Click acá para ir directamente al contenido
Columnistas

Toma eso, Estonia

JOSÉ ANTONIO VALENZUELA Director de Incidencia de Pivotes

Por: Equipo DF

Publicado: Miércoles 25 de marzo de 2026 a las 04:00 hrs.

Estonia es el país con mejor gestión ambiental del mundo. Al menos eso indica el prestigioso “Índice de Desempeño Ambiental” de la Universidad de Yale. Pero Estonia tiene mucho que aprender de Chile en la materia.

Y es que en el último día de su mandato, el ahora exPresidente Gabriel Boric firmó su último decreto, creando dos nuevos parques marinos, que si bien fueron retirados por la nueva administración, ya se confirmó su pronto reingreso. Con este hito pasamos a ser el cuarto país con mayor porcentaje de su superficie marina protegida: más de un 50%. Estonia en cambio no alcanza a llegar al 20%.

“Somos la cuarta potencia mundial en decretos de protección de nuestro mar. ¿Quiénes nos ganan? ¿Son acaso nuestros referentes en materia ambiental? La verdad, no. Kazajastán, Nueva Caledonia y Palau integran ese podio al que Chile aspira”.

Pero algo no cuadra, ¿o no? Chile ranquea 64 en el ranking de Yale. O está muy perdida la connotada universidad norteamericana o nuestro frenesí por sacar decretos de protección no implica necesariamente una buena gestión ambiental. Yo me inclino por lo segundo.

De hecho, de los otros líderes ambientales de este ranking, esos que acompañan a Estonia en los puestos de avanzada, tales como Finlandia, Suecia, Noruega y Dinamarca, solo este último pasa del 20% de superficie marina protegida, llegando al 27%. Noruega, un país profundamente ecológico, pero a la vez salmonero como nosotros, tiene tan solo el 1,04% de sus aguas bajo una categoría de protección. Canadá, otro país líder en materia ambiental, pero con vocación productiva en sus costas, supera apenas el 11%.

Somos la cuarta potencia mundial en decretos de protección de nuestro mar. ¿Quiénes nos ganan? ¿Son acaso nuestros referentes en materia ambiental? La verdad es que no. Kazajastán, Nueva Caledonia y Palau son los que integran ese podio al que Chile aspira.

La firma de decretos de forma indiscriminada no nos acerca a una buena política de protección ambiental, ni a un modelo de desarrollo sustentable que compatibilice crecimiento económico y cuidado de nuestra biodiversidad.

Quienes se han tomado en serio el cuidado ambiental no han tenido a esos mecanismos como su principal estrategia, a diferencia de Chile. Quienes además tienen vocación productiva en sus costas, mucho menos.

¿Quiere esto decir que no tenemos que proteger nuestras costas y océanos?

En absoluto. Existen espacios de alto valor ambiental que requieren protección, y eso parte muchas veces con una declaratoria. Sin embargo, se trata de un ejercicio que debe hacerse con rigor e ir acompañado de medidas concretas de protección, supervisión y puesta en valor.

Lamentablemente, en Chile las categorías de protección se han usado por algunos como un instrumento de marketing político, y por otros, como un medio indirecto para generar incertidumbre y trancar la pelota a actividades productivas. Esto, lamentablemente, nos aleja de la meta de desarrollo sustentable y nos acerca al decrecimiento.

Así que dejando ironías atrás, Estonia tiene poco que aprender de Chile, y Chile tiene mucho trabajo por delante cuando se trata de política ambiental y de certezas para una economía sustentable.

Por el momento, sería prudente ponerle un freno a la carrera armamentista de los decretos con declaraciones que pocas veces salen del simbolismo, y pensar en cómo se compatibiliza nuestra estrategia de desarrollo basada en recursos naturales con la importante protección de la rica biodiversidad con la que fuimos bendecidos.

Te recomendamos