El mapa agroexportador chileno está atravesando una reconversión transversal y de márgenes sumamente atractivos. A medida que algunos frutales tradicionales enfrentan ajustes de rentabilidad y una mayor competencia internacional (dejando atrás los históricos "súper ciclos" de especies como la cereza), los campos de la zona centro y sur del país están volcando su atención hacia un cultivo que promete estabilidad a largo plazo: el avellano europeo.
Para Jorge Mohr, director de Nefuen —empresa que participa activamente en la producción, genética y procesamiento de este fruto—, el crecimiento se explica porque Chile logró validar un modelo agronómico de alta eficiencia. "Se lograron construir huertos a escala, huertos mecanizables, con buenas producciones por hectárea", detalla el ejecutivo.
Mientras en el hemisferio norte gran parte de las plantaciones (a excepción de Estados Unidos) corresponden a huertos con más de tres generaciones de antigüedad, sin tecnología ni riego, la combinación del clima chileno y el manejo agronómico permite producir a un de entre US$ 1,2 y US$ 1,5 por kilo, frente a un retorno de US$ 3.
Hoy, el mercado atraviesa una coyuntura excepcional de precios altos con pagos entre US$ 5,50 y US$ 6 por kilo debido a una fuerte helada que afectó a Turquía, el principal productor mundial. Sin embargo, la industria sabe que, incluso cuando los valores se ajusten a la baja, la competitividad en costos sostendrá la rentabilidad del negocio.
Jorge Mhor, director de Nefuen.
Hasta 30% de la oferta mundial
Mientras los últimos datos de la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (Odepa) sitúan la superficie plantada nacional en 49.263 hectáreas, los actores de la industria advierten que el volumen real es sustancialmente mayor. Según revela Mohr a DF Regiones, basándose en los registros internos de venta genética de los principales viveros del país, la barrera ya se rompió: "El dato que manejamos a nivel de vivero es que este año se están pasando las 70 mil hectáreas plantadas". Esta brecha demuestra un mercado que crece a una velocidad que supera la capacidad de medición estatal.
Con este volumen, las proyecciones de la industria son ambiciosas. De mantenerse la tendencia actual de plantación, Chile plantará entre 85 mil y 90 mil hectáreas, sin descartar llegar a las 100 mil. Al proyectar los huertos adultos hacia 2032, el país superará las 200 mil toneladas y podría alcanzar las 300 mil toneladas de fruta con calidad de exportación. Este volumen representaría entre 25% y 30% de la oferta mundial.
"El negocio de las avellanas, que hoy día, en Chile, con la coyuntura de precio (...) es un negocio que está facturando US$ 600 millones (...) va a llegar a US$ 1.200 millones de facturación", proyecta Mohr sobre la próxima década. Esto convertiría a la especie en el fruto seco más importante del país, desplazando a las nueces.
Acelerar la industrialización
A medida que los huertos a lo largo de Chile entran en etapa adulta, el mercado enfrenta un nuevo cuello de botella: las plantaciones han crecido más rápido que la capacidad de procesamiento industrial. Para asegurar la calidad y competitividad en los mercados de destino, el sector está en la obligación de acelerar sus inversiones en infraestructura de valor agregado.
Un reflejo de esta inyección de capital en las regiones es la reciente inauguración en Osorno de una planta de procesamiento impulsada por Grupo Hijuelas y Nefuen. Con una inversión que supera los US$ 10 millones al integrar etapas de limpieza, secado, sorting (selección), descascarado y empaque, el objetivo es netamente ganar escala. "Llegamos a un minuto de tener la suficiente cantidad de relaciones con compradores afuera (...) que necesitábamos ser competitivos en el costo de embalaje", explica Mohr, detallando que pasaron de procesar 2 mil a 10 mil toneladas al año.
El mapa de la eficiencia y las proyecciones
La expansión territorial de este mercado responde principalmente a las condiciones geográficas y a la necesidad de acumular suficientes horas de frío para asegurar una producción estable. En este contexto, la zona centro-sur del país, particularmente la Región del Biobío, aparece como una de las alternativas más competitivas en términos de costos de largo plazo, ya que combina una adecuada acumulación de frío con condiciones de cosecha más secas, lo que reduce significativamente los gastos asociados al proceso de secado.
Por su parte, la zona sur (como es el caso de la Región de Los Lagos), se presenta como una oportunidad relevante ante la escasez de otras alternativas agrícolas rentables. Si bien las mayores precipitaciones elevan los costos de secado, la abundante acumulación de horas de frío permite mantener volúmenes de producción estables y consistentes entre temporadas, otorgando mayor certeza a los productores.

Los clientes y el salto hacia el snack
A nivel comercial, Europa es el destino indiscutido, recibiendo 75% del volumen global. Hoy, entre 80% y 85% de la avellana del mundo se destina como ingrediente para la industria chocolatera, pastelera y galletera. En el caso chileno, la estadística dura de importación sitúa a Italia como el mercado principal, seguido de Alemania, Polonia y Brasil.
Las exportadoras chilenas ya se sientan en la mesa de los grandes actores europeos. Nefuen, por ejemplo, abastece directamente a gigantes como Storck, en Alemania (para sus líneas de chocolate), y a la firma austriaca Manner. Además, su fruta ya está llegando a las góndolas de grandes cadenas de supermercados, como Tesco, en Reino Unido y Mercadona, en España.
Sin embargo, el próximo gran salto del mercado nacional está en el consumo directo. La avellana posee 60% de aceite en su estructura, el cual tiende a rancearse. Al ser Chile el único país que produce avellana fresca en contraestación, su oferta corre con una ventaja enorme para conquistar el mercado de snacks.
Para abrir este nicho, la industria ya ha comenzado a pavimentar caminos hacia mercados no tradicionales, logrando aperturas en Australia, Vietnam y Reino Unido. Según advierte Mohr, contar con la alternativa del snack brindará la estabilidad definitiva al productor: si la demanda chocolatera se contrae, el mercado del consumo en fresco mantendrá a la avellana chilena blindada y competitiva a largo plazo.