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Estabilización de la actividad (aunque acelerarla es el desafío)

JORGE SELAIVE Economista Jefe Scotiabank y Académico FEN U. de Chile

Por: JORGE SELAIVE | Publicado: Viernes 28 de julio de 2023 a las 04:00 hrs.
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JORGE SELAIVE

La actividad económica ha mostrado una caída casi consecutiva desde noviembre 2021. Cuando se observa a nivel sectorial, si bien el área de servicios se muestra más resiliente, en ningún caso evidencia aceleración. La medida desestacionalizada de dicho sector en mayo es similar a la de enero.

Se podría concluir que la economía dejó atrás el necesario ajuste macroeconómico, aunque para la construcción la situación podría catalogarse como una prolongada recesión; mientras que el comercio, el sector emblema del desajuste macroeconómico, presenta un nivel de actividad similar al de la última parte de 2020. La situación del empleo no luce favorable, con cambios en composición y pocas vacantes.

“En un contexto donde la inflación continúa retrocediendo, pero la actividad no muestra la proyectada aceleración que contemplan las expectativas de consenso, las miradas se volcarán con mayor intensidad hacia la política monetaria”.

Este ajuste macroeconómico fue necesario para consolidar el regreso de la inflación a 3%, recibiendo vientos de cola de una consolidación fiscal de corto plazo y un ambiente de menor incertidumbre política.

La actividad se ha estabilizado en el margen, y espero que en vez de “ajuste económico” ahora abunde el término “estabilización económica”. Sin embargo, la tarea es acelerar la actividad, pues en este escenario la simple estabilización constituye parte de un diagnóstico más profundo: un sobre ajuste económico. Considere que para que la economía presente un crecimiento del PIB nulo o positivo este 2023, se requiere una aceleración en los meses que vienen. No es suficiente con los niveles recientes de estabilización.

¿Cuáles serán los conductores de una moderada, pero sostenida aceleración de la actividad los próximos trimestres? Habrá pocos y se les pedirá mucho. Por un lado, la reducción de la incertidumbre política ya hizo su trabajo, principalmente a través de una fuerte apreciación del peso y el rechazo a políticas públicas poco ortodoxas. El ambiente reformista se moderó, pero amplios y duraderos acuerdos en el ámbito tributario y de pensiones no se zanjarán rápidamente.

Por el lado externo, la situación luce desafiante e incierta. En efecto, China, nuestro principal socio comercial, atraviesa cuestionamientos respecto de su capacidad para solucionar desequilibrios internos y el mundo desarrollado aún no termina de manera convincente su lucha contra la inflación. Mantendremos los actuales niveles de incertidumbre externa al menos por el resto de este año.

Nos queda entonces la política monetaria. Como siempre, la primera barrera para moderar el ciclo económico. La brecha de actividad se ha tornado negativa y la inflación ha cedido a niveles que la hacen incompatible con mantener la tasa de instancia tres veces su nivel neutral. En un contexto donde la inflación continúa retrocediendo, pero la actividad no muestra la proyectada aceleración que contemplan las expectativas de consenso, las miradas se volcarán con mayor intensidad hacia la política monetaria.

En el escenario más probable por ahora, con retroceso inflacionario y estabilización económica, síntoma de un sobreajuste, la política monetaria actuará con convicción. Llevar la TPM hacia un nivel más cercano al neutral será muy probablemente la voz del consenso que escucharemos para lograr el despegue o aceleración económica. Sin embargo, pedirle a la política monetaria más de lo que puede dar sería un error. El crecimiento sostenido y duradero va más allá de la política monetaria. Necesitamos imperiosamente un repunte de la inversión y se deben evitar todas las iniciativas (legales y económicas) que la amedrenten o paralicen.

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