El rechazo de la acusación constitucional en contra del exministro de Hacienda Nicolás Grau reveló una ruptura significativa al interior del oficialismo, esencialmente porque en algunos partidos de gobierno no existía la convicción de que el libelo tuviera asidero jurídico, sino más bien todo lo contrario. Tanto es así, que en la Cámara de Diputados, que la aprobó, el resultado fue mucho más estrecho de lo que se vaticinaba; mientras que en el Senado -donde el quorum para que viera la luz era de 26- sólo los capítulos primero y tercero alcanzaron la votación más alta del oficialismo, de sólo 16 votos.
¿Qué efectos puede generar en el sector este fracaso? Existen distintas miradas. Para la mayoría, este episodio da cuenta de las dificultades que ha tenido el sector para crear una unidad, que no necesariamente es uniformidad de pensamiento, que le permita avanzar hacia un objetivo común, debido a que la meta a la que aspiran tampoco es compartida en su totalidad: un periodo más en La Moneda, al menos. Y ahí se visualiza, por lo bajo, al Partido Republicano (PR), que pretende prolongar su estadía; al Partido Nacional Libertario, con Johannes Kaiser su timonel y candidato presidencial; y, Chile Vamos.
De ahí que el director del Magister en Gobierno y Dirección Pública de la Universidad Autónoma, Eric Latorre, advierta que “todos van a tener que tomar decisiones que, en algún momento, van a chocar con el gobierno”.
Pero esta aseveración es el final de la historia y no el comienzo. El inicio está en el Partido Nacional Libertario (PNL) que es el que impulsó la acusación constitucional, a la que el Partido Republicano, fundado por Kast, estuvo obligado a sumarse para no parecer menos duro que la tienda de Kaiser, explica Latorre. Y agrega que el PNL tiene el desafío de que, apoyando al gobierno, debe diferenciarse del PR, para aspirar a llegar a La Moneda, por lo que pronostica que “Kaiser, cada vez que pueda va a marcar las diferencias”.
Efectos concretos
En este relato, Latorre continúa haciendo ver que con el discurso del gobierno acerca de las cuentas fiscales y las críticas que, en esta materia, algunos de sus personeros, especialmente el titular de Hacienda Jorge Quiroz, llevaron al paroxismo, “estaba el escenario servido para una acusación constitucional”. Y que aunque no tenía fundamento jurídico alguno, el PNL sólo necesitaba marcar el punto político.
Pero el gobierno se vio obligado a sumarse, “con puros costos”, ya que permitió que la oposición se uniera tras la defensa de Grau; como se sumó a la presentación del mecanismo fiscalizador le dio el punto al PNL de ser el más duro, en desmedro del Partido Republicano; aleja al gobierno de Chile Vamos; “Quiroz queda en la mira de la oposición pata una eventual acusación”; y, le pone incentivos a la oposición para pedir más, en el contexto del proyecto misceláneo, detalla Latorre. Es decir, añade, la acusación “generó un clima” y al “no ser capaz de frenarla, el gobierno quedó capturado”.
Si bien desde el primer gobierno de Bachelet ninguno ha sido capaz de manejar a sus parlamentarios por la fragmentación, especialmente en la Cámara de Diputados, “la fragilidad de este gobierno en su popularidad y en lo complejo que se le ha vuelto consolidar su agenda, genera que quede capturado”, porque el mal clima político -explica Latorre- empieza a afectarlo y en el caso del proyecto misceláneo “la gente empieza a pensar que es malo, lo que puede provocar que algunos parlamentarios reevalúen sus posturas frente al tema”.
A lo que se suma que Chile Vamos también tiene que buscar su destino, dice el experto, que además advierte que, en este sentido, es relevante el regreso del extimonel gremialista Pablo Longueira a la política activa porque podría marcar el accionar de la UDI hacia el futuro: si buscará consolidar un eje más de centro o se quedará a disputar el espacio copado por republicanos y libertarios.
La convivencia
Un enfoque distinto es el que expresa el director del Laboratorio de Democracia y Gobierno, de la Universidad de San Sebastián, Kenneth Bunker, que si bien coincide en que habrá más diferencias entre los partidos que apoyan al gobierno, porque republicanos y Chile Vamos no son lo mismo, las desdramatiza, asegurando que “eso era predecible”, especialmente en lo que se refiere a la acusación constitucional, ya que lo que se buscaba era marcar, algo que los libertarios hicieron con toda claridad y levemente más difuso actuaron los republicanos.
Bunker le da menos importancia a las diferencias que su predecesor, porque está convencido de que pese a ellas los partidos de gobierno “pueden convivir perfectamente” y que lo realmente importante es que las discrepancias no se manifiesten en el ámbito legislativo, donde es indispensable la unidad en torno a los proyectos del Ejecutivo.
En otras áreas, insiste el experto, son menos relevantes las diferencias e incluso es viable que los partidos de gobierno tengan distintas agendas. Lo que, como ha dicho Latorre, resulta evidente dado que todos los partidos buscan llegar a La Moneda.