El sistema frontal que afecta principalmente a las regiones de Coquimbo, Atacama y Valparaíso provocó una interrupción temporal de parte de las labores en terreno destinadas al monitoreo, control y erradicación de la mosca de la fruta.
Los equipos del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), comenzaron a retomar progresivamente las actividades programadas, con prioridad en las zonas de control y las tareas consideradas críticas, hasta recuperar la totalidad de su capacidad operativa.
El organismo explicó que todavía no es posible establecer si las lluvias tendrán un efecto positivo o negativo sobre la presencia de la plaga. La evolución dependerá de factores como las temperaturas, la disponibilidad de fruta hospedante, las capturas en trampas y los resultados del muestreo sistemático.
“Aún es prematuro atribuir eventuales cambios en las capturas o en la situación de los brotes al sistema frontal. Para establecer una tendencia se requiere recuperar la cobertura normal, la revisión de trampas, el muestreo de fruta y analizar los resultados”, indicó el SAG.
La vigilancia continuará durante las próximas semanas para identificar eventuales variaciones asociadas al temporal.
Fruta caída mantiene riesgo
Uno de los principales efectos del sistema frontal fue la caída y el daño de fruta en distintos cultivos. Aunque una menor disponibilidad de hospederos podría reducir las posibilidades de reproducción de la mosca, ese efecto depende del manejo posterior de los frutos.
La especie Ceratitis capitata necesita fruta hospedante para reproducirse y completar su ciclo biológico. Sin embargo, los frutos que quedan en los árboles, caen al suelo o resultan dañados por las precipitaciones continúan siendo susceptibles de alojar huevos o larvas.
“La fruta caída o dañada puede mantener condiciones que permitan la supervivencia y el desarrollo de huevos o larvas, especialmente si ya se encontraba infestada antes de caer. Por este motivo, no debe dejarse acumulada en el suelo ni trasladarse fuera de las áreas reguladas”, señaló el organismo.
La pérdida de parte de la producción tampoco elimina el riesgo, debido a que pueden mantenerse hospederos en predios agrícolas, huertos urbanos, traspatios y áreas públicas.
En las zonas de control, que comprenden un radio de 200 metros alrededor de cada punto de detección, el SAG ejecuta la descarga de árboles, la recolección y la destrucción de fruta hospedante. El objetivo es eliminar los estados inmaduros del insecto e interrumpir su ciclo biológico.
Temperaturas pueden acelerar el ciclo
Las precipitaciones y la humedad no permiten por sí solas anticipar una mayor presencia de la plaga. Los huevos y las larvas se desarrollan dentro de la fruta, donde encuentran condiciones más estables que en el ambiente exterior.
Las bajas temperaturas tienden a ralentizar el ciclo biológico, mientras que un aumento posterior puede acelerarlo. El riesgo dependerá de la interacción entre las condiciones térmicas, la presencia efectiva del insecto y la cantidad y estado de la fruta disponible. El SAG advirtió que el principal riesgo es que quede fruta infestada en los predios después del temporal “y que, con el aumento progresivo de las temperaturas, las larvas completen su desarrollo y den origen a nuevos adultos capaces de reproducirse y dispersarse”, sostuvo el SAG.
Por esta razón, las acciones inmediatas se concentran en recuperar la revisión de trampas, el muestreo, la descarga de árboles y la destrucción de fruta, además de las tareas incluidas en los planes de acciones correctivas.
Restricciones para productores
Los productores y residentes ubicados dentro de áreas reguladas deben evitar la movilización de fruta hospedante sin autorización del servicio. La medida busca impedir que la plaga se desplace hacia sectores libres.
Dentro de los radios de control, la fruta caída, dañada o retirada de los árboles debe ser recolectada y destruida conforme a las instrucciones técnicas. Dependiendo del plan operacional, el procedimiento puede incluir su disposición en zanjas.
La fruta tampoco puede comercializarse ni salir del área regulada, salvo que exista una autorización y, cuando corresponda, haya sido sometida a un tratamiento cuarentenario aprobado.
“Una medida preventiva fundamental es que las personas respeten las restricciones de movimiento de fruta desde las áreas reguladas. La movilización no autorizada constituye uno de los principales riesgos de dispersión de la mosca de la fruta hacia sectores libres de la plaga”, afirmó el SAG.
El organismo continuará coordinándose con los productores para completar las medidas pendientes, retirar posibles reservorios y evitar la aparición de nuevos ejemplares adultos.