Una tercera ronda de alivio cuantitativo llenó de esperanzas a los mercados, ante las expectativas de que ayude a apuntalar a la debilitada economía de EEUU. Pero, pese a esa primera reacción, la medida preocupa a las economías emergentes, que ya han sufrido los efectos de dos rondas anteriores.
Aunque el objetivo oficial de la intervención es aumentar la liquidez para hacer caer las tasas de mercado y estimular el gasto, el efecto indirecto es que deprecia al dólar, lo que no le viene mal a la Fed, ya que aumenta la competitividad de las exportaciones.
Pero a medida que caen las tasas en EEUU, aumenta el “carry trade” a los países emergentes. Esto significa que los inversionistas se endeudan en dólares baratos para invertir en mercados más riesgosos con mayores retornos. En el pasado eso significó una masiva entrada de divisas a países como Brasil, Rusia y China. Esta abundancia de dólares encareció las monedas locales perjudicando a los exportadores.
Seis meses después del QE1, la entrada de divisas presionó al alza los valores de las monedas emergentes en 7% y elevó la deuda en divisa local en 15%. Brasilia acusó por eso a EEUU de impulsar una guerra cambiaria.
Ayer, el ministro de Hacienda, Guido Mantega, dijo que no permitirá que el tipo de cambio caiga por debajo de 2 reales por dólar.
¿La misma historia?
Sin embargo, esta vez podría ser diferente, porque los emergentes ya están tomando medidas para paliar el impacto. “La reacción inmediata será el fortalecimiento de las divisas (locales), pero veremos un menor impacto”, dijo a Reuters Kieran Curtis, gestor de deuda emergente en Aviva. En lo que va de 2012, la mayoría de las divisas emergentes se han depreciado frente al dólar y 80% del flujo de inversión en deuda emergente se fue a bonos en dólares.
A la vez, en países como Corea del Sur y Brasil el crecimiento ha caído y han recortado su tasa, aunque esta sigue alta comparativamente.
Pero, lo más importante es que a medida que la crisis europea se extiende, el apetito de los inversionistas por riesgo cae. “Los inversionistas están menos confiados en los mercados emergentes que antes”, dijo Curtis.
El caso para Chile, sin embargo, es más incierto. El peso lleva cuatro meses y medio apreciado y la tendencia podría aumentar. El ministro de Hacienda, Felipe Larraín, advirtió sobre los riesgos esta semana durante el Chile Day en Wall Street.