La Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) protagonizó esta semana un nuevo conflicto con el Vaticano al consagrar cuatro obispos sin autorización del papa León XIV. El miércoles, la congregación tradicionalista desafió la autoridad del pontífice al realizar las consagraciones en Écône, Suiza, sin mandato pontificio. Un día después, la Santa Sede respondió declarando la excomunión de los obispos involucrados.
Aunque el conflicto se desarrolló a más de 11 mil kilómetros de Chile, la organización mantiene una presencia estable en el país desde la década de 1990. Su principal sede es el Priorato Cristo Rey, en la comuna de Las Condes, desde donde coordina misas, retiros espirituales y actividades pastorales para sus fieles.
La Fraternidad llegó a Chile en la década de 1990, luego de que un grupo de laicos gestionara su instalación en el país. Según un reportaje de El Mercurio, quienes impulsaron su llegada sostenían que el obispo diocesano de turno estaba enseñando “mucho modernismo doctrinal”. En sus primeros años, el priorato funcionó en la esquina de Chile España con Irarrázaval y posteriormente se trasladó a su actual sede en Las Condes.
Hoy el superior de la Fraternidad en Chile es el sacerdote argentino Carlos Caliri. Además del priorato de Santiago, la organización mantiene capillas en La Serena, Viña del Mar y Temuco, y depende administrativamente del Distrito de Sudamérica, cuya sede se encuentra en Martínez, en las afueras de Buenos Aires.
A nivel internacional, la Fraternidad fue fundada en 1970 por el arzobispo francés Marcel Lefebvre y sostiene que las reformas introducidas por el Concilio Vaticano II modificaron aspectos esenciales de la tradición Católica. Por ello mantiene la celebración de la misa tridentina en latín y defiende una interpretación más estricta de la doctrina.
Antes de las ordenaciones, el superior general de la Fraternidad, Davide Pagliarani, envió una carta al Papa y al Colegio Cardenalicio en la que sostuvo que la Iglesia atraviesa una crisis doctrinal y llamó a volver a la “Tradición” como fundamento de su renovación.
La Fraternidad también había defendido públicamente que las consagraciones episcopales sin mandato pontificio no constituían un cisma, argumentando que no buscaban crear una Iglesia paralela ni atribuirse una jurisdicción independiente de Roma. Ese argumento fue rechazado por el Vaticano.
Tras las consagraciones del 1 de julio, la Santa Sede declaró que el acto consumó un nuevo cisma.