Este viernes todos los ojos del mercado estarán puestos en el debut de SpaceX en el Nasdaq, en una operación que busca levantar cerca de US$ 75 mil millones, la mayor apertura en bolsa registrada en el mundo, y que dejaría a la compañía con una valorización aproximada de US$ 1,75 billones (millón de millones).
Pero el plan que la firma de Elon Musk vende a los inversionistas mira mucho más allá del primer día de transacciones y parece describir los primeros capítulos de un libro de ciencia ficción. En el prospecto presentado ante el regulador estadounidense, la compañía plantea desarrollar una economía lunar como paso siguiente a su negocio espacial –fabricación de cohetes, Starlink y colaboración con la NASA, entre otros- y prerrequisito para comercializar más allá de la Tierra.
Y con ello, apuntar a completar su misión de “construir los sistemas y tecnologías necesarios para hacer posible la vida multiplanetaria, comprender la verdadera naturaleza del universo y extender la luz de la conciencia a las estrellas”.
Una economía lunar
El objetivo declarado es transportar carga y tripulación a la superficie lunar de forma repetible y económicamente viable, apoyado en la reutilización de la nave Starship y el reabastecimiento en órbita para abaratar las misiones.
La hoja de ruta parte por aterrizajes de carga y el regreso de estadounidenses a la Luna, y avanza hacia un flujo entre ambos mundos.
SpaceX sostiene que la base de una economía lunar comercial exige producir agua, combustible y energía solar localmente, condiciones que considera el cimiento de una presencia humana permanente.
Dentro de todo este engranaje, la “piedra angular” es industrial, ya que la compañía fundada en 2002 busca instalar fábricas en la Luna para producir satélites de cómputo de inteligencia artificial a gran escala y lanzarlos con un lunar mass driver, un acelerador electromagnético capaz de lanzamientos de alta frecuencia y bajo costo desde la superficie.
La idea es usar materia prima lunar para construir la mayor parte de la masa de los satélites y enviar desde la Tierra solo los chips y los componentes de menor peso. SpaceX describió ese objetivo como “la primera economía industrial espacial a escala”.
Detrás de este plan asoma una ambición mayor que Musk repite hace años de llevar a la humanidad hacia una civilización de “tipo II” en la escala de Kardashev, es decir, capaz de aprovechar la totalidad de la energía que emite el Sol.
Se suma un negocio de recursos. El prospecto presentado estima que la Luna alberga más de 1 millón de toneladas de materiales y minerales raros con uso potencial en energía nuclear y computación cuántica, que podrían extraerse, procesarse y exportarse a la Tierra mediante Starship, configurando un hub verticalmente integrado.
Sin embargo, la compañía advierte que todo el plan está en etapas tempranas, depende de que Starship opere a escala, y que pueda enfrentar “riesgos conocidos y aún desconocidos”, desde operar equipos en condiciones extremas de temperatura, radiación y polvo hasta sostener presencia humana de larga duración.