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Bosque nativo y plantaciones

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En relación a las reiteradas afirmaciones hechas por distintos grupos ambientalistas desconociendo los avances logrados en detener la pérdida de superficie de bosque nativo en Chile, nos parece necesario precisar algunas cifras.



La superficie de bosque nativo en Chile ha aumentado en 170.000 hectáreas para el período 1997-2011. Pasamos de 13.430.602 hectáreas el año 1997 a 13.599.610 en 2011. Esto sin considerar la situación de las plantaciones forestales, que por otra parte ocupan terrenos degradados y no compiten con la vegetación nativa. Esta es la cifra oficial y validada técnicamente. Si esta cifra no es exacta, sería bueno que quienes la desconocen entreguen públicamente estudios que refuten estas cifras oficiales.

Por otro lado, la aseveración acerca de que las plantaciones forestales no son bosques y por lo tanto no deben incluirse en las estadísticas de bosques, fuera de no aportar elementos novedosos al desarrollo del sector forestal, constituye una aseveración irrelevante. Las plantaciones forestales deben ser juzgadas por lo que son y no por lo que no son. Constituyen un aporte económico, ambiental y social que genera riqueza al país y no amenaza al bosque nativo.

Según FAO, la superficie mundial de bosques es de 4.000 millones de hectáreas, un 30% de la superficie terrestre. Asimismo, la superficie mundial de plantaciones forestales, es de 270 millones de hectáreas, es decir, un 6% del total mundial de bosques. Sin embargo, su aporte a la producción mundial de madera se acerca al 50% del total. Estas cifras hablan de la eficiencia, medida en producción por unidad de superficie, de las plantaciones, permitiendo que más bosque sea protegido o dedicado a fines de producción de baja y mediana escala en beneficio de sus dueños.

Evidentemente el manejo sustentable de plantaciones forestales en Chile puede y debe perfeccionarse. Pero esta demanda no es distinta a la que debe hacerse a cualquier proceso productivo al que se le deben exigir mejoras permanentes. Así lo ha entendido la industria forestal, que se encuentra incorporando en sus operaciones exigentes estándares de distintos procesos de certificación ambiental.

Resulta lamentable que el establecimiento de más de dos millones de hectáreas de plantaciones forestales en terrenos degradados haya pasado de constituir una hazaña de la que deberíamos sentirnos orgullosos, a una aberración ambiental que nos presenta ante la sociedad como destructores de nuestro patrimonio natural. Y lo más lamentable de esta situación es que sean ingenieros forestales, apelando a una mal entendida defensa del bosque nativo, los que hayan afectado tan gravemente la imagen de nuestra profesión, que siempre debió ser asociada al cuidado y protección de nuestros recursos naturales, entre los que destaca el suelo.

Precisamente es el suelo, que antes iba a parar al mar, el más agradecido de que existan las plantaciones forestales. Basta de mitos y verdades a medias, construyamos juntos el país forestal que todos queremos, en un marco de respeto y con propuestas social, ambiental y económicamente viables.

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