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¿Por qué en Chile no se valora el fracaso emprendedor?

Si bien hay avances, falta que los fondos de venture capital asuman mayores riesgos, tal como ocurre en los países desarrollados.

Por: Reportajes | Publicado: Lunes 17 de abril de 2017 a las 04:00 hrs.
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A nivel mundial sólo 10% de las startups sobrevive, si bien en el país no hay datos, desde Start-Up Chile de Corfo señalan que 51% de las que participan del programa siguen operando después de cinco años. Realidad que lleva a preguntarse si los emprendedores que quedan en el camino persisten y por otro lado, si los inversionistas toleran el fracaso.

Actores del ecosistema concuerdan en que hay avances en una cultura del fracaso, que implique tolerancia y valoración de la experiencia, pero éste sigue siendo una limitante para reemprender, tanto para quienes desean levantar una startup como para los inversionistas locales -que a diferencia de los extranjeros- no se sienten cómodos frente al riesgo.

Rocío Fonseca, directora Ejecutiva de Start-Up Chile, expresa que el fracaso aún es mal visto en Chile y que falta mucho por recorrer. “Cuando fallamos se trata de ocultar es un error, porque se está generando un aprendizaje. Un dato, en el país las mujeres tienen más miedo a fracasar, es de más del 40%, contra el 31% de los hombres”, sostiene.

Fonseca explica que en el programa forman emprendedores, y “más que el fracaso, nos importa que con los mentores y herramientas que les entregamos, después que falle, con todo ese valor agregado, sean capaces de generar otro emprendimiento”.

Hasta ahora no tiene datos de reemprendimiento, pero adelamta que comenzarán a monitorearlo con la Universidad Católica (UC).

Por su parte, Conrad von Igel, director del Centro de Innovación de la UC, afirma que “Chile ha avanzado bastante, como los cambios en la Superintendencia, que pasó de una de quiebra a una de insolvencia, y otra de emprendimiento (…) Hoy se estigmatiza menos el fracaso emprendedor, avanzando, por ejemplo, en rankings internacionales”.

Explica que el emprendedor entiende que es parte del aprendizaje, hay quienes lo hacen más rápido, por ende no necesitan fracasar en grande para aprender. En tanto, desde la perspectiva del inversionista, los que invierten son las empresas tradicionales, a diferencia de otros países donde son emprendedores exitosos.

“En ningún lugar del mundo, excepto Silicon Valley, están esperando que las cosas fracasen. Quieren que las iniciativas a las que apuestan sean exitosas, pero hay más conciencia que eso tiene que ver con un portafolio que va generando apalancamiento mutuo”, sostiene von Igel.

En tanto, Joel Vainsten, gerente de Operaciones del fondo Raicap Chile, expresa que si bien en el país se ha comenzado a valorar la experiencia que le da a un emprendedor haber fracasado, faltan incentivos para que lleguen más fondos que no sólo apuesten por emprendedores primerizos, sino a otros con fracasos a su haber.

“Hay etapas de financiamiento que aún no están bien consolidadas y que son parte del ciclo de inversión de un emprendimiento. Algo crítico ocurre con las inversiones ángeles, etapa que todavía es muy débil, que se convierte en uno de los principales motivos por los que no logran despegar en la post aceleración, porque se quedan sin recursos”, advierte Vainstein.

Desarrollo de la industria

En esta línea, Andrés Meirovich, socio director de Genesis Partners, que administra el fondo de inversión Genesis Ventures, argumenta que en Chile los fondos invierten en negocios con mayor grado de certeza, y cuando se invierte sólo en negocios menos riesgosos queda de lado la innovación.

No obstante, plantea que debido a que la industria local es nueva los inversionistas chilenos no están al tanto de cómo es la realidad del sector en el mundo, es decir, que de un portafolio de 10, a ocho les va mal y sólo a dos les va muy bien. “Esto le genera presión a las startups para no fracasar”, comenta el ejecutivo.

Meirovich señala que si bien Corfo ha sido el gran motor de esta industria, para dar el salto es necesario que se sumen más actores al ecosistema. A su juicio, se requieren incentivos atractivos para la llegada de inversionistas y fondos extranjeros, que no dependan de los subsidios de la entidad estatal. Un ejemplo es la exención de impuestos, como lo hace Reino Unido.

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