Los trabajadores reciben la irrupción de la inteligencia artificial con ambivalencia: si bien hay interés, también existe miedo en grupos específicos, en particular quienes tienen menor nivel educacional y las mujeres, mostró el segundo track del estudio Los chilenos y el trabajo, de LEAS UAI y Mutual de Seguridad.
Según la encuesta de percepción, que también incluyó una parte cualitativa, un tercio de los 1.400 consultados proyecta una visión positiva de la IA. Asimismo, un 64% tiene una preocupación social, es decir, que la IA reemplace muchos empleos. Sin embargo, esa cifra cae a 43% cuando la pregunta apunta al reemplazo de su propio trabajo.
Los asistentes de IA se usan para buscar, editar, redactar y resumir, pero también para generar ideas y analizar datos. “Generar nuevas ideas es algo que salió mucho en el cualitativo, y ayudar con el análisis de datos, la escritura de código”, comentó la decana de la Escuela de Comunicaciones y Periodismo de la Universidad Adolfo Ibáñez, Magdalena Browne, en el encuentro ¿Están las organizaciones preparadas para una IA a escala humana?, organizado por Diario Financiero, Mutual de Seguridad y LEAS UAI, en el cual se presentaron estos hallazgos.
Según Browne, quienes están usando asistentes de IA los asocian con mayor productividad y calidad. “También observamos ciertos niveles de autopercepción de autonomía. Los que son más adeptos lo ven como un asistente que me puede ayudar a justamente utilizar de forma más oportuna ciertos tipos de trabajo”, aseguró.
Sin embargo, aún no se percibe que el tiempo ahorrado en el trabajo se pueda redistribuir hacia la vida personal y la familia. “El dividendo de la productividad ¿a quién le está llegando? Eso no está tan claro”.
Cambio de era
Tras la presentación, los resultados fueron comentados por un panel conformado por el subsecretario del Trabajo, Gustavo Rosende; el gerente de la división seguridad y salud en el trabajo de Mutual de Seguridad, Héctor Jaramillo; y la directora de Banco Santander, Coca Cola Andina, Socovesa y Cenia, María Francisca Yañez.
El subsecretario Rosende hizo una distinción entre lo que declaran las grandes empresas y las PYME en términos de adopción de la IA, que está entre 70% y 80%, y la integración real en los procesos, que llega solo al 5%.
“Hoy día tenemos grandes desafíos. Precisamente, para poder incorporar esa productividad no solamente a las empresas, sino que también a las personas”, dijo.
Francisca Yañez, en tanto, formuló que “estamos viviendo un cambio de era”, marcado por una paradoja: la IA ofrece un enorme potencial de crecimiento, pero, al mismo tiempo, las organizaciones que la han adoptado no han visto retorno en la última línea, “solamente sintieron que esto fue un gasto”.
La directora de empresas entregó un ejemplo histórico: el salto de productividad en la revolución industrial “no vino cuando cambiamos las máquinas de vapor por las máquinas de nueva generación. Vino cuando el modelo organizacional cambió, cuando Henry Ford pasó de producir un automóvil en 12 horas a 90 minutos. Y eso pasó con la línea de producción”. El cambio no es solo tecnológico, debe ser organizacional, dijo.
En eso concordó Héctor Jaramillo, quien puso el acento en que Chile tiene una cultura de poca productividad. “Este es un cambio gigante y una de las cosas que hemos visto es que aún no hacemos ese cambio organizacional de decir ‘voy a pagar, por ejemplo, por resultados y no por horas’”, expresó.
Impacto en el empleo
Los panelistas también comentaron el impacto que la IA puede tener en el empleo. En Chile hay “980 mil personas sin empleo. Mucho se habla de si la inteligencia artificial, la digitalización, la automatización de procesos, son parte de la causa. Yo diría que sí, que es parte de esta tormenta perfecta que tenemos”, dijo el subsecretario Rosende.
Sin embargo, apuntó a que el alto nivel de desempleo de Chile, que se ubicó en 9,5% en mayo-julio, se aleja del promedio de 4,9% de la OCDE y de 6% en Latinoamérica.
“La recuperación del empleo no va solamente de la mano de las políticas públicas que se puedan concretar a través de un proyecto de ley en adaptabilidad, como lo que estamos buscando para ir buscando mejores soluciones a una legislación laboral que es muy rígida, sino que también en temas de capacitación, certificación y, en general, en formación, porque precisamente aquí es donde está, creo yo, la clave para poder superar los niveles de desempleo que tenemos en nuestro país”.
Asimismo, dijo que la IA “es parte importante de la solución”. Por eso, “estamos mirando los modelos de Japón y Singapur para ver cómo puede, en la práctica, la IA regulada lo suficiente, ser más bien un impulso dentro del mercado laboral y toda nuestra economía”. Esto en contraste con la Unión Europea, que “está muy sobrerregulada, según lo que nosotros creemos”, afirmó.
Rosende agregó que “lo importante aquí no está solamente en el mercado laboral, en la IA propiamente tal, sino que hay que hacer un doble clic en la educación (…) no queremos que nunca más se vea el tema de la educación separado del trabajo. Hoy día tienen que estar tomados de la mano (...) Probablemente los analfabetos ya no van a ser los que no sepan escribir, sino que los que no sepan aprender”.
Jaramillo, de Mutual, acotó que “es imposible tener experiencia si no he experimentado y si tenemos un modelo secuencial de ‘me educo, trabajo’ (…) Hace muchos años Suiza, Alemania, tienen modelos de educación dual donde trabajo y estudio. Por lo tanto, cuando ‘llego a trabajar’ y dejé de estudiar, ya tengo mucha experiencia. De hecho soy experto en lo que tengo que hacer”.
Impulso desde las organizaciones
Otro de los hallazgos del estudio es que existe una baja institucionalización en la adopción. Un 77% de quienes respondieron reconocieron que aprendieron de IA para usarla en el trabajo por su cuenta y solo un 16% dijo que tuvo capacitaciones pagadas por su organización.
Respecto de este punto, Yáñez alabó la proactividad individual, pero advirtió que “desde mi lado más organizacional, corporativo, encuentro que es un tremendo riesgo, porque si cada persona trae su inteligencia artificial, el conocimiento, los datos sensibles y la estrategia de una organización puede quedar expuesta”.
Jaramillo, en tanto, puso énfasis en el valor de lo humano. “Necesitamos que los humanos aporten el valor que tiene lo humano y, en eso, la confianza, la seguridad -desde la perspectiva humana, no tecnológica ni de datos- es nuestro activo. El poder interactuar con personas, poder decirnos cosas de personas con la entonación, con la afectividad, con lo que significa eso (…) Los humanos tenemos la capacidad de comunicar no solamente información sino que sentido de esa información”.