Con botellas de casi un cuarto de litro, con su ya clásica “guatita” de vidrio y en “jabas”, hace 80 años partió Embotelladora Andina distribuyendo Coca-Cola en Chile. Hoy la firma es la séptima mayor en su tipo a nivel global y nuestro país es líder mundial -tras México- en beber esta gaseosa, en especial en sus versiones Light y Zero, donde los chilenos ostentan el mayor consumo per capita al año.
Y aunque en ocho décadas muchas cosas han cambiado -la firma se expandió a Paraguay, Argentina y Brasil- Chile sigue teniendo un sitial privilegiado en la compañía controlada por los grupos Said Handal, Said Somavía, Garcés y Chadwick. El país representa cerca del 40% de las ventas, unos US$ 1.386 millones en 2025.
El CEO de Coca-Cola Andina Chile, José Luis Solórzano, destaca que tienen inversiones de US$ 65 millones este año, principalmente en equipos de refrigeración y envases y cajas, además de estar en un plan agresivo de reducción del uso de agua, con la meta de usar 1,3 litros de agua por litro producido. La cifra se replicará, en términos gruesos, en los próximos años, de tal manera que el plan de inversión al 2030 totalizará unos US$ 260 millones.
¿Cómo es estar en una empresa tan longeva? “La gran gracia de Coca-Cola Andina no es solo el portafolio de productos, sino el portafolio de países que tiene: hay países donde todavía queda mucho por crecer, países que son grandes y otros más chicos, países donde hay estabilidad económica y otros que son más montaña rusa”, reflexiona el gerente general de la compañía en Chile.
US$65 millones invertirán este año en Chile
El ejecutivo destaca que, “este negocio solo ha crecido”, salvo por algún año puntual. “La verdad es que en la historia de la compañía ha habido muy pocos momentos en que no hemos crecido, de repente en alguna crisis por ahí”, revela Solórzano.
Clave en esta resilencia es cómo se conecta con el consumidor. El 60% de la venta se hace a través de almacenes de barrio, unos 70 mil pequeños comercios a lo largo y ancho del país; un 30% se comercializa por los supermercados y un 10% en restaurantes o centros de ocio.
Las bebidas reducidas o sin azúcar constituyen el 58% de las comercializadas, bastante por encima del resto de Sudamérica. “Sigue siendo un vector de crecimiento brutal”, explica el ejecutivo. Por productos, los soft drink o gaseosas representan el 51% de lo que venden, seguido de las aguas (21%), los jugos (15%) y cervezas y “tragos” el 12% restante.
Cómo crecer cuando no se crece
Pese a que el país enfrenta este 2026 la tríada de menor crecimiento, inflación al alza y alto desempleo, a lo que se suma una población estancada, los chilenos siguen comprando Coca-Cola, aguas saborizadas y jugos, aunque de una forma distinta, acota el ejecutivo, que lleva 23 años en la compañía, en distintas posiciones.
“Esta industria es más resiliente y genera crecimiento a niveles de 2% o más al año, en línea con el crecimiento económico”, detalla. La adaptabilidad del sector, explica, se nota en que en períodos de estrechez económica las personas compran más en el almacén, donde impera el envase retornable, y en los supermercados aprovechan las promociones, adquiriendo las “bebidas” en los formatos más grandes, que son los más convenientes en términos de precio.
“Yo la crisis no la siento”, admite el CEO de Embotelladora Coca-Cola Andina Chile.
Un aspecto de esta adaptación constante se vislumbra en la forma en que se consume en Chile. Ya sea por la influencia de la población migrante o porque el chileno cambió, cerca del 10% de las ventas se canaliza a través de lo que Solórzano llama “el goce”: salir a comer o ir al pub, algo que persiste pese a la mala economía. “Nosotros, como chilenos, estamos aprendiendo a gozar”, dice.
Otra palanca de consumo son los eventos deportivos. El CEO cuenta que cuando Chile juega en un mundial de fútbol, las ventas de bebestibles crecen 15% en ese mes, respecto de un mes promedio. Con la selección chilena como espectadora y no como partícipe del Mundial de Fútbol 2026, el consumo sube, pero menos: solo 5%.
En términos estacionales, el mes de mayor algarabía es diciembre, por la mezcla de Navidad y Año Nuevo.
En cuanto a productos, más que lanzar nuevas marcas, están repotenciando las ya existentes, como la Coca-Cola Light, donde se aprovechó la película “El diablo viste a la moda 2” para su relanzamiento.
El costo de la guerra
Como una industria donde la distribución y la logística son clave, más en un país tan largo, la guerra de Irán les afecta tanto por el alza de los combustibles como por el incremento de precio de los insumos para fabricar las botellas de plástico, que provienen del petróleo. Según el CEO de la unidad local de Coca-Cola Andina, eso tiene un costo de $ 10.000 millones, unos US$ 11 millones.