En medio de festejos futboleros, a un costado de la Casa Rosada, específicamente en el edificio que alberga el Ministerio de Economía de Argentina, una delegación del gobierno chileno y otra representante del país trasandino firmaron oficialmente este martes la reanudación del Tratado de Integración y Complementación Minera.
La decisión de reactivar formalmente las sesiones de la Comisión Administradora del “tratado minero binacional” se concretó a inicios de mayo en San Juan, en una reunión entre el subsecretario de Minería de Chile, Álvaro González, y el secretario de Minería de Argentina, Luis Lucero.
Y justamente estas autoridades fueron las protagonistas de la cita de este martes, donde se destacó que el objetivo del pacto ya no es solo facilitar el desarrollo de proyectos mineros ubicados en zonas fronterizas, sino que avanzar hacia una integración productiva, donde las dos naciones compartan infraestructura, proveedores, capacidades tecnológicas y creación de valor.
“El tratado permite a las compañías mineras dibujar un proyecto y diseñarlo como si no existiese la frontera”, explicó en una llamada telefónica desde Buenos Aires el subsecretario González a DF. “A modo de ejemplo, pueden haber ciertos yacimientos en que el cuerpo mineralógico se encuentra en Chile, pero que vaya a ser procesado en Argentina y salga por puertos argentinos. Puede darse el caso contrario, en que la mina se encuentra en el lado argentino y los cátodos o concentrados salgan por puertos chilenos, utilizando infraestructura nacional. O pueden darse casos en que haya rajos justo en la frontera y que tengan proveedores de ambos lados. El tratado da flexibilidad para que todo ello ocurra”.
El acuerdo -que data de 1997- ofrece protocolos para proyectos en fase de exploración y otros para explotación. Éstos son solicitados por las mismas compañías y en ellos se determina, también, el área fronteriza en el que se puede desarrollar la faena.
- ¿Es como crear una especie de zona franca para proyectos?
Justamente. Lo que permite hacer es generar una zona franca en cuyo límite las empresas deben establecer ciertos pasos fronterizos de control, pero que permite, por ejemplo, a un chileno circular ingresando físicamente a Argentina, aunque sin necesidad de realizar un trámite aduanero, en la medida en que no salga del área de influencia de los protocolos que han celebrado los titulares con los Estados de Chile y Argentina, bajo el marco de este tratado.
“El tratado permite a las compañías mineras diseñar un proyecto como si no existiese la frontera”, dijo el subsecretario de Minería, Álvaro González. “Es un acuerdo que trae enormes beneficios a ambos países”.
- ¿Y qué gana Chile con reanudar este tratado?
- Lo que gana Chile es pasar de una agenda diplomática muy buena que tenemos con este país a una política económica de desarrollo conjunto entre ambas naciones y de competitividad regional. Nos va a permitir, también, integrarnos en toda la cadena de valor de explotación de estos yacimientos, desde los proveedores que van a poder prestar servicios en estos proyectos binacionales hasta la construcción de infraestructura y la utilización de puertos chilenos. Creo que es un tratado, por tanto, que trae enormes beneficios a ambos lados.
Proyectos y potencialidad
Tras el cierre de Alumbrera en 2018, Argentina prácticamente dejó de producir cobre a gran escala. Por eso, una serie de iniciativas, impulsadas por el apetito global por los llamados minerales críticos, aparecen como candidatas a operar bajo el acuerdo binacional.
Entre las más relevantes, destacan el coloso Distrito Vicuña de BHP y Lundin Mining, con los yacimientos Josemaría y Filo del Sol; Los Azules de McEwen; El Pachón de Glencore, ubicado a menos de 10 kilómetros de la mina chilena Los Pelambres; y Los Helados, de NGex Minerals y Lundin. De hecho, durante la jornada, las autoridades también tuvieron reuniones con representantes de algunas de estas iniciativas que, desde ya, reportaron sus estados de avance y manifestaron su interés por beneficiarse de la alianza.
“Los principales proyectos que se han presentado en este minuto superan los US$ 20.700 millones de inversión proyectada”, sostuvo el subsecretario chileno, y agregó que se espera que las primeras operaciones relevantes inicien hacia el año 2030, con más de 540 mil toneladas de cobre al año de producción estimada.
A esta cartera se suman iniciativas fronterizas en distintas etapas de exploración y desarrollo, como El Alto de Barrick, Mogotes Metals, Los Pelambres y Nexo Andino.
Según un estudio de Cesco-Fundar, la entrada en operación de los principales proyectos binacionales de cobre podría generar para Chile beneficios económicos cercanos a los US$ 11 mil millones, donde US$ 8 mil millones corresponden a inversiones asociadas a infraestructura, bienes y servicios, y cerca de US$ 2 mil millones a logística, proveedores y actividades económicas desarrolladas en Chile.
El próximo paso de las delegaciones será volver a reunirse, esta vez en territorio chileno, para analizar los avances de los proyectos y revisar el otorgamiento de nuevos protocolos a las empresas solicitantes.