Hay una buena razón para que el núcleo íntimo del exPresidente Sebastián Piñera recuerde hasta el último detalle y pueda ir a revisar cuando lo necesite la casi legendaria última conversación que tuvo con el Presidente Gabriel Boric la tarde de ese lunes 5 de febrero de 2024, un día antes de que perdiera la vida en el Lago Ranco. Como se ha contado tantas veces, el líder frenteamplista lo llamó para dialogar sobre las definiciones de revocar pensiones de gracia generadas a raíz del estallido social. Luego continuaron con la emergencia de los incendios de aquel verano; Piñera le ofreció los equipos de sus ex colaboradores, su sucesor se lo agradeció, fijaron coordinaciones y abordaron la situación que se vivía en la zona afectada.
Todo quedó registrado en tres páginas de uno de los blocs en que el exmandatario solía anotar todo. “Por eso sabemos qué se habló. Es un patrimonio histórico”, cuentan en el anillo depositario de su legado para explicar el nivel de detalle y volumen del Archivo Sebastián Piñera.
Se trata de un proyecto a largo plazo que la familia y sus colaboradores están trabajando con la Pontificia Universidad Católica de Chile para conservar y poner a disposición de quien desee estudiar documentalmente toda la gestión de sus dos gobiernos.
Según detallan, esto se enmarca en una de las tareas gruesas en torno a la memoria del extinto gobernante. En este caso, se hizo un endowment con la PUC de US$ 5 millones -aportados por la familia- para financiar dos productos. Uno es la Iniciativa UC Sebastián Piñera Echenique, un núcleo de pensamiento y de trabajo técnico en políticas públicas. El otro es el Archivo, que por lo que cuentan es de una magnitud y complejidad tal, que se ha proyectado a diez años.
¿Tanto? Sí, añaden, porque tratándose de esto, las dimensiones son… tamaño Piñera.
Incluye todo lo que legó en blocs, discursos, conversaciones como la citada hace tres párrafos, carpetas, minutas, reflexiones (se grababa muy pocos audios, precisan), material audiovisual y un sinfín de formatos, amén de los documentos oficiales. “Tendrá mucho valor cuando se estudie, por ejemplo, la pandemia”, agregan.
Calculan que por lo bajo ocupa el equivalente a unas cinco bodegas amplias, que estaban repartidas en distintos lugares, incluso en viviendas de sus antiguos colaboradores.
Recordemos que antaño, si uno lo visitaba en su histórico cuartel general de Apoquindo 3000, se encontraba con torres de papeles apilados en su espaciosa oficina del Piso 18. Y casi nunca se separaba de sus blocs y sus lápices BIC rojo, azul, y una regla que guardaba en su chaqueta: una vez en una cena en La Moneda, Cecilia Morel bromeó con ese hábito departiendo en una mesa.
Como se sabe, otra de las tareas gruesas es la Cátedra UDD Sebastián Piñera Echenique lanzada en marzo, que imparte cursos y charlas. Hace un par de semana su hija Magdalena participó en un conversatorio con el periodista e historiador Alfredo Sepúlveda, autor de Piñera: Un lugar en la historia. Libro que varios de sus exministros se han leído y referencian cuando comparan dichos tiempos con estos días.