El reciente informe del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) para el trimestre móvil marzo - mayo reveló un complejo panorama laboral para la zona centro sur del país. El 9,4% a nivel nacional mostró la alta dependencia de los recursos naturales y las caídas productivas en sectores como la agricultura, pesca y el área forestal revelan, según los expertos, no sólo el alza en la desocupación, sino también un deterioro en la calidad de los puestos de trabajo.
El economista y académico de la Universidad del Desarrollo, Carlos Smith detalló que “a casi todas (las regiones) las une la dependencia de recursos naturales y el agro, que es justo lo que termina cayendo”. Según explicó, esta macrozona está sufriendo las consecuencias de su matriz, ya que “el sur depende de algunos pocos sectores transables, muy expuestos a choques externos de clima, de biomasa, de precio, y sin un colchón de servicio, como lo que pasa en la Región Metropolitana”.
La Región del Maule registró el peor desempeño a nivel nacional. Smith comentó que “ese 10% fue el que se mostró el peor salto del país; o sea, aumentó 2,7 puntos porcentuales y eso es destrucción de empleo puro”. El experto subrayó que esta situación se explica por el desplome del área frutícola y pesca, advirtiendo que “aquí lo más grave es que ni la informalidad lo amortigua, o sea, cayeron las cuentas propias, simplemente se perdió empleo”.
Una situación distinta se vive en O'Higgins, donde el deterioro se originó por la caída en la minería (El Teniente), lo que se tradujo en que “se perdió empleo de buena calidad" y los salarios formales cayeron 5%. Por su parte, Valparaíso anotó un desempleo cercano a 10,3% debido a una fuerte presión por buscar trabajo, donde “lo que aumentó la fuerza laboral fue mucho más que los empleos que se crearon”.
Biobío, precarización del empleo
En la Región del Biobío, el desempleo se situó por segundo período consecutivo en 9,8%, una cifra que escondería un problema estructural severo en el mercado laboral. Smith alerta que, si bien hubo un leve crecimiento del empleo (0,2%), la calidad de este cayó drásticamente. “Estamos cambiando empleo de calidad formal por empleo precarizado, estamos precarizando el mercado laboral en la región, sin protección laboral, sin seguro de desempleo, donde no sólo queda desprotegido el trabajador, también queda protegida la familia”.
A este diagnóstico se suma el análisis del economista del Biobío, Jorge Condeza, quien detalló el grave deterioro productivo que arrastra la región con caídas en exportaciones e industria manufacturera. Condeza advirtió que el 9,8% del INE no captura la magnitud real del problema.
“Todos estos datos muestran la crisis por la que atraviesan los principales rubros de nuestra región, que ya sufrió el embate del cierre de Huachipato”. A esto añade los problemas de demanda y baja de precios en el sector forestal (celulosa) y la merma en la captura del jurel por factores climáticos.
Condeza fue categórico al ilustrar la gravedad de la precarización en la zona, entregando como dato que “a pesar de que en el último año se crearon 1.448 puestos de trabajo, esto esconde que se perdieron 19.399 trabajos formales y se crearon 20.847 trabajos informales subiendo la tasa de informalidad regional a 28,1%”.
Mujeres y jóvenes
Los resultados del INE para marzo – mayo reflejan que el impacto de esta contracción económica ha afectado con mayor dureza a grupos específicos de la población. En regiones como Ñuble, la tasa bajó a 10,1%, pero por razones desalentadoras, ya que “las mujeres jóvenes salieron del mercado (...) porque al final, las condiciones no están o creen que no va a encontrar empleo”, dice Smith.
En esa línea, enfatizó que esta brecha es preocupante porque ha afectado “de golpe a la mujer y a los jóvenes; o sea, la desocupación femenina está superando ampliamente a la masculina en general, y el tramo 15 - 34 años, es el que más se desploma”. Esto ocurre, explicó el académico, porque este grupo ingresa al mundo del trabajo por sectores estacionales o de servicios, que “son los primeros en que terminan ajustándose” ante la crisis de la fruta y la pesca.
Para estos grupos, la falta de oportunidades formales ha forzado un cambio de rumbo laboral, donde “la válvula de escape ha sido la precarización, el buscar ese empleo que no está en el tejido formal, buscarlo por cuenta propia”. Además, se suma el problema del “subempleo escondido”, que supera el 10%, compuesto por personas que necesitan trabajar más horas de las que actualmente tienen, pero que el mercado no les está ofreciendo.