Ingresar proyectos relacionados con extender determinados feriados, especialmente los de Semana Santa y Fiestas Patrias, es una práctica cada vez más común entre los diputados. Este año no es la excepción, ya que la diputada Zandra Parisi (PDG) ingresó un proyecto para declarar feriado el 17 de septiembre de este año. Sin embargo, el Ejecutivo le quitó el piso y se negó, hasta ahora al menos, a patrocinarlo con el argumento de que este tema ya se zanjó legislativamente hace años y que, adicionalmente, estas medidas tienen impacto económico. ¿Esta definición tendrá efectos políticos? Eso está por verse y no a muy largo plazo.
Ello, porque la parlamentaria no se tomó nada bien la definición del gobierno. Tanto es así que no dudó en deslizar una amenaza: “Necesito un poquito más de 50 votos para lograr la admisibilidad (del proyecto). No así el gobierno, que necesita 89 votos para lograr sus proyectos futuros”. Tras lo cual matizó sus dichos, asegurando que “me gustaría que nos sentáramos a conversar. Como PDG y bancada hemos dado la gobernabilidad”.
Cuando señala que necesita sólo 50 votos para la admisibilidad, se refiere a que recurrirá a un subterfugio. Se trata de pedir en Sala la votación de la admisibilidad del proyecto. Para que esta se apruebe se requieren sólo 50 votos. Y en el PDG están convencidos de que contarán con los votos para sortear esta valla y que la moción comience a ser tramitada. Pese a lo que está ocurriendo el Partido Comunista también anunció un proyecto en la misma línea.
En cualquier caso los dichos de la legisladora fueron interpretados como un “chantaje” en el oficialismo. Pero, ¿fueron o no ellos mismos los que insuflaron en el partido de Franco Parisi una importancia exagerada? ¿O fue el propio gobierno el que exageró su importancia en el Congreso, al no tener la habilidad para generar alianzas con otros sectores de la oposición?
Riesgo para el gobierno
Justamente en esa línea va el análisis del cientista político Mauricio Morales, quien estima que “si el gobierno no tiende puentes con la oposición, el PDG tendrá más voz de mando” y enfatiza que “la única opción que tiene el oficialismo para no depender del PDG es fracturarlo. Es decir, conseguir sólo los votos que le faltan para alcanzar la mayoría pero sin un acuerdo formal” con ese partido, aunque admite que esa apuesta siempre es riesgosa e implica jugar al límite.
Pero, “el otro camino es simplemente conceder parte de la agenda del PDG y así asegurar los votos en la Cámara. El problema de eso es que republicanos ya se quejó por el trato privilegiado que le da el gobierno al PDG y, seguramente, lo propio dirán los libertarios, que ya fueron notificados por Kast de que no tendrán su apoyo para llevar adelante la denominada batalla cultural”.
En consecuencia, pronostica Morales, “el gobierno tendrá que ir con mucho cuidado. Si bien la apuesta por la indisciplina del PDG podría ser adecuada, el riesgo de que el partido actúe de manera unitaria pondría en peligro parte no menor de la agenda legislativa del gobierno”.
Abrirse a otros sectores
“El gobierno necesita los votos del PDG, pero estos también necesitan consolidarse como opción política, porque en eso fracasaron en el periodo anterior. Por eso sabe que no puede subirse y bajarse de negociaciones y no puede condicionar su voto a una reforma constitucional”, es la primera reflexión del constitucionalista y director de Administración Pública de la Universidad Autónoma, de la Universidad Autónoma, Eric Latorre.
En este escenario el experto sostiene que el Ejecutivo no puede “dejarse chantajear” por el PDG. Incluso plantea que este chantaje con el que la diputada busca presionar al gobierno resulta “inoficioso y perjudica más a la colectividad que al gobierno”. Y subraya que el PDG “no puede suicidarse esta vez” y debe cuidarse del flanco que se le abrió “con los problemas que está teniendo (Franco) Parisi con el Servel, por los problemas de rendición de cuentas”.
Aunque la mayoría de los expertos percibe al PDG como un partido “transaccional” y así lo ha tratado el gobierno, señala el cientista político Tomás Duval, desde su punto de vista, el gobierno se debería estar mirando va más allá del feriado, porque “este es sólo el punto de partida”. Entonces, dado que la agenda de seguridad es muy popular en la ciudadanía, el gobierno “tiene espacio para abrirse a otros sectores de oposición, es decir el Socialismo Democrático, tanto en la Cámara como en el Senado”, propone el experto.
¿Pivote, no visagra?
“Lo que está haciendo el PDG es actuar como partido pivote”, opina el cientista político Marco Moreno, quien se explaya con una óptica distinta a la de sus predecesores, pues estima que al Ejecutivo se le complicará la reforma constitucional en materia de seguridad -para la que necesita un quorum de 89 votos en la Cámara y 29 en el Senado-, porque la gente no quiere trabajar el 17 de septiembre, contexto en el que quienes respalden esta propuesta serán bien vistos, “y los gremios no lo quieren, entonces, el gobierno va a quedar apoyando a los dueños del país”. Y en esta situación es en la que el PDG intenta imponer su agenda.
Sin embargo, sí comparte la otra parte del análisis, pues advierte que “el gobierno está en un zapato chino del que se le va a hacer difícil salir, porque va a necesitar los votos del PDG, mientras no llegue a acuerdos políticos más contundentes. Pero ahora está atrapado en una estrategia política que el propio gobierno definió con el PDG”, concluyó.
Partiendo de la base de que “el PDG es un partido transaccional y así es su relación con el gobierno”, dice el cientista político Aldo Cassinelli, la tienda de Parisi “tiene que evaluar cuánto tensionar o sostener una negativa, en una materia tan popular como los cambios en seguridad”. Pues -añade- mantener su capacidad de chantaje en esta reforma, podría durar lo que tarde el gobierno en generar un acuerdo con el Socialismo Democrático y la Democracia Cristiana. Como se hizo, recuerda, el fast track legislativo liderado por los entonces presidentes del Senado y la Cámara, Juan Antonio Coloma y Vlado Mirosevic, respectivamente.
Si el Ejecutivo lo replicara, Cassinelli tiene la convicción de que “tiene muchas más posibilidades de funcionar que la situación transaccional con el PDG”. De hecho, añade, “el gobierno no necesita al PDG para seguir avanzando, puede ir a buscar votos a otros sectores de oposición, con acuerdos más institucionales o sólo pirquinear entre los descolgados del PDG y los independientes”.