Editorial

La posibilidad que ofrece la Enade

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Mañana tendrá lugar el Encuentro Nacional de la Empresa 2024 en medio de un clima descrito de manera transversal en distintos análisis como “tenso” o “poco amigable” entre el mundo empresarial y el Gobierno. Dos columnas en estas páginas lo abordan con distintos enfoques.

Este ambiente, sin duda, ha sido parcialmente abonado por declaraciones enfrentadas y mutuas críticas de ambas partes, en ocasiones escasamente constructivas (y a ratos confusas). Pero es igualmente indudable que el país enfrenta severos problemas que en el último año sólo se han agravado -la mayor inseguridad es el que provoca más inquietud-, por lo que difícilmente cabría esperar un ambiente optimista en esta cita anual entre el Ejecutivo y el sector privado.

Si bien algunas cifras económicas recientes representan un bienvenido respiro, ellas se anticipan transitorias, y el balance general sigue siendo magro, al igual que son poco alentadoras las proyecciones de mediano y largo plazo. Y tampoco a nivel internacional hay muy buenas noticias económicas, en gran medida por factores geopolíticos que elevan costos y elevan la incertidumbre.

En este contexto, una forma segura de desaprovechar el potencial de la Enade como espacio de diálogo y encuentro entre Gobierno y empresas sería transformarla en tribuna de mutuas recriminaciones, por válidas que sean. Iniciada ya la segunda mitad del actual mandato presidencial, y suficientemente conocidas las áreas de diferencia insalvable, lo más productivo sería enfocarse en los ámbitos de coincidencia. Estos son relativamente pocos en torno a las reformas que se tramitan en el Congreso, pero sí existen respecto de la necesidad crucial de atraer inversión, estimular el crecimiento, promover el empleo formal y -para que todo esto sea posible- controlar la delincuencia. Desde esas coincidencias se puede construir una agenda común.

Las críticas que han levantado distintos gremios, líderes empresariales, expertos académicos y actores políticos a lo que perciben como un deterioro preocupante de los fundamentos del progreso no deben entenderse como impulso obstruccionista, sino como preocupada señal de alerta.

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