Los líderes de las principales economías occidentales se reunirán entre el 15 y el 17 de junio en Évian-les-Bains, Francia, para una cumbre del G7 marcada por la simultaneidad de dos conflictos que amenazan la estabilidad internacional: la guerra en Ucrania y en Medio Oriente. En ese escenario, la instancia enfrentará el desafío de preservar la coordinación política entre sus miembros en momentos en que persisten diferencias entre Washington y varios de sus aliados europeos en materias comerciales, de seguridad y política exterior.
Bajo la premisa de "Cooperar en un mundo brutal", promovida por la red de think tanks Think7 (T7) que asesora al grupo, la cita buscará demostrar que las democracias avanzadas aún pueden articular respuestas comunes frente a un entorno global cada vez más fragmentado.
La cumbre reunirá al anfitrión, el presidente francés Emmanuel Macron; con su par de Estados Unidos, Donald Trump; al primer ministro de Canadá, Mark Carney; al primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer; al canciller alemán, Friedrich Merz; a la primera ministra italiana, Giorgia Meloni; y al primer ministro japonés, Sanae Takaichi, además del presidente del Consejo Europeo, António Costa, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
Además de los miembros permanentes del grupo, Francia invitó a una serie de líderes de economías emergentes y socios estratégicos para participar en parte de las discusiones. Entre ellos figuran el presidente de Brasil, Lula da Silva; el primer ministro de India, Narendra Modi; el presidente de Kenia, William Ruto; y el presidente de Corea del Sur, Lee Jae-myung. Su presencia refleja el interés del G7 por ampliar el diálogo con actores clave del Sur Global en temas como crecimiento económico, seguridad, energía, tecnología y gobernanza internacional.
Potencias desafiadas
En el documento elaborado para la presidencia francesa, los expertos del T7 advierten que "el entorno internacional se está volviendo cada vez más desafiante en varios frentes" y que "los conflictos se están multiplicando, como lo ilustran la guerra en Ucrania, los conflictos en Medio Oriente y las tensiones en el Sahel (África)".
A lo anterior se suma que "la creciente competencia económica entre las grandes potencias está conduciendo a un aumento de las medidas proteccionistas", mientras que los desastres climáticos y el rápido desarrollo de la inteligencia artificial están generando nuevas dependencias y vulnerabilidades estratégicas.
El informe sostiene que estas tensiones ponen de relieve el grado de interdependencia de la economía mundial y advierte que el desafío para las potencias occidentales no consiste en romper esos vínculos, sino en gestionarlos. "El desafío para los países del G7 no es liberarse de estas interdependencias -lo que sería tan costoso como ilusorio- sino evaluarlas y responder mediante la cooperación internacional", señala el documento.
Según el informe, la disminución del peso relativo del bloque en la economía mundial y el fortalecimiento económico, tecnológico e industrial de las principales economías emergentes obligan al grupo a construir puentes con otros actores, particularmente en el G20, el Indo-Pacífico y el denominado Sur Global.
Pero los desafíos para la cohesión del bloque no provienen únicamente del exterior. Para varios gobiernos europeos, la cumbre será también una oportunidad para medir hasta qué punto Washington está dispuesto a mantener una estrategia coordinada con sus aliados en materias de seguridad, comercio y política exterior.
Ucrania, Medio Oriente y la atención de China
En ese marco, uno de los principales desafíos será Ucrania. De hecho, de acuerdo con lo consignado por Bloomberg, los gobiernos europeos buscarán aprovechar la cumbre para persuadir a Trump de mantener la presión sobre Moscú y respaldar una estrategia común respecto de las negociaciones con Rusia.
Las diferencias sobre el alcance de las sanciones, el apoyo militar a Kiev y las condiciones para una eventual negociación de paz han generado tensiones entre Washington y varias capitales europeas, transformando la guerra en uno de los principales exámenes para la cohesión occidental.
A ello se suma la incertidumbre en torno a las negociaciones entre Estados Unidos e Irán. Las incapacidad de sellar un pacto inquieta a todo el bloque del G7, considerando que el bloqueo del estrecho de Ormuz, por efecto del conflicto, mantiene bajo presión el suminitro petrolero global. De hecho, la preocupación por el impacto inflacionario llevó esta semana al Banco Central Europeo a aplicar el primer alza de tasas desde septiembre de 2023 y se espera que pronto el Banco de Japón siga la misma ruta.
Por otra parte, China seguirá de cerca las conclusiones de la cumbre. En la antesala del encuentro, el viceprimer ministro chino Zhang Guoqing participó en una videoconferencia convocada por Emmanuel Macron con representantes del G7, en la que defendió el libre comercio mientras Europa evalúa nuevas medidas para responder al aumento de las exportaciones chinas y a los desequilibrios comerciales con Beijing.
Según consignó Xinhua, Zhang sostuvo que "todos los países deben defender la apertura y la cooperación, adoptar una visión objetiva de las ventajas comparativas de los distintos países, fomentar un entorno comercial libre y facilitador, y practicar un verdadero multilateralismo".