Por unanimidad de 12 votos a favor, la Comisión de Evaluación Ambiental (Coeva) del Biobío aprobó este lunes el proyecto minero para la extracción de tierras raras impulsado por la empresa Aclara en la comuna de Penco, el primero en este tipo de minería en el país. La iniciativa, cuya inversión asciende a US$ 130 millones, proyecta la generación de alrededor de 2.200 empleos directos e indirectos durante su ejecución.
Tras la aprobación, Enrique Donoso, gerente general Aclara Resources Chile, valoró el proceso desarrollado por la autoridad ambiental, destacando que la aprobación “es el resultado de años de trabajo técnico riguroso, participación ciudadana y diálogo permanente con el territorio. Valoramos el proceso de tramitación ambiental que ha permitido fortalecer el proyecto el proceso de tramitación y sus compromisos socioambientales”.
Agregó que “Más allá de la aprobación de un proyecto, vemos la oportunidad de impulsar una nueva actividad productiva vinculada a la transición energética, generando valor local, empleo y nuevas oportunidades para las personas”.
Por su parte, Nicolás Burr, gerente general de Grupo CAP, señaló que “la aprobación ambiental obtenida constituye un hito muy relevante para esta iniciativa y refleja la solidez técnica, ambiental y social del trabajo realizado durante todo el proceso de evaluación”. En su declaración el ejecutivo mencionó que para el holding, “este hito refleja también una visión de futuro: contribuir al desarrollo de una cadena de valor integrada en torno a las tierras raras. Creemos que el país tiene una oportunidad única para convertirse en un actor relevante en este sector, y que el Biobío cuenta con las condiciones para jugar un rol clave en ese proceso”.
Manifestaciones
El proyecto de Aclara busca insertar a Chile en la cadena mundial de minerales críticos indispensables para los procesos de transición energética. Sin embargo, y pese a los atributos de la iniciativa, el camino para su aprobación no ha estado exento de polémicas, pues desde sus inicios ha debido enfrentar una férrea oposición de vecinos, grupos ambientalistas y algunas autoridades que cuestionan eventuales impactos que la extracción de estos elementos puedan tener en la comuna del Gran Concepción.
Al respecto el alcalde de Penco, Rodrigo Vera, quien intervino durante el votación sin que ésta fuera vinculante y quien se ha opuesto tajantemente a la aprobación de la iniciativa declaró al salir de la sesión que "en este proceso la decisión no pasa ni por el alcalde ni por el Consejo Municipal, hemos actuado en consecuencia, los seis concejales y el alcalde, y a pesar de la oposición del municipio de Penco, este proyecto fue aprobado”.
Bajo esa misma línea, Vera comentó que "hay 30 días ahora para poder apelar a esta resolución favorable”.
La disconformidad de la definición se dejó sentir en la Plaza de la Independencia de Concepción, donde luego de finalizado el proceso, manifestantes opositores increparan a los integrantes de la Comisión. Al respecto, el seremi de Economía del Biobío, Christian Cifuentes dijo que “es lamentable que haya una parte de la ciudadanía que en el fondo insista en desatender el procedimiento y la evidencia y nos ataque de manera personal”, argumentando que este “fue un proceso en el que participaron 20 servicios públicos que hicieron observaciones (...) y que finalmente concluyeron de que el proyecto presentado, que el Estudio de Impacto Ambiental presentado y sus adendas dan cumplimiento a la normativa ambiental vigente”.
La resolución del Coeva se basó en el Informe Consolidado de Evaluación (ICE) favorable emitido el 29 de mayo por el Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) del Biobío. Este documento técnico respaldó que la iniciativa cumple con la normativa vigente, cerrando un extenso y exhaustivo proceso de evaluación que comenzó en junio de 2024 y que obligó a los titulares a subsanar aproximadamente 2.100 observaciones formuladas por 22 entidades y servicios públicos.
El proyecto
El proyecto se emplazará en un predio forestal de 550 hectáreas y proyecta una capacidad de producción de 1.700 toneladas anuales de concentrado de tierras raras. Su objetivo es la obtención de disprosio, terbio, neodimio y praseodimio, elementos de alto valor estratégico y que se encuentran principalmente en el yacimiento del Biobío. Cada uno de ellos, son utilizados en la fabricación de magnetos permanentes aplicables a tecnologías de electromovilidad y energías renovables.
Entre las definiciones que consolidaron su viabilidad técnica y ambiental, la compañía Aclara, de capitales canadienses, formalizó compromisos como la renuncia a los derechos de aprovechamiento de agua de los esteros Penco, asegurando que su operación dependerá únicamente de fuentes de agua reciclada y recirculada.
Además, el diseño de las faenas considera el establecimiento de zonas de amortiguación de más de 30 metros en torno al bosque nativo y la destinación de más de 90 hectáreas exclusivas para el resguardo de la biodiversidad.
En materia laboral, el titular de la iniciativa comprometió que 40% de la contratación provendrá directamente de la zona, buscando generar un impacto positivo en la empleabilidad de la región, que hoy alcanza 9,8% de desocupación laboral.
Tras su aprobación, las obras de construcción están previsita para iniciar el cuatro trimestre de este año, mientras que el comienzo de las operaciones se proyectan para 2028. A partir de ahora, la iniciativa se encuentra a la espera de la Resolución de Calificación Ambiental.
Cosecha Circular de Minerales
El elemento central que permitió la calificación favorable del proyecto es la implementación de una tecnología patentada por Aclara que es fruto del desarrollo conjunto entre la compañía y la academia. El proceso, llamado Cosecha Circular de Minerales, se diferencia de la minería extractiva tradicional, pues trabaja exclusivamente con arcillas superficiales que son removidas mediante palas mecánicas y trasladadas por camiones de baja escala hasta la planta de procesamiento.
Por la morfología del yacimiento, pues los minerales críticos se encuentran en las capas superficiales del terreno, la operación descarta el uso de explosivos y elimina las etapas de chancado o molienda, garantizando además que la faena no generará relaves ni emitirá radiactividad.
Una vez extraída, la arcilla ingresa a una planta de circuito cerrado donde se mezcla con una solución de agua y sulfato de amonio, un fertilizante de uso agrícola. Mediante un proceso de intercambio iónico se separan las tierras raras de otros elementos.
El agua utilizada es recirculada en 95% lo que evitaría la generación de riles. El 5% del agua restante, según explica la empresa, se pierde a través de la evaporación. Esto ha permitido a la compañía prescindir del uso de agua de afluentes naturales.
Finalmente, la arcilla lavada regresa a las zonas de disposición, áreas que serán sometidas a un proceso de restauración ecológica que, como detalló Aclara, aportará más de 100 nuevas hectáreas de bosque nativo al territorio.