¿Deberían Amazon y Google pagarnos por nuestros datos?
Se estima que los datos que Facebook recolecta tienen un valor, en promedio, de US$ 240 anuales por cada adulto estadounidense.
Por: Gillian Tett
Publicado: Lunes 1 de octubre de 2018 a las 04:00 hrs.
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Este mes, la poderosa Reserva Federal de Cleveland ha enviado un flujo constante de tuits sobre una de sus herramientas educativas, un juego gratuito en línea llamado “Escape from the Barter Islands!”. (Escape de las islas de trueque). Está diseñado para enseñarles a los niños (y a los adultos) cómo funciona la economía, utilizando islas ficticias con naranjas, plátanos, uvas, cocos, etc.
El mensaje implícito es que las sociedades primitivas (o islas) se ven obligadas a usar el trueque, ya que aún no han descubierto los placeres del efectivo, de las notas, de las tarjetas de crédito, y otras formas de pago; sin embargo, una vez que estas economías “crecen”, recurren al dinero (y a los bancos centrales), volviéndose más eficientes. En lo que a herramientas de enseñanza se refiere, ésta es una oferta atractiva, y yo aplaudo a la Reserva Federal de Cleveland por haberla ideado. Sin embargo, hay un pequeño problema con el juego: no hemos escapado realmente del trueque.
El trueque sigue siendo parte de nuestra moderna economía cibernética. Tanto es así, de hecho, que no se puede esperar tener una conversación inteligente sobre cómo reformar a los titanes tecnológicos, o “Big Tech”, a menos que se empiece por reconocer su existencia. Para recapitular: muchas de las transacciones que se llevan a cabo en línea involucran dinero. Por ejemplo, si se descarga música de iTunes o se paga la factura de teléfono, habrá dinero involucrado. Pero si se intercambian mensajes con amigos, se navega por Internet, se utiliza un servicio de mapas o se examina un sitio de compras, no existe un “pago” monetario.
Intercambio sin efectivo
A veces estas transacciones se describen como “gratuitas”. Pero ese es un nombre inapropiado. Lo que realmente está sucediendo es un intercambio que ocurre sin efectivo: las compañías de tecnología nos brindan valiosos servicios, pero también recopilan nuestros valiosos datos. No siempre lo notamos o lo medimos, ya que los economistas tienden a centrarse en las transacciones que involucran dinero o crédito. Pero este intercambio es crucial para la economía de Amazon, de Google y de Facebook, y cuanto más exijamos servicios personalizados, más prosperará este trueque.
Esta situación conlleva implicancias más amplias y bastante oportunas, dado que los políticos en Washington se abocaron de lleno la semana pasada a un debate sobre si regular las redes sociales; sus contrapartes en Bruselas amenazan con también controlarlas.
Hoy en día, es popular que los políticos critiquen la forma en que los titanes tecnológicos han explotado a los consumidores tomando sus datos “gratuitamente” y luego abusando de esto. Estas son preocupaciones válidas. Una encuesta reciente realizada por el Centro de Investigación Pew indica que un 91% de los estadounidenses temen haber perdido el control de sus datos y un 64% desea que el gobierno introduzca más controles.
Pero si se quieren debatir soluciones reglamentarias, no sirve de nada hablar de la mitad de esta ecuación (los datos que obtienen las compañías tecnológicas); una mejor forma de enmarcar el problema es reconocer que se está produciendo un trueque, y luego preguntarse si los términos de intercambio son “justos” y, de no ser así, cómo pudieran mejorarse.
Ciertamente existen formas en que los consumidores podrían obtener más poder. En este momento, sospecho que la mayoría de nosotros no queremos abandonar el comercio de trueque, ya que dependemos cada vez más de estos servicios “gratuitos”. De hecho, probablemente nos horrorizaríamos si nos viéramos obligados a pagarlos con dinero en efectivo. Pero es perfectamente posible imaginar formas de otorgarles a los consumidores más poder de negociación. Los reguladores pudieran introducir mecanismos que les permitieran a los consumidores saber cómo se utilizan sus datos; de hecho, ésta es una de las ideas que Ed Markey, un senador demócrata de EEUU, está planteando actualmente.
Rol de reguladores
Los consumidores podrían, y deberían, obtener una verdadera posibilidad de elegir con quién hacen trueques. Esto significa que los reguladores deben tomar medidas para garantizar que las grandes compañías no sean monopolios. Los reguladores europeos ya están conscientes de esto: en julio, Google recibió una multa de 4.300 millones de euros (US$ 5 mil millones) por imponer condiciones anticompetitivas a las empresas que usaban el sistema operativo móvil Android. Hace unos días, la Comisión Europea anunció que estaba investigando a Amazon en relación con la manera en que usa los datos de sus comerciantes. Hasta ahora, los reguladores estadounidenses se han mostrado más reacios a intervenir.
Si se quisiera ser realmente radical, podría ser posible idear un sistema en el que los consumidores pudieran “poseer” sus datos y venderlos por un precio. De hecho, algunos empresarios en Silicon Valley están tratando de idear innovaciones que lograrían eso exactamente, creando una nueva forma de derechos de propiedad digital. Si esto ocurriera, le brindaría más transparencia al valor de la economía digital. Wibson, un mercado descentralizado de datos, estima que los datos que Facebook recolecta cada año valen, en promedio, US$ 240 por cada adulto estadounidense; otros han hecho estimaciones más altas y más bajas.
La logística técnica involucrada en la creación de derechos de propiedad digital sigue siendo extremadamente compleja. Y si las compañías tecnológicas empezaran a pagar en efectivo por los datos, inevitablemente darían un paso más: también cobrarnos por los servicios “gratuitos”. ¿A los consumidores les gustaría más esto? ¿O realmente prefieren el actual comercio de trueque? Nadie lo sabe con certeza. Pero me arriesgaría a apostar que este nuevo cibertrueque permanecerá vigente durante mucho tiempo. Tal vez la Reserva Federal de Cleveland debería actualizar su herramienta educativa y usar datos en lugar de cocos.
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