Más de 100 banqueros centrales se reunirán la próxima semana -entre el 27 y 29 de agosto- en la tradicional cita de Jackson Hole, que este año será testigo del debut del nuevo presidente de la Fed, Kevin Warsh.
El líder del banco central estadounidense llegará a la cita, que se desarrolla en Wyoming, en momentos en que los inversionistas todavía intentan descifrar su estilo, mientras la inflación sigue por encima de la meta y las turbulencias en el mercado de deuda han vuelto a poner a las tasas de largo plazo en el centro de la discusión.
El encuentro, en el que la Reserva Federal de Kansas oficia como anfitriona tendrá como título este año “Innovación financiera: implicancias para los pagos y la política monetaria”. Pero, como suele ocurrir, el tema oficial probablemente quedará en un segundo plano frente a las señales que pueda entregar el presidente de la Fed sobre el rumbo de las tasas.
Warsh ha hecho de la reducción del forward guidance una de las principales diferencias respecto de sus antecesores. La estrategia obliga a los mercados a depender más de los datos y de las intervenciones individuales de los miembros de la Fed, resultando en un banco central menos predecible, lo que ha contribuido a la volatilidad de los bonos soberanos observada esta semana.
El contexto tampoco facilita la tarea. Las minutas de la reunión de julio mostraron una preocupación creciente por la persistencia de la inflación. La Fed mantuvo la tasa entre 3,5% y 3,75% por quinta reunión consecutiva, pero tres miembros votaron por un incremento de 25 puntos base y otros participantes también expresaron disposición a endurecer la política si las presiones de precios no ceden. Al mismo tiempo, las señales más débiles del mercado laboral y del consumo han llevado a los inversionistas a reducir sus apuestas por una nueva alza inmediata.
Así las cosas, Warsh llegará a Jackson Hole con una tarea compleja: convencer al mercado de que la Fed mantiene su compromiso con la estabilidad de precios, sin comprometerse con un movimiento específico en septiembre que sume volatilidad a los mercados.
Datos antes de Wyoming
Antes de escuchar a Warsh, los inversionistas recibirán el miércoles 26 un paquete de cifras especialmente relevante. El Departamento de Comercio publicará de manera simultánea la segunda estimación del PIB del segundo trimestre y el reporte de ingresos y gastos personales de julio, que incluye el índice de precios PCE, la referencia de inflación preferida por la Fed.
La primera estimación mostró que la economía estadounidense creció a una tasa anualizada de 1,5% entre abril y junio, frente al 2,1% de los primeros tres meses del año. El consumo siguió expandiéndose, pero se desaceleraron la inversión y las exportaciones y cayó el gasto público. Más importante para la Fed, el PCE subyacente se ubicó en junio en 3,3% anual, todavía bastante lejos de la meta de 2%.
Una moderación definitiva de la inflación en julio daría respaldo a la estrategia de esperar antes de volver a elevar las tasas. Una sorpresa al alza, por el contrario, reforzaría a quienes ya defendieron un incremento en julio y aumentaría la presión sobre Warsh para explicar cómo piensa devolver la inflación a la meta.
El martes se conocerá el índice de confianza del consumidor de Conference Board y nuevas cifras del mercado inmobiliario. Serán referencias útiles para determinar si el menor dinamismo que han mostrado recientemente algunos indicadores de consumo está comenzando a extenderse al resto de la economía.
El otro gran examen: Nvidia
El mismo miércoles 26, después del cierre de Wall Street, Nvidia presentará sus resultados del segundo trimestre. La empresa proyectó ingresos por US$ 91.000 millones, con un margen de variación de 2%, después de registrar ventas récord por US$ 81.600 millones en el trimestre anterior, un aumento de 85% en doce meses. Solo su negocio de centros de datos facturó unos US$ 75.200 millones, 92% más que un año antes.
Nvidia se ha convertido en una referencia para medir la velocidad de las inversiones en inteligencia artificial y una parte relevante de las expectativas de crecimiento incorporadas en las valorizaciones de Wall Street.
Esta vez habrá varios elementos bajo observación. Primero, si la demanda por sus procesadores mantiene el ritmo necesario para justificar las inversiones multimillonarias anunciadas por las grandes tecnológicas, y que incluso han llegado a presionar el mercado de bonos soberanos.
Además, Nvidia elaboró su proyección para el trimestre sin considerar ingresos por ventas de procesadores para centros de datos en China, mientras en las últimas semanas Beijing ha comenzado a flexibilizar parcialmente las restricciones a la importación de algunos chips de última generación.
Fuera de EEUU, la agenda será menos intensa. Alemania publicará el martes el índice de confianza empresarial; China entregará el jueves sus utilidades industriales de julio; y Japón cerrará la semana con datos de inflación y nuevas cifras del mercado laboral. 