La Serena y Coquimbo enfrentan una de sus emergencias más complejas de las últimas décadas. Tras la seguidilla de temporales que comenzaron el 15 de julio, y que derivó en la declaración de Estado de Catástrofe por el desborde del río Elqui, aluviones y el colapso de las rutas 5 Norte y 41, el impacto económico en la conurbación ya comienza a hacerse evidente.
El comercio local, que venía preparándose para un fin de semana largo, se encontró de golpe con una paralización total. En conversación con DF Regiones, el presidente de la Cámara de Comercio y Turismo de La Serena, Carlos Orrego, advirtió que las pérdidas serán multimillonarias. "Este frente se presenta justo un día sándwich donde muchas personas programaban salir de vacaciones. La Serena es un lugar de muy alta aceptación para estos fines de semana de cuatro días, donde viene la gente y la familia", lamenta el dirigente gremial.

Carlos Orrego, presidente de la Cámara de Comercio y Turismo de La Serena
Según los cálculos de la Cámara, el comercio pequeño, que opera en promedio 22 días al mes, ha perdido prácticamente un tercio de sus jornadas de apertura. Sobre esta base, proyectan un duro golpe a la actividad local para el cierre de julio.
"Podemos partir hablando de que esto va a hacer caer prácticamente un 30% a 40% las ventas en los diferentes rubros que no tienen relación con la emergencia", detalla Orrego.
Turismo y hostelería los más golpeados
El escenario es aún más oscuro para el sector turismo y gastronómico, especialmente en la zona costera y la Avenida del Mar. Las estimaciones de la entidad apuntan a que las ventas en restaurantes y hoteles podrían desplomarse hasta en 50% este mes de julio, debido a la nula afluencia de público.
Al impacto en la demanda se suman los graves problemas operativos. Por un lado, los cortes preventivos de agua potable realizados por Aguas del Valle, debido a la alta turbiedad del río, impiden el funcionamiento básico de los recintos. Por otro, los prolongados cortes de luz han generado pérdidas irreparables en restaurantes y locales que dependen de la cadena de frío para mantener alimentos congelados o refrigerados.
Además, la logística interna de las empresas está fracturada. "Acercar a los colaboradores a los puntos de venta también se hace complejo porque deja de funcionar el transporte público, principalmente los colectivos", explica Orrego, graficando las dificultades para mantener operativas las plantillas de trabajadores.

Efecto dominó en el consumo
La paralización no solo ha congelado los rubros como el tecnológico o el vestuario, sino también ha generado un efecto dominó en sectores productivos estratégicos. La suspensión de vuelos desde el aeropuerto de La Serena hacia el norte del país ha pausado el traslado de los trabajadores vinculados a la minería. A esto se suma el impacto en los campamentos de la cordillera, que también enfrentan inestabilidad y nevazones, alterando los turnos de trabajo y operaciones.
En la otra vereda, la emergencia modificó radicalmente los patrones de consumo. Los únicos rubros que han mantenido e incluso aumentado su flujo son los de primera necesidad como panaderías, supermercados, además de las ferreterías. Durante los estos días, el consumo se ha concentrado exclusivamente en alimentos, agua y materiales de construcción para el resguardo de las viviendas.
De cara a la recuperación, Orrego anticipa que la reconstrucción de vías y la limpieza del borde costero, que hoy recibe una gran cantidad de residuos arrastrados por el río, demandarán una rápida inyección por parte del Estado y el municipio. Esto reactivará un nicho específico: el arriendo, venta de maquinaria e insumos para el manejo de escombros. Sin embargo, para el comercio tradicional, estabilizar las finanzas tomará mucho más tiempo.
40% de menores ingresos proyecta la cámara para el comercio en general.
