Acorde con las expectativas prevalecientes entre los agentes del mercado, el Banco Central decidió este martes mantener la tasa de interés referencial en 4,5% en el marco de su Reunión de Política Monetaria de julio. Dada esta definición, el tipo rector completó siete meses en el mismo nivel.
La decisión, que fue adoptada de manera unánime por los miembros del Consejo, respondió -también como se había anticipado- esencialmente a un cuadro donde revivió la inquietud por los efectos de la guerra que tiene enfrentados a Estados Unidos con Irán.
“El escenario macroeconómico sigue sujeto a un grado de incertidumbre mayor que el habitual, destacando el resurgimiento de los riesgos asociados al conflicto en Medio Oriente”, indicó el ente emisor en el comunicado posterior a la reunión que partió el lunes.
Un contexto que, además, llevó a la entidad a plantear que “será necesaria la constante evaluación de escenarios alternativos en que la respuesta de la economía mundial y local pueda configurar trayectorias de la inflación distintas de las esperadas y requiera cambios en la política monetaria”.
Acerca de próximos movimientos, el Consejo del banco reafirmó que tomará las decisiones necesarias para cumplir con su objetivo de que la inflación proyectada se ubique en 3% en un horizonte de dos años.
¿Menos vuelo de la inversión?
A la hora de repasar el marco en que optó por una nueva mantención del tipo rector, el Banco Central recordó que en mayo la actividad cayó 0,9%, lo que estuvo por debajo de sus proyecciones del Informe de Política Monetaria (IPoM) de junio.
Parte de la diferencia, insistió, sigue explicándose por factores de oferta ligados a recursos naturales, a lo que se suma el bajo desempeño de sectores vinculados a la inversión. Pero, añadió sobre esta última, que “los indicadores de alta frecuencia sugieren que en el segundo trimestre se habría desacelerado más que lo previsto”.
De todas formas, recalcaron que el último catastro de la Corporación de Bienes de Capital continúa reportando un positivo panorama para los proyectos de inversión del período 2026-2029.

Mientras que en el consumo, los indicadores de alta frecuencia muestran un dinamismo menor al de inicios de año, coherente con lo proyectado.
Lo anterior, en circunstancias que el desempleo subió en medio de una creación de puestos de trabajo “que se mantiene débil y costos laborales por hora que se aceleraron”.
Pero frente a lo anterior, el banco destacó que la inflación se ubicó en 4,3% anual en junio, algo por encima de lo previsto en el último IPoM y de las expectativas de mercado.
“La diferencia se explicó por un aumento de la inflación subyacente superior al proyectado, componente que alcanzó una variación de 3,4% anual en el mismo mes”, dijeron.
Pero en tanto las expectativas de inflación de corto plazo aumentaron, en línea con los movimientos del precio del petróleo; la Encuesta de Expectativas Económicas (EEE) como por la Encuesta de Operadores Financieros (EOF) apuntan a un nivel de 3% a dos años plazo.
Resiliencia heterogénea
En cuanto al panorama internacional, el ente emisor planteó que luego de la firma de un acuerdo de cese al fuego en junio -posterior a la anterior reunión-, se produjo una nueva escalada de ataques, lo que hizo subir el precio del petróleo y mantiene la incertidumbre en torno a la normalización de su oferta.
Dado lo anterior, el precio volvió a valores del orden de US$ 100 el barril, alza que se ha moderado recientemente.
También resaltaron que en la actividad global se aprecia un escenario de resiliencia heterogéneo entre países, apoyado por la inversión en inteligencia artificial (IA).
“En este contexto, se han elevado las expectativas inflacionarias, lo que, sumado al tono adoptado por la Reserva Federal, ha empujado al alza las tasas de interés de corto y largo plazo y ha depreciado las monedas en la mayoría de las economías, incluida la chilena”, dijeron.