: “Las perspectivas del déficit presupuestario, las emisiones corporativas relacionadas con la IA y la base cambiante de compradores de bonos del Tesoro”.
Los gobiernos, además, están intentando trasladar parte de sus emisiones hacia plazos más cortos, donde los yields son menores, aunque su margen de maniobra es limitado en un escenario en que ya no pueden asegurar financiamiento por décadas a tasas extremadamente bajas.
Más oferta y menos compradores
A la mayor emisión soberana se suma un ritmo récord de colocaciones corporativas, especialmente de compañías tecnológicas que buscan financiar sus inversiones en inteligencia artificial con deuda de mayor plazo.
Mieres, de XTB, apuntó al endeudamiento ligado a la IA y a la trayectoria creciente de la deuda estadounidense como catalizadores para que los inversionistas reduzcan su exposición a los vencimientos largos y exijan una mayor compensación. Barclays prevé que las emisiones de bonos corporativos investment grade alcancen un récord de US$ 1,9 billones (millones de millones) en 2026, frente a US$ 1,44 billón el año pasado.
El fenómeno también está ampliando la exposición de los inversionistas a la IA. Gabriela Santos, estratega jefe de mercados para las Américas de JPMorgan Asset Management, advirtió en entrevista con Bloomberg TV que el riesgo de concentración asociado a la inteligencia artificial ya se extendió desde las acciones hacia la renta fija.
Según Santos, las emisiones investment grade acumulan cuatro meses consecutivos de récord y compañías como Alphabet han llegado a colocar deuda con vencimientos de 100 años. “Se puede ser muy bullish con todo lo relacionado con la IA y aun así necesitar pensar muy cuidadosamente en la construcción del portafolio”, afirmó.
Al aumento de la oferta se suma una base de compradores de bonos de largo plazo que está cambiando. Fondos de pensiones que tradicionalmente demandaban estos instrumentos están reduciendo su presencia, mientras los gobiernos dependen más de inversionistas privados, que son más sensibles a precios y retornos.
Ese cambio puede elevar la prima por plazo, es decir, el yield adicional exigido para mantener deuda de vencimientos largos. “La demanda oficial está impulsada en gran medida por objetivos de política”, mientras que “los inversionistas privados son más sensibles a los retornos”, explicó Pradhan, de Barclays. Según el estratega, el cambio en la composición de compradores durante la última década explica cerca de 90 puntos base de la prima por plazo de los bonos del Tesoro de EEUU a 30 años.