“Fui un gran emprendedor dentro de la misma Nestlé”, cuenta Luis Medina Caviedes, un ex alto ejecutivo de la firma, en cuya vida laboral llegó a lo más alto en esta compañía de origen suizo en Chile. Esto, pese a no haber contado en sus orígenes con preparación académica, lo que lo llevó a escribir un libro.
Hijo de una dueña de casa y de un empleado público que trabajó en el Ministerio de Justicia, Luis Medina estudió en la Escuela 233 de La Cisterna y luego en la Escuela Industrial José Santos Ossa, de la que salió con preparación en mecánica. Pero no fue a la universidad, sino que se enroló para hacer el servicio militar, destinado a Arica. “Quería ser alguien en la vida, pero necesitaba generar mis propios recursos, tener autonomía”, contó a DF MAS. Por ello, tras llegar a ser suboficial mayor, comenzó su vida laboral.
Su primer trabajo fue de estafeta en una compañía de seguros, haciendo aseo y trámites. Luego, entró como administrativo al entonces Consejo Nacional de Menores (que luego fue el Sename) y, más tarde, al Ministerio de Justicia, y tras esa jornada laboral, complementaba en la noche con otro trabajo en una firma de captación de agua, que hacía pozos, donde tuvo la primera oportunidad de ser “analista contable”, gracias a una hermana que le enseñó a llevar la contabilidad y a su propia preparación autodidacta con libros. Sin embargo, aquella firma quebró y tuvo que buscar otro rumbo, apremiado por encontrar empleo, mientras para subsistir compraba ropa en Patronato y la llevaba al campo para, mediante el trueque, hacerse de hortalizas para venta en Santiago. Eso, hasta que postuló a un puesto de analista contable disponible en Savory, amparado en que ya sabía llevar un libro de contabilidad.
Pero la vida tenía más vueltas: el puesto estaba disponible para tres meses más, por lo que tomó un puesto por 15 días de reemplazo como telefonista, en el área administración y ventas. Sería el punto inicial de una carrera ascendente dentro de Nestlé, luego de que ante la falta de un trabajador que estaba con licencia, le pidió al jefe la oportunidad de hacer y cuadrar el cierre de ventas en el libro de contabilidad, en una época en que no había computadores.
Ahí Medina pasó a vendedor. Luego, a supervisor de ventas y más tarde a marketing. La misma firma lo envió a un curso de administración de empresa en la Universidad de Chile, de noche. Pasó a ser product manager en Findus (congelados) y luego en Maggi. Luego lo mandaron a entrenamientos fuera de Chile, a Francia, Suiza y Alemania -los que sorteó aprendiendo inglés sobre la marcha, de manera autodidacta, e incluso adquirió nociones de francés-, y a su regreso, fue nombrado jefe regional y luego nacional de ventas en Savory, cargo en el que estuvo ocho años y disparó las ventas de esta unidad, de 7 millones a 50 millones de litros de helado al año.
Y siguió escalando: pasó por la unidad de refrigerados (yogures y postres), confites (Hucke y McKay), la unidad ABL (Alimentos, Bebidas y Culinarios), hasta llegar a ser gerente de ventas corporativo de Nestlé, cargo en el que estuvo por 14 años, primero con Manuel García y luego con Fernando del Solar como CEO de la firma.
Durante esta trayectoria, recuerda Medina, se fue perfeccionando académicamente. Hizo cursos en Kellogg y el PADE, entre otros, y tras retirarse de Nestlé en 2016 al jubilarse, fundó su propia consultora, LMC Business Consulting Group, donde entrega consultoría en estrategias comerciales a otras compañías.
A sus actuales 73 años, además, logró concretar un sueño que amasaba: escribir un libro, en el que aprovecha su propia experiencia de vida para reflexionar sobre alcanzar sueños y metas imposibles, texto que fue lanzado en el ESE Business School de la Universidad de los Andes, por Alfredo Enrione hace unos días. “Mi mensaje principal es que se construye viviendo, equivocándose. Tú provoca que las cosas pasen”, cuenta Medina.