Warren Buffett dejó su cargo de CEO del hólding Berkshire Hathaway hace seis meses. Durante los 60 años que el Oráculo de Ohama presidió la compañía, las acciones de Berkshire obtuvieron una rentabilidad anual del 19,7%, por lo que una inversión de US$ 1.000 en 1965 se habría convertido en US$ 48,4 millones cuando se retiró en 2025, según recoge la firma de asesoramiento financiero The Motley Fool.
Pero obtener esos resultados no está al alcance de cualquiera.
Por eso, para Buffett, el objetivo de los inversionistas particulares no debe ser elegir las acciones ganadoras. El objetivo debe ser adquirir una parte representativa de las empresas que en conjunto están obligadas a hacerlo bien. En su opinión, con un fondo indexado al S&P 500 con un bajo costo conseguirán ese objetivo.
En la carta anual de 2013, Buffett incluso dejó escritas las instrucciones sobre qué hacer con el dinero que heredaría su mujer. El 90% iría a parar a un fondo indexado del S&P 500 de muy bajo costo y el 10% restante a bonos del Estado a corto plazo.
Ese año sugirió hacerlo a través del ETF Vanguard S&P 500 por los bajos costos que aplica la gestora.
El índice estadounidense S&P 500, compuesto por 500 compañías de 11 sectores diferentes, ha logrado una rentabilidad anual compuesta del 10,5% (incluidos dividendos) desde su creación en 1957.
Desde que Buffett recomendó el ETF indexado al índice en 2014 la rentabilidad anual ha sido incluso mayor, del 12,9%.
Una inversión de US$ 10.000 en el ETF de Vanguard hace 12 años supondría hoy US$ 42.887, descontando las comisiones del 0,03% del fondo. Esto equivale a una rentabilidad acumulada del 328,87%.