Empresas Mardones, compañía del Biobío con más de un siglo de historia ligada al suministro de durmientes ferroviarios, está acelerando su plan de expansión para hacer frente a una crisis silenciosa que enfrenta el país debido a la rápida obsolescencia de su estructura vial.
Hoy, el Ministerio de Obras Públicas (MOP) administra más de 2.100 puentes de madera, de los cuales más de 90% no soporta el tránsito de vehículos que superen las 15 toneladas. Gonzalo Mardones, gerente general y dueño de la empresa, explica que esto representa un enorme cuello de botella en la logística del transporte terrestre. "Por estos puentes que fueron diseñados hace ya más de 50 años, hoy transitan camiones de 30 toneladas o más", advierte el empresario.
Gonzalo Mardones, gerente general y dueño de Empresas Mardones.
El problema radica en que, históricamente, estas obras se han construido con madera sin preservación química, quedando expuestas a la humedad y a los hongos, lo que obliga a reemplazar entre 15% y 20% de sus piezas cada año. La alternativa tradicional de la Dirección de Vialidad del MOP es sustituirlos por viaductos de hormigón, pero es un proceso que demora más de dos años por estructura y avanza a una tasa de apenas 30 a 40 recambios anuales.
"Si pensamos en este universo de 2 mil puentes a una tasa de renovación de 40 por año, se van a demorar 50 años", enfatiza Mardones, cuestionando el impacto productivo de estos recambios. "¿Qué hace la industria agropecuaria para poder competir? ¿Cómo maximiza estas rutas que hoy son extremadamente largas buscando un puente que tenga las características que les permita pasar con los camiones que tienen?"
Tecnología e industrialización
Para resolver esta brecha de infraestructura sin los altos costos y tiempos del hormigón, la compañía trajo manuales de construcción norteamericanos y adaptó su ingeniería para desarrollar puentes modulares que aprovechan la resistencia a la tracción y compresión de la madera a lo largo de su fibra. El diseño estructural contempla luces libres (distancia entre los apoyos estructurales o vigas) de 10 metros, anchos de hasta 7,25 metros y una capacidad de soporte para camiones de carga completa de 45 toneladas.
Para lograr esta resistencia, no utilizan piezas sólidas masivas, sino vigas de alma reticulada o celosía, compuestas por elementos de menor tamaño dispuestos de manera diagonal, vertical y horizontal.
Gracias al tratamiento químico, estas estructuras exhiben hoy una durabilidad superior a los 27 años.
Toda la producción se realiza en su planta de más de cuatro hectáreas con precisión milimétrica mediante máquinas de Control Numérico Computarizado (CNC). "Esto es lo que se conoce como Construcción Modular Industrializada. Esta es la innovación, porque en el país nunca se habían hecho puentes modulares tipo mecano en madera", destaca el ejecutivo.
La vida útil de estos componentes también dio un salto sustantivo gracias al tratamiento de preservación química que Empresas Mardones introdujo junto a Vialidad de Aysén en 1998, logrando que hoy las estructuras exhiban una durabilidad superior a los 27 años sin evidencias de biodeterioro orgánico.
Cifras y plan de inversiones
En términos financieros, la compañía registró ventas por cerca de US$ 11 millones en 2025 y espera un incremento de al menos 10% para 2026. Actualmente, 40% de sus ingresos provienen de la minería y cerca de 60% de la industria ferroviaria, con el sector vial aportando 10%. No obstante, las proyecciones para esta última división son las con mayor potencial. La empresa espera que la infraestructura pública represente 30% de la facturación en cinco años, y potencialmente más de la mitad de las ventas totales en una década, impulsadas por el interés de nuevas regiones como Magallanes, Coquimbo y Maule.
Para sustentar esta innovación tecnológica, Empresas Mardones ya ha concretado inversiones por US$ 2 millones en su área vial, destinando 70% a maquinaria robótica y el 30% restante a ingeniería. Si las metas de crecimiento a cinco años se cumplen, la compañía proyecta invertir US$ 8 millones adicionales en equipamiento y líneas de CNC antes de 2030, asegurando que sus actuales instalaciones físicas y galpones tienen capacidad suficiente para permitir la expansión.
Todo esto se ha acompañado de una estrategia comercial de estabilización. Luego de verse forzados a traspasar las fuertes alzas de costos de energía y materiales vividas en 2021 y 2022, la firma congeló sus tarifas en términos reales. "Los precios que dejamos postpandemia los hemos mantenido, simplemente ajustamos por IPC, y eso nos ha permitido también conseguir que los clientes nos vean como un colaborador estratégico y no una empresa que se aprovecha puntualmente de variaciones de los mercados", valora el dueño.
Empresas Mardones forma parte de la asociación de Familias Empresarias de Chile (FEC), organización que apoya a este tipo de compañías en su proceso de profesionalización.
Sector privado y exportaciones
Si bien su principal cliente es el MOP, con la Dirección de Vialidad de Los Lagos liderando la demanda de tableros modulares, seguida por Aysén, La Araucanía y el Biobío, Empresas Mardones también explora activamente clientes más allá de la red estatal.
En el sector privado han sostenido conversaciones con empresas que desarrollan parques eólicos para habilitar accesos rápidos temporales sobre accidentes topográficos. Asimismo, trabajan regularmente con generadoras eléctricas para reparar e instalar puentes en zonas precordilleranas y en el sector inmobiliario están incursionando en condominios y parcelas de agrado. A nivel municipal, ya han construido estructuras modulares para las comunas de Gorbea y Concepción.
En Argentina, Brasil, Perú, Bolivia, Paraguay y Uruguay existen de 50 mil puentes artesanales que no resisten cargas modernas.
El mercado internacional también figura en el horizonte de la empresa. Según sus análisis, en Argentina, Brasil, Perú, Bolivia, Paraguay y Uruguay existe un parque de aproximadamente 50 mil puentes artesanales que no resisten cargas modernas. A esto se suma Australia, donde hay 40 mil puentes construidos con madera de eucalipto, especie que hoy enfrenta duras restricciones de cosecha, obligando al país oceánico a buscar soluciones externas rápidas que compitan con la lentitud del hormigón. Sin embargo, la prioridad actual de Mardones es consolidar el mercado nacional, instalando decenas de puentes locales que sirvan como carta de presentación para sus futuros clientes en el exterior.
Barreras culturales
A pesar de los avances y el ahorro en recursos públicos, la masificación de la infraestructura en madera en Chile enfrenta un profundo obstáculo cultural. Mardones es crítico del ecosistema nacional: "Chile no es un país con cultura industrial de la madera, siendo un país forestal, ha sido típicamente un país productor de pulpa para la celulosa. La formación de los ingenieros que hoy están detrás de la infraestructura pública no tiene una fortaleza en la madera, tiene una fortaleza en hormigón y en acero".
Esta falta de familiaridad técnica provoca resistencias en las bases de los mandantes públicos. El propio Manual de Carreteras define a las obras de madera como estructuras transitorias. "Si nosotros revisamos el manual dice que los puentes de madera son provisorios. Por supuesto que son provisorios si se usan sin preservación y duran naturalmente cinco años, en eso no se equivocan", afirma Mardones, pero agrega que el gran desafío de la industria maderera es articular misiones con las universidades e institutos formativos para que las nuevas generaciones entiendan el potencial permanente de este material constructivo.