Y aunque en las últimas dos semanas se ha registrado una mejora, señala este dirigente, “como la pesca es una actividad que involucra muchas variables, aún es prematuro saber si esta mayor captura es puntual o marcará una tendencia a futuro”, por lo que sugiere esperar al menos un mes.
El origen del descalabro es climático y oceanográfico, explica Monserrat Jamett, gerente de Sustentabilidad de Pescadores Industriales del Biobío. La reducción de la captura está “fuertemente influenciada por el fenómeno de El Niño, que generó que los cardúmenes de especies como el jurel migraran fuera de sus zonas habituales de pesca”.
El director del Instituto de Investigación Pesquera (Inpesca), Aquiles Sepúlveda, profundiza que las especies pelágicas, como jurel y anchoveta, al habitar “en la zona superficial de la columna de agua, son altamente sensibles a variaciones en la temperatura del mar, cambios en la disponibilidad de alimento, desplazamientos de masas de agua y a la dinámica propia del sistema de la Corriente de Humboldt”. Así, agrega, “estos factores pueden modificar su distribución espacial y disponibilidad para la pesca, afectando directamente los niveles de captura”.
Este experto muestra cierto optimismo respecto a los próximos meses. En las últimas semanas, señala, se lograron capturar unas 28 mil toneladas de jurel en la zona centro-sur, “cifra que se aproxima a una semana normal de operación”, concentrándose la pesca en áreas más alejadas de los puertos del Biobío y frente a Chiloé.
Esto, dice Sepúlveda, “permite proyectar una mejora gradual”, aunque siempre que las condiciones ambientales continúen siendo favorables. “La entrada del invierno, junto con sistemas frontales y cambios oceanográficos propios de la estación, podría contribuir a restablecer condiciones más habituales”, anticipa.
“La Ley de pesca grava con royalty a los pesqueros industriales puedan o no capturar sus cuotas (...) “es de locos y no se condice con los royalties que hay en otras industrias”, dice el CEO de Camanchaca.
Impacto operacional
Pesqueras consultadas por DF confirman que el diagnóstico general entregado por Sandoval se reproduce a nivel particular en sus compañías. El gerente de Negocios Pesca de Blumar, Ignacio Mir, cuenta que la pesca se vio frenada por El Niño desde febrero y que al cierre de junio registraron un déficit de un 70% en las capturas proyectadas de jurel; mientras que el gerente general de Camanchaca, Ricardo García Holz, revela que como compañía registran una disminución de un 63% en la pesca de jurel en la zona centro-sur, la más importante para esta pesquería.
García, además, plantea que la urgencia a nivel nacional es mayor aún: “En los últimos cinco años, la industria chilena había capturado a junio el 85% de las cuotas anuales y este año llevamos solo un 37,6%, esto es, una caída de 56% del avance histórico (...) estos primeros siete meses son muy importantes pues después el jurel migra lejos de Chile y solo regresa en diciembre”.
Como el volumen remanente supera las 700 mil toneladas, agrega, julio y los inicios de agosto serán clave para el año de la pesca. Y en el caso de la anchoveta en el norte, dice, El Niño ha golpeado con más fuerza y las capturas han caído 75%. “Esto afecta principalmente a pescadores artesanales que son los que la pescan mayoritariamente. Y cuando se miran las capturas del norte entre todas las especies, la caída a junio es de 59%. Por todo ello, hay una gran preocupación económica y social, el sector está muy golpeado”, advierte.
Respecto a la anchoveta, Ignacio Mir también hace el punto de que el desabastecimiento de esta pesquería en Perú hizo disparar los valores internacionales de la harina y el aceite de pescado -pues se usa para producirlas-, lo que ha significado otro efecto negativo para el sector.
Con todo este escenario, Camanchaca realizó un cierre anticipado de su planta de conservas de jurel en Coronel y aplicó “ajustes de gastos e inversiones para contener las mermas”, detalla García.
El marco legal
Con todo, ambos ejecutivos critican el efecto que tiene la regulación del sector ante una crisis así.
“La Ley de pesca grava con royalty a los pesqueros industriales puedan o no capturar sus cuotas, por lo que frente a un Niño que merma substancialmente los recursos, no hay materia prima para procesar, producir y generar márgenes para pagar los impuestos de algo que no pudo capturarse”, dice García.
En esa línea, Mir postula que la “rigidez” del marco regulatorio, laboral y tributario, con impuestos específicos que se pagan a todo evento, “limita la adaptabilidad para absorber costos ante las variables de la naturaleza y los riesgos inherentes de esta actividad”.
El CEO de Camanchaca estimó que “es de locos esta forma de cobrar impuestos, y no se condice con los royalties que hay en otras industrias chilenas donde se paga por producción o por márgenes”.
Y subraya que la nueva Ley de fraccionamiento no tiene nada que ver con la poca disponibilidad de peces, pero sí afirma que “intensificó la incertidumbre con la cual trabaja la industria, que no solo tiene que lidiar con la naturaleza azarosa, sino con incerteza jurídica e inestabilidad de la institucionalidad. Eso desvaloriza las inversiones que son grandes y nos deja peor preparados para enfrentar eventos como el Niño”.